Relaciones laborales
Ojo con enamorarse en el trabajo

Ojo con enamorarse en el trabajo

En algunos sectores, como el auditor o el financiero, las relaciones sentimentales dentro de la empresa pueden acarrear despidos

Enamorarse de alguien en la empresa puede acarrear duras consecuencias. Incluido el despido. Paradigmático es el último caso en el seno de la filial estadounidense de la auditora Ernst & Young (EY), multada con 9 millones de dólares (8,9 millones de euros) por las relaciones sentimentales entre dos miembros de sus equipos y directivos de las empresas clientes.

Ambos profesionales han perdido su trabajo, ya que como explica la firma en un comunicado, “con esas relaciones comprometieron su independencia”. Y esta es, explica la profesora de contabilidad y finanzas de Deusto Business School, Estíbaliz Goicoechea, la piedra angular de un auditor. “Es la mayor seña de identidad del sector auditor, ya que debe garantizar la neutralidad ante cualquier proceso”, prosigue la docente, que extrapola esta situación a otros sectores que también deben contar con convenios internos de comportamiento y cláusulas que regulen tan espinoso tema. “Por ejemplo el sector jurídico, para que ninguno de sus profesionales favorezca a otro, o el público, en el supuesto de que tengan que concederse licencias de construcción”, argumenta.

Sin embargo, en otro tipo de organizaciones, en las que la independencia del profesional no condiciona su labor, este es un tema que debe tratarse de puertas hacia dentro. “Los auditores, por ejemplo, deben firmar anualmente una declaración para testificar que no tienen ningún tipo de relación, ni familiar ni sentimental, ya no solo con sus clientes, sino con los de toda la compañía”, apunta Goicoechea. Y aunque en el caso de estos profesionales, esta declaración viene dada por ley, otras organizaciones pueden adoptar, por iniciativa propia, medidas similares.

Un caso bastante habitual es el que atañe al sector financiero, tal y como explica Patricia Gabeiras, socia directora del bufete Gabeiras & Asociados, especializado, entre otros en Derecho de los Negocios. “En este mundo hay una prohibición absoluta sobre toda información sensible. Por eso, quienes filtran o se aprovechan de tener acceso a ciertos datos, pueden ser sancionados”, comenta.

Pero fuera de estos casos excepcionales, en los que el acceso a la información vital o la independencia del profesional marcan el devenir de un proceso, estas situaciones no suelen tener mayor relevancia. “Tampoco suelen promoverse ni fomentarse, eso sí. Únicamente hay pautas de actuación o modelos de prevención para saber qué hacer si se da el caso”, señala Gabeiras. Algunos de ellos pueden ser obligar a los implicados a comunicar cualquier tipo de relación que se establezca, mantener conversaciones con los superiores para analizar los riesgos o fijar patrones de conducta para alejar toda posibilidad de conflicto. El despido, eso sí, “no tiene ningún tipo de respaldo legal si no se pone en riesgo la independencia del profesional o la confidencialidad de la información privada”, recuerda Gabeiras.

En el caso de que inevitablemente surja un vínculo sentimental en la empresa, “ya que muchas veces pasamos más tiempo con la gente del trabajo que con los propios amigos”, recuerda Alfredo Fernández, profesor en la Escuela de Organización Industrial (EOI), una de las mejores medidas es “no introducir la relación en la oficina, manteniendo una actitud profesional en el trabajo, especialmente en todo lo que pueda afectar a la pareja”, explica. Además, recuerda, es vital que esta relación no choque con el código ético de la organización. Por último, y en el caso de que el idilio no llegue a buen puerto, debe gestionarse con madurez una posible ruptura, “tratando de que no interfiera en el trabajo”, sentencia Fernández.

El tabú del amor en las compañías

El amor está presente en todos los ámbitos de la vida, entre amigos, familiares o situaciones, ¿por qué las teorías tradicionales sobre la empresa no dejan espacio para el amor? Esta es una de las preguntas que se formuló el profesor del IESE Business School, Antonio Argandoña , en su estudio El amor en la empresa, y en el que sostiene que una organización de éxito, sólida y duradera necesita que en ella, y alrededor de ella, se ejercite y practique el amor.
Es la única forma de que la compañía sea una comunidad humana capaz de conseguir resultados externos y rentabilidad y resultados internos, como la satisfacción y el aprendizaje. La concepción de la empresa, a menudo fría y distante, es una de las razones, a su juicio, por las que en la organización suele omitirse esta realidad.

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