Editorial

Movimiento en los centros comerciales

Pista de esquí de Madrid Xanadú.
Pista de esquí de Madrid Xanadú.

La operación de venta del macrocentro comercial Madrid Xanadú, de Arroyomolinos, Madrid, por parte de la firma canadiense Ivanhoé Cambridge se ha puesto en marcha con la expectativa de alcanzar un precio superior a los 500 millones de euros, lo que supondría un récord para este mercado. Se trata de uno de los cinco grandes complejos comerciales de España, por lo que la transacción ha despertado una expectación lógica por parte de un sector que está viviendo una recuperación lenta pero con signos de solidez.

Madrid Xanadú, que fue inaugurado en 2003 y contó con la innovación de ofrecer una pista artificial de esquí, cuenta con una superficie bruta alquilable de ocio de 152.000 metros cuadrados y fue adquirida por Ivanhoé Cambridge por 700 millones de euros en 2007. La operación incluyó, además, otros dos complejos comerciales en Reino Unido y Canadá. Para esta nueva venta, que prevé cerrarse a principios del año que viene, la firma canadiense buscará previsiblemente un socio con presencia en España que ayude a canalizar la transacción. Así ha ocurrido, por ejemplo, con el centro comercial Diagonal Mar de Barcelona, vendido este verano por 500 millones de euros a Deutsche Bank por la firma especializada Eastdil Secured.

Más allá de los detalles de la operación, a los que resta un amplio plazo de definición, las ventas de grandes centros comerciales constituyen una importante señal no solo de la recuperación del sector inmobiliario, sino también de la de la propia economía española. A las dos anteriores, se suman operaciones recientes, como la compra de los grandes centros Megapark Barakaldo, realizada por la socimi Lar España, y la de Puerto Venecia, en Zaragoza, por el fondo de pensiones CPPIB.

La recuperación del mercado de locales comerciales y oficinas tiene mucho que ver con la creciente actividad de dos tipos de vehículos de inversión. Por un lado, las socimi, que han impulsado poderosamente la actividad en un mercado que vivió con especial crudeza los efectos de la burbuja y de la crisis posterior al estallido de esta. Las cuatro mayores sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria han logrado duplicar en el último año el valor de las propiedades que controlan, cuya factura supera ya los 9.000 millones de euros. También los fondos internacionales han puesto la mirada en España para invertir en este ámbito. Tras dejar atrás los peores momentos de la crisis de deuda, cuando la confianza en la economía española estaba bajo mínimos, los inversores internacionales han encontrado oportunidades en un mercado todavía anémico y que ofrece precios sustancialmente más racionales y adecuados al mercado que los de los años de la burbuja del ladrillo.

 

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