Medicina

El corazón artificial que evita trasplantes

Los aparatos de última generación permiten su instalación indefinida

El aparato consiste en una potente turbina que se conecta al corazón para ayudar a bombear sangre.
El aparato consiste en una potente turbina que se conecta al corazón para ayudar a bombear sangre.

La vida de Juan R. A. dio un cambio de 360 grados el pasado mes de abril. Hasta entonces tenía problemas para hacer las digestiones y el menor esfuerzo físico le estaba vetado. Nada de subir escaleras ni cuestas; siempre estaba cansado. Todo debido a la insuficiencia cardiaca avanzada que padece desde hace años. La situación cambió radicalmente con la instalación de un corazón artificial duradero.

Se distingue del resto porque, gracias a los avances tecnológicos, estos aparatos de última generación son aptos para terapias puente, es decir, para que duren uno o dos años hasta que llegue el trasplante (algo fundamental en un país en el que el tiempo medio de espera es de unos 140 días), y también para terapias de destino, o lo que es lo mismo, en las que se coloca el dispositivo de forma definitiva.

Ya se han instalado 26 de los llamados corazones duraderos en toda España, que llegaron al país hace dos años y medio. “Es el primero de este tipo que ponemos en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid”, explica el doctor Santiago Serrano, cirujano del corazón del citado centro. “Se lo introdujimos con dos pequeñas incisiones en el tórax (toracotomías)”, describe. La operación dura unas dos horas y es sensiblemente más sencilla que la necesaria para otros modelos, que requieren de abrir todo el esternón.

Este tipo de aparatos son de hecho una potente turbina que se coloca como complemento al corazón, de manera que el órgano pueda bombear más y mejor. Concretamente, se instala en el ventrículo izquierdo para ayudar en el flujo de sangre de la aorta. Las pequeñas dimensiones del aparato, comparado con otros modelos anteriores, y su avanzada tecnología permiten aventurar que estos modelos se harán rápidamente con el mercado, opina Serrano.

Recreación gráfica de cómo queda colocado el modelo HVAD de corazón artificial permanente.
Recreación gráfica de cómo queda colocado el modelo HVAD de corazón artificial permanente.

Su coste no es bajo. Cada unidad HVAD de la firma HeartWare cuesta unos 100.000 euros, apunta el cirujano. “Cuando planteamos que hay que instalar uno al gerente del hospital se le ponen los pelos de punta”, comenta entre risas Serrano.

Los resultados saltan a la vista. “El cambio de vida ha sido total”, espeta Juan. “Este dispositivo me ayuda a que mi corazón sea completo”. Ahora, el llamado flujo de gasto (el número de litros de sangre bombeado por minuto) de este paciente oscila entre 3,7 y 4,5, dependiendo de la actividad que esté haciendo. “En esos valores se mueve cualquier persona”, subraya. Antes no pasaba de 2,0.

El corazón artificial de Juan se alimenta a través de dos baterías que siempre lleva encima, junto a un pequeño ordenador que da lecturas de las revoluciones por minuto que tiene la bomba y los vatios que está consumiendo. Todo le cabe en un bolsito que lleva a modo de bandolera y que pesa algo más de un kilo.

El ordenador y el corazón están unidos mediante un cable que le sale al paciente por un costado. “Este sistema no produce ningún tipo de rechazo. Lo más conflictivo es que el cable, al salir por la piel, puede provocar infecciones locales. Pero nada más que eso”, matiza Serrano.

Las baterías se pueden recargar en cualquier enchufe o incluso desde el mechero de los coches. Y tienen una larga autonomía: “Que yo haya comprobado, por lo menos nueve horas, aunque seguro que aguanta más”, describe Juan. Ahora puede comer con tranquilidad, “sin hacer barbaridades”. Y sube dos pisos de escaleras sin problemas. Todo gracias a un aparato del tamaño de un pequeño yoyó.

Normas