El enoturismo se abre paso sin prisa como atractivo turístico

Lisboa para comérsela y bebérsela

Lisboa es un popurrí de culturas, estilos e historias y esa mezcolanza se percibe también en sus platos y en sus vinos. Le llevamos a mesa puesta

Lisboa para comérsela y bebérsela

Más de 20 siglos contemplan la historia de Lisboa. Una capital con una declarada vocación marina y de conquista. Allí se fraguaron algunas gestas históricas relacionadas con los descubrimientos del Nuevo Mundo y desde allí también partieron las naves que luego abrirían la ruta de las especias. De entrada, ¿demasiadas epopeyas para digerir?

Pues el festín solo acaba de comenzar porque uno de los platos principales de Lisboa es que esta ciudad también cautiva por su peculiar encanto y ese engañoso aire decadente y nostálgico. Un juego de seducción bien ensayado al que la metrópoli somete al viajero para atraparle en cada una de las esquinas del Barrio Alto, el Chiado, la zona del Carmo, la Baixa, Graça o Belém, los barrios históricos y destino obligado de los turista que la visitan para descubrir todo lo monumental que hay en ella.

Y desde luego en tan suculento banquete no podía faltar un espléndido postre porque como toda buena amante que se precie Lisboa también enamora por el estómago. Una gastronomía con carácter propio y fruto de más cuatro siglos de influencias de culturas diversas que le da un toque y un sabor especial a sus platos. ¿Un secreto? Sus excelentes vinos y espectaculares bodegas, los grandes desconocidos de la región y de nuestro copioso menú.

APERITIVOS 

En los restaurantes de Lisboa es muy típico que mientras curiosea la carta y se decide, le ayuden a abrir boca con un petisco –tapa–. Muchas veces es un simple y exquisito pan para empapar en un no menos suculento aceite; otras veces le sorprenderán con una primorosa crema de zanahorias con cominos o una deliciosa pasta de sobrasada. Si ya ha empezado salivar, no se emocione y vaya a pedir demasiados entrantes, aunque sean para compartir. Tanto las raciones como los platos principales, incluso de los fogones minimalistas, son más que generosos, y la ruta de la lorza –inevitablemente regresará con algún kilito de más– no ha hecho más que comenzar.

PLATOS PRINCIPALES 

Advertido queda, pero para atenuar estragos, Lisboa, salvando cuesta arriba, cuesta abajo, es una ciudad muy cómoda para recorrerla a pie. No se preocupe, también cuenta con una moderna red de metro y sus emblemáticos tranvías amarillos. Uno de los lugares más visitados es el Arco da Rua Augusta, el Arco del Triunfo portugués, al norte de la plaza del Comercio, también conocida como O Terreiro do Paço. Se ha renovado completamente y ahora goza de un fabuloso mirador con una vista panorámica de la plaza, la Baixa, la catedral, el castillo de San Jorge y el río Tajo. Allí cobijado por los soportales de la gran explanada está Can the Can (Terreiro do Paço, 82-83).

Un restaurante en el cual las conservas tradicionales portuguesas y los productos frescos se funden e incorporan toques de la cocina de las antiguas colonias. Pruebe las samosas (empanadillas) de atún con culí de mango y mostaza a la antigua.

En su recorrido por el casco antiguo de la ciudad le recomendamos que en algún momento tome el tranvía 12 desde la Praça da Figueira y en dirección a Largo Portas de Sol y dese un tiempo para tomar café en el famoso A Brasileira (Rua Garrett, 120) aunque sus camareros no se caracterizan por su simpatía. Ha llegado al Chiado, uno de los barrios más bellos y transitados. Allí está el Café Lisboa (Largo de São Carlos, 23), que no es un café sino un espectacular y acogedor restaurante, ubicado dentro del Teatro Nacional de São Carlos que, según su chef, José Avillez, todo un referente en la nueva cocina portuguesa, “es además de bonito, una fuente de inspiración”. En este dos estrellas Michelin deléitese con su extraordinario bacalhau à brás y sus aceitunas explosivas, un pequeño manjar, homenaje a Ferran Adrià. Si prefiere la cocina tradicional portuguesa, su restaurante es Gambrinus (Rua das Portas de Santo Antao, 25) en Baixa. Un clásico desde 1936 que no le defraudará y donde es posible que coincida con políticos, empresarios o celebrities cenando en la mesa de al lado. Su especialidad son los pescados y mariscos y, por supuesto, el bacalao en todas sus formas. Termine la cena con una creppe especial con helado. Uno de los cocineros se la hará en el momento. Todo un espectáculo visual y de sabor.

LA GUINDA 
Muy cerca del impresionante y bello Monasterio de los Jerónimos (1501), que aúna reminiscencias del estilo gótico tardío y del renacimiento y en el famoso barrio de Belém, encontramos otro de los monumento más emblemáticos de la ciudad, la Antiga Confeitaria de Belém (Rua Belém 84-92). Allí se fabrican los tradicionales y auténticos pastéis –bolitas de crema– de Belém, imitados en todo el país y cuya fórmula original procede de un convento y guarda como un secreto de Estado la familia Clarinha desde 1837. La tradición obliga a probarlos todavía calientes y de dos en dos, pero a tenor de las ventas, 20.000 pastelitos al día, más de uno se salta los usos y costumbres.

DE VINOS Y BODEGAS

Aparte del vinho Verde –noroeste de Portugal– y del vino de Oporto, el resto de los caldos del país vecino son poco conocidos, pero si visita el Salón de Catas de Vinhos de Portugal, al lado de la plaza del Comercio, se llevará una grata sorpresa. Ubicado en el emblemático y elegante Palacio de la Bolsa, un edificio del siglo XIX, podrá degustar los vinos autóctonos no solo de la región de Lisboa, sino también del resto de Portugal, por un módico precio y comprar la variedad que se le antoje.

Si tiene tiempo, no deje de visitar algunas de las espectaculares bodegas. Como Venancio Costa Lima, una empresa familiar y una de las más antiguas de la localidad de Palmelas. No deje de probar su famoso moscatel de Setúbal y, si es posible, acompáñelo con bolinchos de canela caseros. Nada que ver con la variedad española.
No se podrá resistir a los blancos atlánticos, por ejemplo, de Adega Mae, una bodega con premio al diseño, enclavada en Quinta da Archeira y que organiza catas a pie de la magnifica playa de Santa Cruz, al oeste de Lisboa, famosa por su belleza natural.

DELICATESSEN PARA LLEVAR 
Visitas obligadas son la Conserveira de Lisboa (Rua dos Bacalhoeiros, 34) y la Manteigaria e Bacalhoaria Silva (Rua Dom Antão de Almada, 1), dos instituciones en Lisboa. La primera, a cinco minutos de la plaza del Comercio, está especializada en conservas de pescado, entre otros, atún, bacalao, caballa, sardinas y salmón. La tienda se abrió hace 85 años y es regentada por la tercera generación de la familia Ferreira. La calidad de sus conservas distingue cada una de las tres marcas propias que comercializa la casa (Tricana, Prata do Mar y Minor, según el tamaño de los pescados). El atún es el más famoso de sus productos, procede de las Azores y se pesca con bara –caña-. Los precios de las latas varían entre 1,60 euros –caballa– hasta 30 euros –una variedad de atún del que solo se comercializan 50 latas al año–. No se asuste por las colas que se forman en la tienda, la espera merece la pena aunque solo fuera por el mimo en el trato y el envoltorio de las latas.

Nuestra segunda recomendación, ubicada en Baixa y muy cerca de la plaza de Figueira, presume de tener el mejor bacalao de Portugal (17,20 euros el kilo el especial y el más caro procedente de Islandia). Llevan atendiendo clientes desde hace más de un siglo, en concreto, 125 años.

Además de bacalao, podrá encontrar numerosos tipos de quesos –déjese aconsejar y sorpréndase con el queijo de Azeitao, por ejemplo–, embutidos, entre ellos el jamón de pata negra local –nada que ver con el nuestro, pero pruébelo y disfrute del cerdo de Bisaro D.O.–, productos regionales y vinos portugueses. Se sentirá como en casa y llenará la cesta de la compra.

Guía del viajero

COMPRAS SEGURAS. Es muy probable que no pueda resistir la tentación de comprar bacalao u alguna otra exquisitez local, pero si viaja en avión asegúrese de que pueda pasar los alimentos, aunque estén envasados al vacío, para no llevarse sorpresas desagradables al pasar la frontera. Los famosos pastéis de Belém solo se venden en la Antiga Confeitaria de Belém, el resto son imitaciones de la receta original.

ELÉCTRICO. El tranvía, rápido y barato, es uno de los medios más populares para moverse por Lisboa. El histórico 28 es el más popular entre los turistas porque enlaza los principales atractivos de la ciudad.

HABITACIÓN CON VISTAS. sobre la ciudad, el Tajo o el imponente castillo de San Jorge como las que ofrece el Hotel Dom Pedro. Un cinco estrellas ubicado muy cerca del centro histórico y una de las zonas más comerciales de Lisboa, Amoreiras.

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