El mercado cree su crecimiento irreal y condenado a ajustes

¿Qué esconde China que tanto asusta a los inversores?

Algunas firmas estiman que China no crece al 7% sino al 5%, por la debilidad industrial

¿Qué esconde China que tanto asusta a los inversores?

El gigante asiático demuestra estos días toda su capacidad de influencia a nivel global. La segunda mayor economía del planeta ha puesto patas arriba a los mercados internacionales, que ayer sí lograron respirar con alivio al conocer que el Banco Popular de China ha tomado cartas en el asunto para frenar el derrumbe de su mercado bursátil pero también para insistir en las medidas con las que intenta sostener el ritmo de crecimiento de la economía.

La intervención del banco central –con la quinta rebaja de tipos de interés desde el pasado noviembre– es un gesto hacia la comunidad inversora, cada vez más desconfiada hacia las autoridades chinas, pero también es sin duda una medida con la que abordar de forma controlada el problema de desaceleración de la economía china.

El gobierno chino lleva desde noviembre del pasado año activando medidas de política monetaria con las que ha ido rebajando los tipos, hasta el 4,6% actual, y el coeficiente de caja de los bancos, o porcentaje de dinero que las entidades deben mantener como reservas y no pueden prestar. En definitiva, medidas encaminadas a elevar la liquidez, como ya han hecho en su momento el resto de grandes bancos centrales del mundo, empezando por la Reserva Federal estadounidense con el estallido de la crisis en 2008.

El banco central de China tiene como objetivo este año mantener el ritmo de crecimiento del 7% que logró en el primer semestre. Pero los acontecimientos registrados este verano, como la caída del 16% de las importaciones en el primer semestre, el mayor descenso de la actividad manufacturera en seis años, el desplome incontenible de la Bolsa de Shanghái –en la que por otra parte no invierte el capital extranjero– y la depreciación del yuan –la de mayor magnitud en dos décadas y por tres días consecutivos– han disparado las alarmas y abierto la veda para una desconfianza hacia el crecimiento chino que se viene fraguando desde hace meses. “Un crecimiento del PIB apoyado en una burbuja del mercado bursátil es insostenible y con el débil comportamiento que se espera para el mercado en la segunda mitad del año, repetir el alza del 7% es improbable”, afirma Schroders.

Para Carmignac, el 7% al que ha crecido China no sería tal sino el 5%, ya que en su opinión no hay duda de que la contribución de la industria al crecimiento es muy débil. “Las cifras oficiales han tomado ya mala fama de ser de poca confianza”, añade la gestora. Bankinter se suma a la corriente de desconfianza hacia los indicadores chinos y apunta que el crecimiento de su economía es insostenible, puesto que se apoya en una triple burbuja: de crédito, inmobiliaria y bursátil.

Más armas para el banco central

El volumen de crédito equivale a más de dos veces el PIB de China, según advierte Royal Bank of Scotland, para quien ya ha quedado declarado el riesgo de un credit crunch descontrolado en el gigante asiático. La firma escocesa añade que la cantidad de deuda privada acumulada en China y en otros mercados emergentes desborda la capacidad de los bancos centrales para favorecer un aterrizaje suave de estas economías. Aun así, el banco central de china dispone aún de amplia munición con la que intentar sostener la economía, aunque los ajustes vayan a resultar inevitables. El tamaño de su balance es equivalente al 60% del PIB del país, por debajo del 100% del Banco Nacional de Suiza –el banco central más apalancado entre las grandes economías–, que lo agigantó en una defensa contra el encarecimiento de su divisa que resultó insostenible.

RBS apunta de hecho que una de las armas que las autoridades chinas pueden emplear para controlar sus mercados es esa expansión del balance del banco central. Para llegar a un porcentaje del 100% sobre el PIB, quedaría un margen de maniobra desde los niveles actuales de 4,2 billones de dólares. Aun así, las compras de activos por sí solas no bastarían para apuntalar el crecimiento, tal y como ya se ha visto en Estados Unidos y la zona euro, donde también se ha hecho fuerte hincapié en las reformas estructurales. La depreciación del yuan es otra vía, aunque con el riesgo de activar una salida de capitales que se vería todavía más acentuada con un alza de tipos en Estados Unidos.

Los expertos coinciden en que el riesgo económico, y también geopolítico, de un menor crecimiento de la economía china está servido. El gigante asiático es el principal destino de las exportaciones de Australia, Brasil, Chile o Indonesia y el tercero para Estados Unidos. Su freno tendrá sin duda efectos en una economía global que intenta a duras penas afrontar un largo período de bajo crecimiento sin inflación.

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