González le avisó con unas horas de antelación

Cómo se gestó la destitución de Ángel Cano en BBVA

El presidente de BBVA, Francisco González, durante su intervención en la última junta de accionistas.
El presidente de BBVA, Francisco González, durante su intervención en la última junta de accionistas. EFE

La obsesión de Francisco González por convertir a BBVA en el primer banco digital del mundo chocó en más de una ocasión con el planteamiento más reflexivo de Ángel Cano. El ya exconsejero delegado del banco siempre había defendido hacer una transición tecnológica sin prisas, pero sin pausa. Los diferentes puntos de vista de cómo había que abordar la transformación de BBVA fueron minando las relaciones entre ambos ejecutivos desde hace algo más de un año, lo que terminó el pasado lunes con la prejubilación de Cano, de 53 años de edad, y con una pensión de unos 26 millones de euros (hay que esperar a junio para saber la cifra exacta de la indemnización que se llevará). Una decisión que a él no se le había pasado en ningún momento por la cabeza.

El lunes por la tarde BBVA sorprendió al mercado con un comunicado que, pese a que en parte llevaba tiempo rumoreándose, dejó con la boca abierta a más de un directivo de la casa y de la competencia. El presidente del banco, Francisco González, había decidido prescindir del número dos, Ángel Cano, y nombrar a Carlos Torres Vila, consejero delegado.

No era la primera vez que González cambiaba de número dos (lo ha hecho cinco veces), ni que un gran banco español había prescindido de su consejero delegado en el último año (CaixaBank, Santander y esta semana BBVA). Lo impactante era la sorpresa y la composición del nuevo organigrama del grupo. “Es un organigrama hecho para una rápida digitalización del banco, y lo que da negocio, la banca retail cuelga de lo digital. Es una estructura novedosa en el mundo, pero muy arriesgada”, destaca un experto financiero.

Cano siempre había defendido que aún lo que da dinero en el banco es el negocio tradicional, por lo que era mejor construir un BBVA digital poco a poco, opinión que trasladó varias veces al presidente en el último año.

Pero González, de 70 años, quiere que ningún banco se le adelante en esta transformación en la que lleva años soñando. El tiempo pasa y él es presidente ejecutivo, el número uno de BBVA, y en principio es el que tiene la última palabra con el apoyo del consejo. Su proyecto es jubilarse como máximo a los 75 años, según los estatutos del banco (aunque puede cambiarlos) con su sueño cumplido.

Las diferencias entre ambos provocó su distanciamiento, que se confirmó la tarde del domingo 3 de mayo, cuando González le llamó a su despacho en la Torre negra de BBVA. Fue entonces cuando el presidente le comunicó su decisión de sustituirle por Torres y de realizar una auténtica revolución en el banco.

El aún ejecutivo de BBVA desconocía el proyecto, aunque era inevitable que los rumores le hubieran llegado, pero pensaba eso, que eran especulaciones. Más sabiendo que desde hacía tiempo sonaba un nombre para sustituirle, Jaime Sáenz de Tejada, director de estrategia y finanzas. Rumor este al que nunca hizo caso, ya que este directivo es un muy buen amigo suyo, aseguran varias fuentes que recuerdan además, que todo el equipo se llevaba muy bien con Cano, incluso su sustituto, Carlos, que fue el lunes uno de los primeros en darle ánimos tras su salida de BBVA. Varias fuentes aseguran que el nuevo organigrama de BBVA llevaba gestándose un mes a espaldas de Cano, quien solo había detectado ciertos movimientos internos, y algún que otro aviso de que González quería colocar a Carlos Torres como su sustituto, pero tampoco le dió mucha importancia, ya que pensaba que ocurría como en el caso de Sáenz de Tejada, que era una especulación. Fuentes cercanas a Cano aseguran que él –que ahora piensa disfrutar de un año sabático–, está muy dolido con las formas con las que se le ha despedido. Y añaden que en otros países no hubiera pasado esto.

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