X
Privacidad y Cookies

Utilizamos Cookies propias y de terceros para ofrecer un mejor servicio y experiencia de usuario.

¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?

Tribuna »

Unos test de pre-estrés

Vista de la fachada del Banco de España.

Los detalles de las pruebas de esfuerzo que la Autoridad Bancaria Europea (EBA) realiza a la banca son, en ocasiones, jugosos y permiten algunas reflexiones, pero casi siempre adolecen de falta de actualidad. Un defecto que, en esta última ocasión, es aún más acusado. Las pruebas se realizan con datos bancarios de 31 de diciembre de 2015. Es cierto que parece difícil que todos los requerimientos informativos que se exigen puedan aportarse con una actualidad absoluta, pero los resultados bancarios de hace siete meses solo sirven como un ejercicio forense para explicar de dónde se viene y cómo se intuye que está el patio. Es una suerte de preestreno, donde se quiere testar cómo reacciona el mercado cuando se saca a relucir la calidad de los balances. Un test de pre-estrés porque durante 2016 están pasando muchas cosas que han afectado al valor de mercado de los bancos.

Desde la propia ABE se ha reconocido que Europa va un poco rezagada en estos ejercicios de transparencia y control bancarios respecto a Estados Unidos. Huelga recordar los problemas de cohesión institucional que hacen que cualquier iniciativa para reforzar la red de seguridad financiera europea se vea plagada de problemas. La unión bancaria, como principal iniciativa, es un ejemplo. Se trata de una unión cuya simple concepción y puesta en marcha son extraordinarias noticias pero que, para ser efectiva, necesita un impulso práctico y algo de rodaje. Desgraciadamente, la situación actual de algunos sistemas financieros europeos (Italia, Alemania) no es la mejor para el estreno de la supervisión única y esto está generando algunos problemas de reputación importantes.

Ya antes de conocer los resultados de las pruebas, casi todos los análisis y expectativas apuntaban a que algunos bancos italianos y alemanes y, probablemente, portugueses no superarían estas pruebas o lo harían con suficientes dificultades como para tener que ofrecer más de una acción o explicación. No ha sido así: solo el italiano Monte dei Paschi y el irlandés Allied han suspendido. En cualquier caso, lo que ocurre es que las entidades que hayan tenido resultados menos vistosos o, simplemente, malos habrán tenido siete meses para pensar en una estrategia informativa y de enmienda que les permita decir algo como: “Es cierto que 2015 lo cerramos con problemas, pero en 2016 ya estamos haciendo deberes para arreglarlo”.

Esto podrá ser más o menos creíble en algunos casos, pero difícilmente asumible en otros. El problema de la banca italiana se ha estado gestando durante años y la morosidad creciente es el síntoma más claro de que no solo no se ha mejorado, sino que se sigue empeorando. En el caso de Alemania, en cada episodio de las pruebas se levanta algo la alfombra que deja ver los problemas de exposición a inversiones estructuradas y derivados de dudoso valor, pero luego se deja caer de nuevo para intentar que, poco a poco, esos problemas se resuelvan sin que interceda ningún tercero.

Tal vez es que lo de la supervisión única debe ser solo para otros. En todos estos casos problemáticos se ha permitido durante mucho tiempo una huida hacia delante de ocultación de defectos y seguir como si no pasara nada, un evergreening poco comprensible. Y, además, en esas estamos: aún no está claro que la supervisión única haya cogido el toro por los cuernos en Italia y vaya a aplicar –como ya lo sufrió España, entre otros, en su momento– mecanismos de bail-in para que bonistas y accionistas bancarios italianos sufran pérdidas antes de que lo hagan los contribuyentes. Un juego político incompresible con posibles efectos negativos para la credibilidad de ese mecanismo único de supervisión que, aunque esté de estreno, no puede estar dormido.

Las pruebas de la EBA eran un ejercicio obligado para no interrumpir la secuencia de escrutinio iniciada con la crisis y con propósito permanente, pero desde su diseño se ha observado una cierta incomodidad a hacer de esta nueva acometida sobre estrés una prueba con suspensos y aprobados. De hecho, no se fijó siquiera un mínimo de capital sobre el cual determinar las necesidades de recursos propios de cada cual.

Desde la EBA se argumenta que hay que ir poco a poco. Primero se procedió a las recapitalizaciones urgentes para cubrir los huecos de solvencia más aparatosos. En las pruebas de ayer se trataba de ver la calidad de los balances. Lo que viene ahora, como un deber aún pendiente de cara al futuro, es la labor de limpieza de activos deteriorados. En definitiva, otros bancos europeos viven en cámara lenta y en episodios dilatados lo que algunas entidades en España o Irlanda, entre otros, tuvieron que asumir en un tiempo récord: recapitalización, transparencia y saneamiento. No parece que sea muy justo que ahora se quieran establecer excepciones sobre cómo actuar con Italia o Alemania, simplemente porque la reputación de una parte afecta al todo y las dudas sobre la banca europea están castigando al conjunto y no solo a las partes. Pese a la confianza en que las entidades financieras españolas saliesen airosas de estas pruebas, como así ha sido, es posible que el mercado recoja con cierta frialdad el lunes los resultados, pero tal vez los detalles sobre la calidad de los balances sirvan para separar algo más el grano de la paja. En todo caso, en tanto en cuanto no se anuncie qué acciones se van a realizar en Italia y qué papel tendrá el bail-in, la incertidumbre persistirá.

Archivado en:

Outbrain