Turismo en Perú

En Cuzco, las emociones no se agotan en Machu Picchu

La ciudad es parada obligatoria para llegar a las famosas ruinas, pero la capital del antiguo imperio inca tiene mucho más que ofrecer

La estatua de un emperador inca corona la pileta de la Plaza de Armas de Cuzco, aquí vista de noche. Ver fotogalería
La estatua de un emperador inca corona la pileta de la Plaza de Armas de Cuzco, aquí vista de noche.

El autocar sube pegado a la ladera a través de una zigzagueante carretera. Si uno se asoma a la ventana y mira hacia abajo, verá al fondo del precipicio cómo el río Urubamba se va haciendo más pequeño en cada vuelta.

Es el último tramo de un viaje de cuatro horas en bus y tren que empezó en Cuzco con las primeras luces del día. También es el más emocionante, porque la belleza del paisaje, cubierto de vegetación por la temporada de lluvias, parece un anticipo de lo que aguarda al viajero en lo alto de la montaña.

A los 20 minutos de ascenso se asoman los primeros vestigios de Machu Picchu, la ciudad perdida de los incas. Luego de pasar el control, se atraviesa un pasadizo y ante los ojos del visitante se abre de golpe la famosa postal, las ruinas con el Huayna Picchu detrás.

Turistas en Machu Picchu.
Turistas en Machu Picchu.

Durante un tiempo se creyó que el conjunto había sido un santuario dedicado al Sol, pero hoy la mayoría de arqueólogos coinciden en que se trató de una ciudad. En la parte alta vivía el emperador con su corte y en la parte baja, el pueblo. Los hombres se adiestraban en el manejo de las armas y las mujeres, en el arte de los tejidos y otras labores domésticas.

Machu Picchu significa en quechua, montaña vieja, y Huayna Picchu, montaña joven. Hay quienes ven en estas formaciones y otra más pequeña que les acompaña, la silueta de un cóndor, un puma y una serpiente enrollada, tres animales que los incas consideraron sagrados, ya que representaban los tres mundos en los que ellos creían: el de los dioses, el terrenal y el de los muertos. A esta trilogía aluden las tres puertas y tres ventanas que caracterizan a muchos de sus templos.

Como la agricultura era su principal fuente de sustento, anticiparse a las lluvias o sequías era vital para la sociedad inca. Esta necesidad los llevó a convertirse en grandes astrónomos. Uno de los recintos del complejo da testimonio de ello. En este construyeron dos pozas y las ubicaron en el centro del patio.

Cuando el sol entra por las ventanas, su imagen queda reflejada en el agua. Así podían seguir su trayectoria sin mirarlo directamente y medir el tiempo. Dependiendo de la ventana por la que entrara la luz y la posición de la sombra que proyectara, sabían si era invierno o verano.

La sala de los espejos de agua es solo uno de los muchos sitios curiosos que pueden visitarse durante el recorrido. Hay que detenerse lo justo en cada rincón porque el conjunto es grande y cierra a las cinco y media de la tarde. Las horas se pasan volando y llegado el momento cuesta marcharse.

Las emociones, sin embargo, no se agotan en Machu Picchu. Cuzco tiene bastante más que ofrecer.

El Qoricancha.
El Qoricancha.

El templo del Sol
Lo más aconsejable es dedicar el primer día a caminar por la ciudad. Así el cuerpo se va aclimatando a los 3.300 metros de altura. Y para ponerse en situación, nada mejor que dirigirse al Qoricancha. El valor de este edificio radica en el mestizaje patente en sus muros. Es un templo inca que Pachacútec –el más célebre de los 14 gobernantes que tuvo el imperio– consagró al culto al Sol, pero que luego de la conquista sirvió de base para la construcción del Convento de Santo Domingo.

Sus paredes de piedra estuvieron cubiertas con planchas de oro de las que el expolio español solo ha dejado rastros de remoción. Lo que sí se conserva del templo original son cuatro recintos, cada uno de los cuales estuvo dedicado a una deidad diferente: Luna, estrellas, trueno y arcoíris. En sus paredes desnudas puede apreciarse la precisión milimétrica con que los bloques de piedra han sido encajados.

El Qoricancha está ubicado en plena avenida El Sol, la más importante de la ciudad. Al frente se encuentra el Centro Qosco de Arte Nativo, donde todas las tardes se presentan danzas y vestidos típicos de la región. Las funciones empiezan a las seis de la tarde, pero hay que llegar antes si se quiere ganar un buen sitio porque se forman largas colas.

Muros de piedra del santuario religioso de Sacsayhuamán.
Muros de piedra del santuario religioso de Sacsayhuamán.

Sacsayhuamán, el último reducto
Llegado el segundo día, es tiempo de visitar los monumentos ubicados en los alrededores de la ciudad. Las agencias de viajes locales los han juntado en un city tour de cuatro horas en bus y que comprende tres conjuntos arqueológicos, el más importante de los cuales es Sacsayhuamán.

La creencia popular es que se trató de una fortaleza militar, pero es una idea errónea que deriva del hecho de haber sido el último reducto de resistencia inca cuando Pizarro tomó Cuzco. Los hombres de Manco Inca lucharon desde lo alto de sus torreones y hubo uno, Cahuide, que prefirió arrojarse al abismo antes que caer prisionero.

Pero Sacsayhuamán fue en realidad otro templo religioso. En su construcción, posterior a la del Qoricancha, habrían participado 20.000 hombres.

En sus muros se aprecia también la maestría con que los incas trabajaban la piedra, algunas de las cuales alcanzan dimensiones ciclópeas, por lo que subsiste el misterio acerca de cómo las cortaban y trasladaban.

Algunos guías locales especulan con extraterrestres y rayos láser, pero la hipótesis más aceptada es que las partían con martillos hechos del mismo material y que las arrastraban con cuerdas. Sacsayhuamán está ubicado en lo alto de una colina, desde donde se tiene la vista panorámica más completa de Cuzco.

Moray, el laboratorio agrícola
El segundo tour importante es el que abarca las ruinas situadas a lo largo de Urubamba, el valle sagrado de los incas. Dado que las distancias son mayores, este paseo dura todo el día, por lo que si no tiene tiempo suficiente y quiere algo diferente, la alternativa es Moray.

Moray.
Moray.

Ubicado a dos horas de Cuzco, es un sistema de andenes en forma de anillos concéntricos. Cada círculo es una terraza que se superpone a otra, lo que ha generado un gradiente de hasta 20 microclimas diferentes.

Los científicos piensan, por eso, que sirvió de laboratorio agrícola. La mayoría de agencias de viaje combina Moray con una visita a Maras, una salina que funciona desde tiempos preincaicos y en la que puede comprar la misma sal que usan algunos de los chefs más reputados de Lima.

Dinosaurios en la casa del Inca Garcilaso
Una vez que haya visitado todos los vestigios incas, dedique los últimos días a las iglesias y museos. En el Histórico Regional, que ocupa la casa en la que vivió el Inca Garcilaso de la Vega, se exhibe el esqueleto de un gliptodonte (armadillo gigante) de finales de la época terciaria que se halló casi intacto en una provincia cercana.

Entre las iglesias, es visita obligada la Catedral, que fue edificada sobre un palacio inca y alberga numerosas obras de arte virreinal. Entre ellas destaca un lienzo del siglo XVIII de Marcos Zapata, pintor de la escuela cuzqueña, que muestra una curiosa versión de La última cena: el plato principal es un cuy, alimento típico de los andes peruanos, y Judas, el único que mira hacia fuera de la escena, tiene el rostro de Pizarro.

Guía para el viajero

Pizza de alpaca.
Pizza de alpaca.

Cómo ir. Hay dos formas de llegar a Machu Picchu. A través del Camino Inca, que según el kilómetro de la vía férrea desde el que se parta (82, 88 o 104) toma de uno a cuatro días de caminata; o en tren desde las estaciones de Poroy o Ollantaytambo. El viaje, incluyendo el transbordo (porque se sale de Cuzco en bus), dura cinco horas. Peru Rail e Inca Rail ofrecen diferentes precios y servicios. El tren deja al viajero en el pueblo de Aguas Calientes, donde deberá tomar un autocar a su destino final (18 euros).

Dónde comer. Anímese a probar el cuy chactado (frito) o guisado en alguno de los balcones coloniales con vista a la Plaza de Armas. Si busca algo diferente, en Procuradores, una callecita que sale de la misma plaza, Chez Maggy sirve una deliciosa pizza de alpaca. Para la digestión y el soroche (mal de altura), nada mejor que un mate de coca.

Tiques. La entrada a Machu Picchu se puede comprar por internet (www.machupicchu.gob.pe) o en la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cuzco (Condominio Huáscar, 238). Hay tiques por 128, 142 y 152 soles (39, 43 y 46 euros) según si incluyen o no una excursión a las montañas vecinas o al Templo de la Luna.

Hasta 16 sitios por 40 euros

Para poder visitar la mayoría de atractivos de Cuzco (16) basta con comprar un solo boleto turístico. Tiene una vigencia de diez días y cuesta 130 soles (40 euros) o 70 si es estudiante. No incluye las iglesias, el Qoricancha ni Machu Picchu.

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