El desafío del 'brexit'

Europa se escinde en grupos

El brexit ha precipitado la reagrupación de los socios de la UE en grupos dispares a la búsqueda de una solución a la medida de cada Estado.

Partidarios del brexit en Londres
Partidarios del brexit en Londres AFP

"La UE se desintegrará después del referéndum del 23 de junio”, pronosticó unos días antes de la consulta en Reino Unido el líder de UK Independence, Nigel Farage. Su maldición aún no se ha cumplido. O no del todo, porque la Unión apenas tardó 48 horas en iniciar una desbandada de grupos de países que intentan buscar un encaje común dentro de la nueva realidad política.

Las tres grandes potencias de la Unión (Alemania, Francia e Italia) se han colocado al frente de la respuesta para calmar a los mercados; los seis países fundadores (los tres anteriores, más Bélgica, Holanda y Luxemburgo) preparan una salida política que abra el camino hacia una Unión de varias velocidades; y el resto de socios se reagrupan en función de intereses regionales (como los cuatro países del Visegrado: Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) o económicos (en torno al euro).

Las discrepancias entre Berlín y París complican la solución de una UE dividida

A partir de hoy se sucederán las reuniones al más alto nivel para intentar consensuar entre todos esos grupos una primera respuesta política al brexit, que se materializaría el miércoles en la primera cumbre de primeros ministros sin Reino Unido. Pero la falta de unidad en el seno de la UE es evidente y las discrepancias entre Berlín y París complican la solución.

De momento, la canciller alemana, Angela Merkel, ha asumido el liderazgo, como viene haciendo desde el comienzo de la crisis del euro en 2010. Y ha empezado por parar el reloj y acallar la pataleta de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo, que reclamaban el comienzo inmediato de las negociaciones de separación.

La Unión dará tiempo a Cameron

Si no cambia sus planes en el último momento, David Cameron asistirá mañana en Bruselas a la cumbre europea más humillante en sus seis años al frente del Gobierno británico. “Escucharemos las explicaciones de Cameron sobre lo ocurrido y sus planes sobre los próximos pasos”, señalaron ayer fuentes diplomáticas encargadas de la preparación.

A Cameron le esperan, con toda probabilidad, los reproches de unos presidentes de Gobierno a los que ha estado dando lecciones de gestión cumbre tras cumbre y ante los que se ha presentado como el adalid de una Unión reformada.

La reunión se prevé explosiva, aunque la canciller alemana, Angela Merkel, ya ha impuesto calma y ha pedido que se dé tiempo a Londres para reaccionar. En contra de lo prometido antes del referéndum, Cameron no activará mañana en la cumbre el proceso de salida (a través del artículo 50 del Tratado de la UE) y, por presiones de su propio partido, dejará que sea su sucesor o sucesora el que tome esa decisión.

La Comisión y el Parlamento Europeo reclaman que el primer ministro británico ponga en marcha ya la negociación. “Pero en todas las capitales se entiende que no es el momento y que hay que esperar, por el bien de la UE y por el bien, sobre todo, de Reino Unido”, señalan fuentes del Consejo Europeo.

Los 27 países restantes de la UE se mostrarán dispuestos “a empezar la negociación cuanto antes”. Pero dejarán que se aclare la situación política en Londres, lo que aplaza de momento la apertura del proceso.

Merkel se reunirá hoy en Berlín con el presidente francés, François Hollande, y el primer ministro italiano, Matteo Renzi. Una cita que visualiza la presencia, que no la unidad, de las tres principales economías de un club que, sin Reino Unido, estará más que nunca en manos de los países grandes.

La reunión en la capital alemana cuenta con dos grandes ausentes. España, que sin Reino Unido pasa a ser la cuarta potencia de la UE, pero que está embarcada en un proceso electoral que ayer se saldó con una nueva victoria del PP, pero sin mayoría absoluta. Y el otro excluido es el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, cuyo federalismo se ha quedado descolocado, quizá para siempre, tras la victoria del brexit. En su lugar, Berlín ha preferido invitar al presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, cabeza visible del europragmatismo llegado del Este que, como Merkel, aspira a enterrar de una vez por todas las aspiraciones hacia unos Estados Unidos de Europa.

Merkel y Tusk pretenden controlar el proceso del brexit y arrinconar a la Comisión, a la que solo reservan el mero bricolaje administrativo. “El Consejo delimitará el marco de negociación y el papel de cada una de las ambiciosas instituciones que hay en Bruselas”, señaló ayer una alta fuente europea.

  • Estabilizar el club

De la cita de Berlín se espera una señal política sobre la estabilidad y viabilidad de la UE, dirigida sobre todo a calmar a los mercados financieros y evitar que las turbulencias bursátiles del viernes negro posterior al referéndum recrudezcan la interminable crisis del euro. De momento, la libra esterlina ha sufrido más que la divisa europea. Pero Bruselas teme que un nuevo zarpazo desencadene la caída de países vulnerables como Portugal o de sectores bancarios muy frágiles como el italiano.

Más complicada va a ser la respuesta a largo plazo, la gestión de las negociaciones con Londres y la reorganización interna del club.

Ayer, los técnicos de la UE se reunieron por primera vez en Bruselas sin la delegación británica para preparar la primera cumbre a 27 de este miércoles. En esa cita, según Tusk, “discutiremos el llamado proceso de divorcio y comenzaremos la discusión sobre el futuro de la UE con 27 miembros”.

Las posiciones sobre el futuro del club están muy divididas. Los seis países fundadores reconocieron el sábado que “hay diferentes niveles de ambición entre los Estados miembros en cuanto al proceso de integración europeo” y se propusieron “buscar caminos que se adapten mejor a esos diferentes niveles de ambición”.

Berlín intenta que esa reorganización no acabe en desbandada. El ministro alemán de Exteriores, Frank Walter Stenmeier, viajará hoy a Praga para reunirse con el presidente de turno el grupo de Visegrado e intentar coordinar posiciones.

Tusk también intensifica los contactos con las diversas corrientes para evitar que, además de dos o tres velocidades, los países no emprendan también direcciones diferentes. Polonia ya plantea la preparación de un nuevo tratado que, por primera vez desde el de Roma en 1956, sirva para devolver poderes a las capitales en lugar de seguir trasvasando competencia a Bruselas.

La Unión ya ha sufrido antes estampidas similares, como durante la guerra de Irak en 2003 o tras el descarrilamiento de la Constitución en 2005.

Pero el brexit sorprende a la Unión en uno de sus peores momentos, enfangada desde hace ocho años en una crisis de economía y empleo, con la credibilidad de Bruselas bajo mínimos y con una parte de la opinión pública asustada por la capacidad de la UE para dar respuesta a los problemas más graves y tentada de apostar por soluciones nacionales.

El núcleo duro del club está dividido y el eje franco-alemán no funciona. Según varias fuentes, la desaparición de Londres de la mesa “pondrá de manifiesto que el Gobierno británico no es la causa de los proyectos estancados”. Berlín, París o Madrid frenan la unión bancaria, la vigilancia presupuestaria o la política de asilo, por ejemplo.