Coleccionista

Eloy Martínez de la Pera: "Busco que una obra de arte me conmueva"

Se emociona con dos fotografías que recientemente ha adquirido de Hiroshi Sugimoto

arte contemporáneo
Eloy Martínez de la Pera, ante una escultura de Diego Canogar.

Concibe el arte como una manifestación del espíritu de los seres humanos. “Toda sociedad está obligada a pensarse, mirarse, analizarse, a entenderse a sí misma a través de su propia producción artística. El arte, por su singular capacidad emotiva y simbólica, ocupa un puesto privilegiado para desarrollar esta labor”. Son reflexiones de Eloy Martínez de la Pera, nacido en Salinas de Añana (Álava, 1967), licenciado en Políticas y Derecho, especializado en Relaciones Internacionales y Derecho Comunitario, y director general de la empresa [sintitulo] proyectos, dedicada a actividades que aúnan las distintas vertientes de la cultura y el arte. “A través de ambas disciplinas se puede reforzar nuestra capacidad de comunicación y de diálogo, pues nos proporcionan una vía de análisis y reflexión capaz de reciclar, renovar y reinventar la interpretación que hacemos de nuestro entorno y de los cambios que se producen en él”, explica.

Eloy Martínez de la Pera habla con verdadero entusiasmo de todas las piezas de arte con las que convive. No son mero adorno, porque el arte tiene “la enorme capacidad de transformarnos a todos a un nivel individual. Nos atraviesa y desata nuestras emociones, nos conmueve e inquieta, nos llena de dudas y nos hace soñar, rompe nuestros límites y nos lleva a ir siempre más allá de nosotros mismos, porque el arte, finalmente, nos hace a todos diferentes”. Por ello, como coleccionista busca rodearse de obras que le hagan reflexionar, sentir, que no le dejen indiferente.

El placer de contemplar

Coleccionar arte depende del poder adquisitivo de cada uno, pero una buena forma de convivir con arte, opina Martínez de la Pera, es a través de la obra seriada en distintos formatos. “Lo mejor es comprar dejándonos seducir por la contemplación de una obra”, asegura él, que convive con piezas de Diego Canogar (arriba), Samuel Salcedo (a la izquierda), Tàpies, Alberto García-Alix, Elena Asins, Saura, Chillida, Juan Barjola, Aitor Saraiba...

Con calidez, explica las dos fotografías que recientemente ha adquirido, tomadas en el Golfo de Vizcaya, de Hiroshi Sugimoto: “Compras la mística de la obra, esa quietud del mar, que llevó al artista a plantarse frente a esa línea del horizonte y captarla”. Una pieza tiene sentido por el proceso creativo que la acompaña, “todo lo que conlleva desde que es un lienzo en blanco hasta que llega a tu casa”, explica este experto, que actualmente trabaja en varias exposiciones, como Pessoa y Lisboa, y Robert Capa: fotografía a color para el Círculo de Bellas Artes de Madrid;La moda romántica, en el Museo Nacional del Romanticismo; Givenchy: to Audrey with love, para el Gemeentemuseum de La Haya; o Sorolla y la moda, en el Museo Thyssen.

El coleccionismo de arte contemporáneo le “genera sensaciones de enriquecimiento, de seducción”. Y antes de adquirir una obra, “estimo básico que me conmueva, por su perfección estética, por la sensación que produzca y porque deseo que me siga produciendo cada vez que la mire en mi espacio cotidiano”.

Normas