Mercado de deuda

¿Qué sorpresas deparará el otoño al inversor en renta fija?

¿Qué sorpresas deparará el otoño al inversor en renta fija?

La inversión en renta fija atraviesa momentos difíciles, con un ingente volumen de activos con rentabilidad negativa y en un momento de divergencia en las políticas de los bancos centrales. Mientras la Reserva Federal estadounidense ya piensa en una nueva subida de tipos, el BCE intensifica sus estímulos e incluso se prevé que puede ampliar la duración de su programa de compras de deuda. 

En este contexto, ¿hay margen para seguir ganando dinero en la deuda pública? Los bancos centrales se han lanzado a comprar deuda soberana en el mercado con una intensidad sin precedentes. Ha sido la fórmula con la que abaratar costes de financiación y contribuir a la recuperación tras la gran depresión pero estas políticas dejan el legado de un volumen ingente de activos con rentabilidad negativa –y precios elevados que para muchos son síntoma claro de burbuja–, una fuerte dependencia de los mercados de esas compras y la duda de su efectividad en economías como la japonesa o la europea, que no terminan de remontar pese a los estímulos.

Aun así, estas compras de deuda soberana dejan una ganancia incontestable para los inversores, más allá de los indicadores de déficit o desempleo de los países emisores, que quedan en un segundo plano. “El mercado está completamente intervenido por el BCE”, señala Gonzalo Ramírez, director de renta fija de Tressis, que ya ha renunciado a incluir la deuda soberana de la periferia europea en su cartera. Eso incluso a pesar de que en los últimos meses sigue dejando ganancias, sin que se agote el rally de rentabilidad. Así, en una economía como la española con un nivel de deuda sobre PIB que supera el 100% y un desempleo del 20%, el rendimiento del bono a diez años es inferior al 1%, del 0,94% y desciende desde el 1,77% de principios de año. Así, quien comprara la referencia de este bono acumula una ganancia en lo que va de año del 9%. Otro tanto sucede con la deuda italiana, con el rendimiento de su bono a diez años cayendo del 1,596% de enero al 1,139% actual.

La deuda europea bien puede tentar a los inversores, en un intento de apurar un extra de rendimiento al calor de las compras del BCE, aunque las oportunidades ya empiezan a escasear. Los gestores ya no ven potencial de ganancia en la deuda alemana, con rentabilidad negativa en todos los plazos inferiores a los 10 años, y la deuda de la periferia presenta riesgos políticos que hay que considerar. Para Alicia Arriero, gestora de Andbank, “cada vez se agota más el potencial en la deuda española e italiana, ahora ya hay más riesgo de perder que de ganar puesto que cualquier evento más o menos inesperado puede generar pérdidas”. Así, sobre la deuda española pesa la cuestión de la investidura y si bien no ha acusado los largos meses de falta de ejecutivo, la convocatoria de terceras elecciones es un riesgo añadido. En Italia, Matteo Renzi se juega la estabilidad de su gobierno en el referéndum sobre la reforma constitucional del Senado que se celebrará previsiblemente en noviembre. En Portugal, el rendimiento del bono a diez años es superior, del 3,017%, pero pesa la posibilidad de que la agencia de rating DRBS, la única que aún mantiene al país en grado de inversión, decida un recorte a bono basura que dificultaría la financiación en el BCE.

¿Qué nuevas oportunidades traerán los bancos centrales para la deuda?

Los bancos centrales son sin duda el gran sostén de la rentabilidad que cosecha la renta fija de la zona euro, cuyo precio no ha parado de subir desde que se intuyera el plan del BCE de compras de deuda, que comenzó en marzo del año pasado. Desde entonces, y a sabiendas de que hay un comprador fijo, las rentabilidades no han parado de caer hasta niveles impensables y, según advierten numerosos analistas, insostenibles. Pero la maquinaria compradora del BCE va a seguir ahí, garantizando que aunque se adquiera un bono con rentabilidad negativa, hay una institución dispuesta a mantener viva el alza de precios. Las compras del BCE, que en principio tienen su punto final en marzo de 2017, podrían extenderse más allá de lo previsto. Esa es la previsión de Bank of America Merrill Lynch de cara a la reunión del próximo 8 de septiembre.

El BCE ya extendió su plan de compras de deuda por 80.000 millones de euros al mes, que en su diseño inicial concluía en septiembre de este año, a marzo de 2017. Pero el entorno de precios sigue sin despegar, con una inflación en la zona euro del 0,2% en el mes de julio, solo una décima por encima del mes anterior. De hecho, los futuros sobre tipos de interés en la zona euro incluso dan una probabilidad de rebaja de los tipos de referencia por debajo del cero, al -0,1%, del 37,1% en la reunión de diciembre de este año.

“El BCE no desea avivar las expectativas del mercado sobre estímulos adicionales, especialmente si las opciones disponibles generan controversia en el Consejo de Gobierno”, apuntan en Bank of America, donde tampoco prevén un recorte adicional de la facilidad de depósito, ahora en el -0,4%. Así, el BCE tendría difícil ampliar las compras de deuda en la periferia europea, con mayores volúmenes de rentabilidad en positivo, ante la negativa del Bundesbank. La opción que apuntan los expertos es ampliar el porcentaje que puede adquirir de una emisión que no esté protegida por claúsulas de acción colectiva.

Otro estímulo para el mercado llegará con el inicio de las compras de deuda privada por parte del Banco de Inglaterra, por 10.000 millones de libras al mes y que comenzarán a mediados de septiembre.

¿Qué opciones de inversión en deuda son más atractivas?

 La caída en picado de la rentabilidad de la deuda soberana de la zona euro, alentada por las compras masivas del BCE, ha inundado el mercado de bonos con rentabilidad negativa. Ante este panorama, y aunque las compras del BCE aún garanticen ganancias adicionales, los gestores prefieren buscar alternativas. Los principales destinos son la deuda corporativa, en especial de EE UU, y la renta fija emergente. “La deuda privada estadounidense es más rentable, apostando por un alza de tipos”, explica Gonzalo Ramírez, director de renta fija de Tressis.

Su recomendación son bonos privados con rating de grado de inversión y cupón flotante, vinculado a la curva de tipos de interés de EE_UU. Ante la subida que se espera, bien en diciembre o principios de 2017, el inversor europeo cobra el cupón y se beneficia además del efecto positivo del tipo de cambio, dada la apreciación del billete verde que traerá el alza de tipos. “Compensa incluso si se contrata un seguro de tipo de cambio”, añade. Los bonos corporativos de interés flotante son más asequibles además para el inversor particular en Estados Unidos que en Europa, donde el nominal mínimo puede rondar los 100.000 ó 50.000 euros. En Auriga pueden contratarse bonos de este tipo de Apple, Bank of America, General Electric o Goldman Sachs. “Los bonos soberanos estadounidenses también son interesantes”, explican en Auriga, ya que el cobro del cupón y el efecto del tipo de cambio compensaría la caída de precios del bono por un alza de tipos.

Desde Natixis aconsejan la renta fija emergente a través del fondo Loomis Emerging Short Term. “La renta fija emergente corporativa en dólares, de calidad crediticia media de grado de inversión y plazo inferior a tres años permite unas rentabilidades superiores al 3% con volatilidad controlada”, señalan.

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