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El emprendedor de éxito ya no hace caso a Steve Jobs
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El emprendedor de éxito ya no hace caso a Steve Jobs

La teoría del fundador de Apple dice que hay que perseguir los sueños. Eso ya no lo es todo

Tenéis que encontrar lo que amáis. Y eso es tan válido para el trabajo como para el amor. El trabajo llenará gran parte de vuestras vidas, y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creéis que es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que se hace. Si todavía no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os detengáis. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón”. En 2005, el entonces consejero delegado de Apple, Steve Jobs, dio un emotivo discurso en la Universidad de Stanford, que se hizo viral a su muerte, en 2011. Unas palabras que han servido de inspiración para muchos jóvenes emprededores.

La lección, perseguir los sueños, buscar aquello que realmente sea una pasión, también en el trabajo. Un mensaje que, unido a las elevadas cifras de desempleo en España, sirvió de base para fomentar la cultura emprendedora nacional, y que las Administraciones públicas hicieron propio para animar a los jóvenes a poner en marcha sus ambiciones. “España tiene todo para convertirse en un gran cosmos de innovación. Custodiad vuestros sueños como lo que son, el mayor de los tesoros”, arengaba el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hace un año, a un grupo de emprendedores.

Una gran idea nacida de la pasión de quien la pone en práctica ha sido la receta que, repetidamente, se ha descrito como clave para emprender con garantías de éxito. Sin embargo, los matices a este respecto son numerosos. “Se ha transmitido que con una idea buena e ilusión puedes llegar a ser Mark Zuckerberg, y no es así. Y además, eso crea frustración si no sale bien”, opina el inversor, fundador de Cabiedes & Partners y colaborador del IESE Luis Martín Cabiedes, quien ha aportado capital a 82 startups. En su papel de inversor, cree “irrelevante” que el negocio que se le presente sea nacido o no de la pasión de quien lo ha creado. Tampoco es un factor negativo, aclara, pero argumenta: “Muchos emprendedores van al mercado basándose en sus propios gustos. Eso es peligroso. Tú no puedes idear un negocio desde la visión del cliente, sino desde la del proveedor o fabricante”.

“No todo el mundo puede emprender”

“Cualquier persona puede hacerse emprendedora”, reza la web del Servicio Público de Empleo. Una afirmación que no despierta adeptos entre los expertos consultados. “En los últimos años se han extendido dos discursos: que todo el mundo puede emprender, y que además, hacerlo es la panacea para la economía. Pero no es un camino fácil, es muy arriesgado”, analiza Emilio Capela, fundador de Lord Wilmore, empresa que este año multiplica su facturación por cuatro y que espera superar el millón de euros el próximo año. “La actitud emprendedora, de querer mejorar las cosas y buscarte la vida, es sana. Pero cuando se habla de poner en marcha un negocio propio por tu cuenta, dejándolo todo, hay que tener cierta responsabilidad, porque no todo el mundo está en igualdad de oportunidades para emprender”, señala, por su parte, José del Barrio, consejero delegado de Samaipata Ventures, quien ve grandes oportunidades entre los jóvenes españoles: “Están mucho más preparados, son ambiciosos y tienen una visión más internacional. Hay proyectos de altísimo potencial”. El inversor Luis Martín Cabiedes apunta: “Es peligroso decirle a los chavales que emprendan y persigan sus sueños, porque el 80% de los emprendimientos fracasan”.

Martín Cabiedes parte del hecho de que la idea, entendida como esa ocurrencia nacida de la pasión del emprendedor, es un elemento secundario para el éxito o el fracaso de un negocio. “El 90% de las innovaciones no son ideas originales, son adaptadas”, apunta, en este sentido París de l’Etraz, director del Venture Lab de IE Business School. Por ello, no se trata tanto de aferrarse y amar una idea, como disfrutar y apasionarse del proyecto, que puede acabar resultando en un concepto que nada tiene que ver con el concepto inicial del emprendedor. “De nada sirve tener una gran idea sin una buena ejecución. Pero si se ejecuta bien, con un buen equipo, aunque la idea no sea brillante, sí que puede llevar a algo que tenga recorrido”, explica José del Barrio, consejero delegado del fondo de capital riesgo Samaipata Ventures, y fundador de La Nevera Roja, empresa que vendió por 80 millones de euros a Rocket Internet en 2015. Del Barrio, ahora desde su papel de inversor, sí valora el hecho de que el emprendedor esté enamorado de su proyecto: “Para mí, tienen un plus frente a los que tienen una motivación más material”. Luis Martín Cabiedes apunta que “todos los emprendedores están enamorados de su trabajo, pero no todos de su producto. Eso es lo que yo les pido. Y tener una resistencia y una ilusión más allá de lo normal. Pero no por la idea, sino por la empresa, el equipo... Por todo el proyecto”. Aunque insiste: “No es negativo, pero para mí, es irrelevante que la idea te apasione”.

José del Barrio distingue entre dos tipos de emprendedores: los mission based, los apasionados por la idea y por poner solución a un problema; y los que identifican una oportunidad de negocio para explotar. Al recordar el momento de crear La Nevera Roja, Del Barrio reconoce haber estado a medio camino entre ambas. “Siempre quise montar algo por mi cuenta. Vi que la comida a domicilio online funcionaba bien, y como usuario, identifiqué un problema en los repartos. Pero siempre me atrajo esa actitud de crear algo que no existe”.

  • Toma de decisiones

El fundador de Lord Wilmore, startup que diseña y comercializa gafas graduadas por internet, Emilio Capela, también creó la empresa desde la identificación de un problema, los altos precios de las ópticas. Pero se desmarca del perfil mission based: “La pasión no es la clave del éxito. Lo que te tiene que apasionar es crear la empresa, que crezca... Y tener ventajas competitivas, actuar en un mercado grande, tener estrategias de marketing de escala... En definitiva, ejecutar bien y aportar valor añadido”.

Cree además que el hecho de estar muy apegado a la idea puede alterar la gestión del negocio: “Las decisiones empresariales tienen que ser empresariales. Ver las cosas con distancia ayuda a decidir lo correcto”. Por su parte, Luis Martín Cabiedes comparte la idea, pero solo en un momento: el de dejar la empresa. “A veces, lo más inteligente es abandonar a tiempo, y la ilusión del instante puede volverse en contra. Tomar distancia del producto puede ser bueno”. También José del Barrio, de Samaipata Ventures, reconoce que le afectó vender La Nevera Roja. Está de acuerdo en que “trabajar con pasión puede restar frialdad y distancia”, pero añade: “El entusiasmo y esa falta de objetividad, puestas en la balanza, salen a cuenta”.

Pero al final, el mercado es el que decide. Del Barrio recomienda que, “si te ronda una idea, ponte a prueba. Inténtalo durante un tiempo, no hace falta que dejes tu trabajo, así minimizas los riesgos. Pero ten claro que, hasta que no te lances al 100%, los avances serán lentos”. Martín Cabiedes concluye: “Ejecuta pronto. Fabrica un primer producto provisional y busca si hay mercado. Él será el que dé el veredicto”.

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