Perfil del expresidente de la Comisión Europea

Durão Barroso, el nuevo ‘Goldman’

El Ejecutivo francés ha pedido a Barroso que renuncie al cargo

El banco de inversión tuvo un papel fundamental en la crisis económica

El exprimer ministro de Portugal y expresidente de la CE, José Manuel Durão Barroso.
El exprimer ministro de Portugal y expresidente de la CE, José Manuel Durão Barroso.

Pasar de recibir 18.000 euros mensuales de pensión por haber sido presidente de la Comisión Europea a contar con un sueldo extra de cinco millones anuales es el privilegio del último fichaje de Goldman Sachs. El banco de inversión norteamericano ha anunciado una nueva contratación estrella, algo habitual en su plantilla. El exprimer ministro portugués y expresidente de la CE José Manuel Durão Barroso (Lisboa, 1956) se une a las filas de una empresa que fichó a Mario Draghi tras abandonar su puesto de director ejecutivo del Banco Mundial o al exprimer ministro italiano Mario Monti, entre otros cargos públicos europeos y norteamericanos. La polémica de las puertas giratorias está servida.

El Ejecutivo francés ha pedido a Barroso que no acepte el cargo, ya que sería un “error” y el “peor servicio que un expresidente podría dar al proyecto europeo”, en palabras del responsable de Asuntos Europeos en el ministerio de Exteriores galo, Harlem Desir.

“Jurídicamente es posible”, afirmaba esta semana el presidente francés, François Hollande. Y tiene razón. Las reglas de conducta de la UE establecen que durante los 18 meses siguientes al abandono de su cargo, los excomisarios europeos deben comunicar las actividades que van a ejercer. Sin embargo, para Barroso, licenciado en Derecho y con un máster en Ciencias Políticas, este periodo ya ha concluido, pues renunció al puesto el 1 de noviembre de 2014.

“Pero moralmente es inaceptable”, continúa el dirigente galo. Más allá del conflicto de intereses que pueda darse, los políticos recuerdan el papel fundamental que tuvo Goldman Sachs en la crisis económica por su comercialización de hipotecas basura, así como las operaciones de maquillaje que se le han atribuido –aunque no han sido probadas– de las cuentas de Grecia en 2002 para que el país heleno ocultara presuntamente a la UE sus deudas.

“Si me quedo en la política, está mal porque vivo a costa del Estado, y si me voy a la empresa privada está mal porque me estoy aprovechando de la experiencia adquirida en la vida política”, ha argumentado Barroso con amargura ante el aluvión de críticas. En cualquier caso, su experiencia en los cargos públicos va más allá de la adquirida como presidente de la Comisión Europea. Aunque durante su adolescencia fue militante de un grupo maoísta, la Federación de Estudiantes Marxistas Leninistas (organización juvenil del Movimiento Reorganizativo del Partido del Proletariado), tras acabar su etapa universitaria se afilió al Partido Social Demócrata (PSD), fue elegido para el parlamento portugués y llegó a liderar la formación. Su último paso antes del salto a Europa fue el de primer ministro de Portugal, época por la que se le recuerda por su asistencia, junto a sus homólogos estadounidense George W. Bush, español José María Aznar y británico Tony Blair, a la Cumbre de las Azores –de actualidad tras el informe Chilcot–, previa a la invasión de Irak.

El conocimiento adquirido en estos años no encaja, en cualquier caso, con el requerido por una entidad como Goldman Sachs. Para Tomás Garicano, director del Centro de Gobierno Corporativo de IE Business School, antes que analizar el conflicto de intereses, es más relevante dilucidar si el expolítico es un “profesional” y cuenta con “experiencia” en la banca de inversión. No ocurre así, pues más allá de la carrera política antes descrita, Barroso se ha dedicado al mundo académico. Su trabajo en ambas áreas quizá ha estado influenciado por sus padres, Luís António Saraiva Durão Barroso y Maria Elisabeth de Freitas Gomes Durão (maestros), y por su tío materno, Diamantino Durão (ex ministro de Educación de Portugal).

El expresidente de la CE argumenta, sin embargo, que podrá ayudar a Goldman Sachs en la etapa que comienza tras el brexit, pues, como bien ha recordado Hollande, Barroso, “al frente del Ejecutivo comunitario, se ocupó de la relación del Reino Unido con Europa”. “Si mi consejo puede ser útil en estas circunstancias, estoy listo para contribuir”, subrayó el portugués. Goldman Sachs, sin embargo, asegura que la contratación “no tiene relación con el resultado del referéndum británico”.

Lo que está por ver es hasta qué punto el fichaje de Barroso perjudicará la imagen del banco de inversión, ya dañada, la de la UE –en un momento bastante delicado– y, sobre todo, la de la clase política.

No es ni la primera ni será la última puerta que girará.

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