Medio Ambiente

La Tramontana, un frágil reclamo turístico balear

El Gobierno de las islas decide este jueves si permite el paso de turistas en áreas protegidas.

Palma de Mallorca
Cala de Castell, en la finca de Ternellas, Pollença.
Cala de Castell, en la finca de Ternellas, Pollença.

Un camino agreste, de sinuosas curvas en picado, rodeado de un bosque de encinas, conducen al lugar. A la izquierda, aparece la imponente sierra de Tramontana (1.400 metros de altura), en forma de cresta, que acompaña durante el trayecto de 15 kilómetros. En la cima, las ruinas del Castillo del Rey, el santuario árabe de buitres negros, halcones de Eleonor y águilas pescadoras, especies protegidas que sobrevuelan los espectaculares acantilados marinos. Pero a escasos metros de llegar a la cala de Castell, llena de rocas, un cartel advierte: “Zona biológica protegida”, y queda restringido el paso por ser un territorio de recuperación de especies en peligro de extinción.

Es Ternelles (2.000 hectáreas), al noroeste de la isla, en el municipio mallorquín de Pollença, una de las principales zonas de exclusión, propiedad de la familia March. Este jueves el Parlamento balear decide si permite el acceso de turistas y locales a la cala y el castillo, hasta ahora prohibido por ser un sitio de nidificación de aves. A las demás zonas, se permiten 20 visitantes por día.

Se trata de un proyecto de ley medioambiental, como adelantó CincoDías, que tramita el Gobierno balear (PSOE, Podemos y Més –nacionalistas y ecologistas–), que busca rebajar la protección de las reservas naturales, denuncia la Fundación Vida Silvestre Mediterránea. Aunque desde el Ejecutivo autonómico defienden que protegerá más el entorno, al equilibrar el uso público y la conservación.

Sin embargo, este proyecto contradice una sentencia de 2015 del Tribunal Superior de Justicia balear que impide el uso recreativo en la zona por ser una reserva biológica. Los ecologistas se quejarán en breve ante el Parlamento Europeo y el Defensor del Pueblo, además de las alegaciones ya presentadas en Baleares.

Turismo sin planificación

El buitre negro, aún en peligro

En los ochenta, los ecologistas iniciaron el programa de conservación del buitre negro, y casi 30 años después ha dado sus frutos. De una pareja en esa época se ha pasado a una población de 180 ejemplares, con 30 parejas, que han puesto este año 25 pollos, el mejor dato de cría respecto del anterior, cuando nacieron apenas 14. Aunque no todos alzan siempre el vuelo.

Este proyecto ha sido financiado con fondos europeos-privados (70%) y públicos (30%).

Su reproducción se concentra en las fincas de Ternelles, Ariant (de la Fundación Vida Silvestre) y Moncaire, del empresario Alberto Cortinas. De aprobarse, la ley afectará también a las zonas protegidas de Fornalutx y Escorca, además de las de Pollença.

La imparable masificación turística es uno de los problemas. En verano, la isla triplica su población de poco más de un millón. Solo vía cruceros se espera la misma cifra. Y ante la limitada oferta, el Gobierno usa la Tramontana como reclamo turístico, explicaba Juan José Sánchez, director de la fundación, durante una visita de prensa a Ternelles.

Lo que se constata en la publicidad colocada en el aeropuerto de Palma, “Sierra de Tramontana, Patrimonio de la Humanidad”, rezan un par de carteles. La isla recibe 13 millones de viajeros al año, de Alemania y Reino Unido.

Internet también ha incrementado el paso de locales sin control a esta sierra, donde el 95% del territorio es privado. La gente sale más a la montaña, gracias a las aplicaciones de senderismo, dice. Pero sin información ni educación, los visitantes van campo a través o se saltan las zonas de protección, lamenta.

Muchos vienen desde cala de San Vicente, a una hora a pie del paraje. “El Gobierno, en ocho años, no ha hecho un plan de uso de gestión ni ha señalizado las zonas de exclusión”, añade Sánchez, que refiere también los conflictos internos de poder en el seno de la Administración.

Además coexisten tres planes de gestión que se contradicen entre sí, unos promueven la conservación y otros apuestan por el senderismo, las escaladas y el barranquismo en la sierra para la desestacionalización turística.

A esta petición se acaba de sumar la asociación de ornitología GOB. Pese a que considera que la norma rebajará la protección en las zonas de conservación, pide la modificación del plan de ordenación de recursos naturales (PORN) para levantar una “limitación ambiental injustificada” en el caso de Ternelles.

Por tanto, es una polémica vieja que ha generado división social, entre payeses, propietarios, locales y turistas. El tema se ha politizado, opina Sánchez. “Lo que no va a poder ser es que se entre sin ningún tipo de cupo a las zonas de exclusión”, advierte.

Los dueños de fincas son partidarios del uso, pero no del abuso. La familia March ha propuesto al Ayuntamiento de Pollença que se establezcan visitas guiadas, en compañía de un técnico medioambiental para que los viajeros conozcan la flora y fauna, conserven los hábitats y se fomente así una mayor concienciación, pero aún no han recibido una respuesta.

Y es que allí se puede apreciar también campos de olivo mallorquín, liebres, perdices, ovejas y una importante flora endémica, como la naufraga baleárica o el palmito mallorquín. Por ejemplo, en Valldemosa, en la parte occidental, algunas fincas sin áreas protegidas, como la de Son Moragues, de Bruno Entrecanales, han recibido en un mes hasta 7.000 visitantes, ilustran. Los propietarios se quejan también de la falta de información desde la Administración.

La Fundación Vida Silvestre ha encargado un informe a la Cátedra de Medio Ambiente de la Universidad de Alcalá de Henares, cuya publicación está prevista para septiembre, pronostica el técnico presente en el recorrido Juan Luis Aguirre. La intención es contar con una valoración independiente sobre el lugar.

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