Crisis del grupo de ingeniería

Así son los ‘hedge funds’ que tomarán el control de Abengoa

Houlihan Lokey ha encontrado nuevos inversores dispuestos a firmar

Al fondo, una de las torres de una planta solar de Abengoa.
Al fondo, una de las torres de una planta solar de Abengoa.

¿Quién controlará Abengoa? Hasta ahora, las entidades financieras, capitaneadas por Santander –el gran sustento del grupo desde el primer minuto tras estallar la crisis–, han conseguido doblegar a los Benjumea. Felipe, presidente desde 1991 del hasta hace unos meses gran grupo español de ingeniería y energías renovables, dejó el cargo en septiembre del año pasado.

Hace cinco meses, en marzo, los acreedores, también los fondos capitaneados por Houlihan Lokey, le arrinconaron al romper el contrato de asesoramiento que aún mantenía con la compañía. Antonio Fornieles, con toda su trayectoria profesional vinculada a KPMG, el interlocutor de los bancos, tomó las riendas.

El día 16 de marzo, con toda la pompa que se merecía el acontecimiento, Abengoa realizó una presentación detallada –los números incluían decimales– del preacuerdo de refinanciación firmado seis días antes. Los bancos que habían liderado todo el proceso –junto al que preside Ana Botín permanecen CaixaBank, Bankia, Popular y Crédit Agricole, tras la marcha, supuestamente momentánea, de HSBC y la salida definitiva de Sabadell– y gestoras de la importancia de BlackRock, la mayor del planeta con unos 4,5 billones de euros de patrimonio, quedaron retratados.

Houlihan Lokey había convencido también a otros nombres respetados en el mundo financiero, como Attestor, Centerbridge, Delta A. M., D.E. Shaw, Elliott, Eton Park, Invesco, KKR, Oak Hill y Värde. Pero los días pasaban, después las semanas y finalmente, los meses.

ABENGOA 0,02 0,00%
ABENGOA B 0,01 2,22%

75%

es el porcentaje de los acreedores financieros que debe dar el visto bueno al plan de refinanciación para que este tenga validez.

55%

era el porcentaje de las acciones de Abengoa que tendrían quienes aportaran el dinero nuevo, según el primer acuerdo. Este porcentaje variará, pero solo ligeramente según la última hoja de ruta que se publicará ya.

La compañía se iba asfixiando. Sobrevivía con la respiración asistida que le inyectaron, a regañadientes y con las mejoras garantías (las de Abengoa Yield, rebautizada como Atlantica), primero los bancos y después los fondos. Estos últimos fueron los primeros en cansarse de una situación en la que los problemas crecían;entre ellos, el de los honorarios de los intermediarios.

Una parte de las gestoras decidió olvidarse de una vez y para siempre de Abengoa. Habían comprado la deuda en los peores momentos de la crisis, a precios incluso inferiores al 10% del nominal. Los tambores del preacuerdo llevaron la cotización de estos títulos hasta el 17%. Muchos fondos tuvieron la oportunidad de vender con cuantiosas plusvalías y la aprovecharon. Por ejemplo, si compraron los bonos al 10% y pudieron deshacerse de ellos al 15% amasaron unos beneficios del 50%. En otros casos, no había ganancias, pero les daba igual. Era mejor salir y buscar otros negocios más interesantes. Así lo hicieron, y muestra de ellos es el plantel definitivo de socios con el que cuenta Abengoa y que controlarán alrededor del 50% del capital.

De los primeros rescatadores solo quedan D. E. Shaw (con 34.000 millones de euros bajo gestión y con un perfil que se aleja, en principio, de un fondo especulativo), Elliott (unos 21.000 millones) y Värde (9.000). Y han entrado nuevos fondos que no son ningunos samaritanos y que, al menos en un principio, no eran acreedores de Abengoa. Desde luego, no son ONG –para empezar, cobrarán alrededor de un 14% anual por la liquidez–, pero tampoco se dedican a destruir valor. Houlihan los ha traído para salvar la empresa.

Aquí aparece Abrams Capital, un fondo fundado en 1999 por David Abrams, que ha conseguido una rentabilidad anualizada del 20% desde su creación y que tiene un patrimonio de unos 7.000 millones de euros, según un artículo publicado por Wall Street Journal en 2014. El fondo se define a sí mismo como un inversor centrado en el largo plazo.

The Baupost Group es otro de los nuevos implicados en el rescate, fundado en 1982 por el profesor de Harvard William Poorvu y con una cartera de acciones estadounidenses valoradas en 6.300 millones de euros. Su patrimonio total supera con holgura los 27.000 millones de euros.

El tercer nuevo invitado es Canyon Partners, con 20.000 millones de euros de patrimonio y especializado en invertir en compañías en apuros. Oaktree, que se ha sumado a la operación en el último momento, es un viejo conocido en España. El fondo labró su reputación en el país con la compra en 2013 de Panrico, firma a la que aplicó un fuerte tijeretazo en costes y que ha vendido con plusvalías a Bimbo.

De 1.800 a 600 millones de euros en cinco meses

La bomba acabó de estallar hace ahora un año. Abengoa, tras haberlo negado reiteradamente, anunció una ampliación de capital el 3 de agosto de 2015 por 650 millones de euros. Fue el principio de una larga travesía en el desierto que está a punto de terminar; al menos, su primera parte.

Una vez que se anuncie el preacuerdo con los nuevos salvadores, coordinados de nuevo en Houlihan Lokey, habrá una nueva puesta de largo. Las cifras han menguado considerablemente con el paso del tiempo y el riesgo que asume cada fondo también ha descendido. En el papel enviado a la CNMV el 10 de marzo se ponía negro sobre blanco que las necesidades de dinero nuevo iban de 1.500 a 1.800 millones, si bien fuentes conocedoras de la negociación acotaban las necesidades de liquidez realmente nueva a 1.200 millones.

Esta última cifra se mantiene más o menos en la hoja de ruta definitiva, pero en ella se incluyen los más de 500 millones de euros inyectados desde septiembre del año pasado por los bancos y los hedge funds.

El dinero totalmente nuevo rondará los 600 millones de euros y los avales necesarios pasarán de 800 a unos 250 millones de euros. Estas garantías correrán a cargo, principalmente, de los bancos y el Ejecutivo también apoyará a través de la agencia pública Cesce y, posiblemente, del ICO. Esta decisión deberá ser ratificada, eso sí, por la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos. La pérdida de proyectos, como el abastecimiento de agua de la ciudad de San Antonio (EE UU), y las ventas del 3% en Yoigo, la de su filial Abentel a Ericcson y la planta solar de Ashalim en Israel, entre otras, son las claves de la caída de las necesidades de financiación del grupo de ingeniería.

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