Editorial

Un caballo de Troya en Europa

Alemania apuesta por resucitar incluso una acción de oro europea, que permita a Bruselas ejercer un control del que ahora carece.

 El primer ministro chino, Li Keqiang.
El primer ministro chino, Li Keqiang. Efe

Europa ha comenzado a endurecer el control de las inversiones chinas tras una avalancha de capital en sectores estratégicos para la economía comunitaria, como es el caso de la energía, la logística o la tecnología. La apisonadora inversora de Pekín marcó un récord histórico en 2015 con un total de 31.000 millones de dólares (28.000 millones de euros). Ello supuso, en los ejercicios más marcados por la crisis, una dosis de oxígeno muy necesaria para las economías europeoas. Pero el abundante capital de Pekín ha traído consigo unos efectos secundarios que han comenzado a despertar recelos. Entre ellos, el creciente control sobre empresas europeas, el trasvase de tecnología y la entrada en sectores sensibles, por ejemplo, en materia de seguridad. Pese a que Bruselas, de momento, se limita a revisar el impacto de esas inversiones sobre la competencia, algunos Gobiernos europeos han comenzado a estudiar fórmulas para filtrar y limitar la toma de posiciones chinas en sus economías. Alemania acaba de frenar dos importantes operaciones de inversión –la venta del fabricante de microchips Aixtron por 670 millones de euros y la división de bombillas de Osram por 400 millones– para asegurarse de las consecuencias de un posible trasvase de tecnología hacia Pekín. También París se ha puesto en alerta por la participación cada vez mayor de China en una compañía hotelera como Accor, que no forma parte de un sector sensible, pero que preocupa igualmente al Elíseo. Londres ya ha adelantado su intención de reservarse el derecho de revisar y vetar cualquier inversión o fusión empresarial transfronteriza que pueda amenzar intereses estratégicos o la propia seguridad del país. También Berlín estudia la adopción de un derecho de veto defensivo frente al gigante asiático.

Todas esas iniciativas son una recuperación de las acciones de oro que en los años 80 y 90 permitieron a los Ejecutivos europeos mantener el control sobre las compañías privatizadas y poder evitar así que cayeran en manos incómodas o fueran desmanteladas por algún comprador. Bruselas impuso la retirada de esos blindajes a principios de 2000 bajo el argumento de que vulneraba el mercado único y la libre competencia.

Pero en este nuevo interés de las economías europeas por frenar la invasión de capital chino, Alemania apuesta por resucitar incluso una acción de oro europea, que permita a Bruselas ejercer un control del que ahora carece. Dado que una economía de mercado como la estadounidense somete a un examen especial las inversiones extranjeras en sectores claves, no parece descabellado exigir a la UE que antes de abrir de par en par las puertas al capital foráneo, se asegure de que no deja entrar en la vieja Europa otro caballo de Troya.

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