Grandes viajes

Vibrante Chicago

Más allá de su poderosa e impactante arquitectura, la ciudad de los Obama es un destino de primer orden

The Bean, una de las esculturas más populares de Chicago.
The Bean, una de las esculturas más populares de Chicago.

Pocas ciudades en el mundo pueden presumir de ser la cuna de la arquitectura moderna. Chicago tiene ese privilegio.

Extrema en su climatología, dominada por un inmenso lago –el Michigan, de casi 500 kilómetros de longitud–, dinámica, amigable y multicultural, la ciudad que el matrimonio Obama ha puesto de moda se ha convertido en un gran polo de atracción para visitantes de muy diversas procedencias e intereses. Y sus rascacielos son, sin duda, uno de los principales reclamos. Siempre lo han sido. Aquí nacieron.

Chicago es un estallido en el ya largo ciclo de la arquitectura contemporánea. “En Europa, las formas modernas tienen un origen de gran carga intelectual y un acomodo difícil en unas tramas urbanas muy consolidadas por la historia. En la capital del medio oeste americano se aúnan en esta arquitectura fundacional de la ciudad contemporánea (edificios de oficinas en altura para trabajar y casas residenciales para vivir) un romanticismo ingenuo con un pragmatismo técnico y financiero que, en cierto modo, han marcado el carácter de la mejor arquitectura norteamericana hasta nuestros días”, comenta el arquitecto José Ángel Vaquero, acompañante de lujo en este paseo por la ciudad.

Situada en el estado de Illinois, es quizá la más históricade todas las urbes modernas

El gran incendio de 1871 la destruyó y se llevó por delante la vida de muchos de sus habitantes. Pero su inmediata reconstrucción la situó entre las grandes urbes estadounidenses, no solo desde el punto de vista arquitectónico, sino también económico y cultural. Y hoy mantiene ese empuje.

Los estudios Burnham & Root, Adler & Sullivan, Holabird & Roche o Le Baron Jenney (que construyó el primer rascacielos), entre otros, fundaron la legendaria Escuela de Chicago, que hizo del loop (centro financiero y bulliciosa zona de teatros, tiendas y restaurantes) un lugar poderoso y a la vez entrañable; no se puede negar su belleza.

El estilo Chicago se exportó a la mayoría de las ciudades americanas (hay que recordar que el famoso Flat Iron neoyorquino es de filiación chicagoan).

Parque del Milenio, en Chicago.
Parque del Milenio, en Chicago.

Ciento y pico años dan pedigrí. Y Chicago es quizá la más histórica de todas las ciudades modernas: lo moderno convertido en clásico. A ella están ligados dos colosos del arte moderno: Frank Lloyd Wrigth (genuinamente americano, su casa en Oak Park, construida en 1889, es una visita obligada), y Mies van der Rohe (un alemán trasplantado a Estados Unidos que redefinirá la ciudad con sus elegantes prismas de acero y vidrio).

Pero la llamada segunda ciudad (después de Nueva York) y ciudad del viento no se acaba en su famosa escuela. La otra, la escuela económica –la que nos ha empujado hacia donde estamos, recordemos a los Chicago Boys de los años ochenta– domina hoy sobre la artística, mucho más romántica, aunque es cierto que gracias a ella se convirtió en el centro de la arquitectura contemporánea.

En realidad, la historia de esta ciudad está plagada de aportes a la industria, el comercio (es el primer mercado del mundo en materias primas agrícolas), las ciencias, las artes visuales, el cine, el teatro...

La ciudad del estado de Illinois sigue siendo un gran centro creativo y una gran potencia económica e industrial. Es la urbe vibrante que encarna como ninguna el espíritu emprendedor y dinámico de la sociedad estadounidense. Merece la pena conocerla.

Guía para el viajero

Baño en la fuente de Jaume Plensa.
Baño en la fuente de Jaume Plensa.

Cuna del blues. Además de ser conocida hoy como la ciudad donde residió durante años la pareja que ocupa la Casa Blanca (hay tours para visitar su barrio, Hyde Park, a orillas del lago), o de ser recordada por su pasado violento (también hay excursiones que recorren los escenarios del más conocido mafioso de la historia, Al Capone), Chicago es la cuna del blues. Para los aficionados a este género es obligado acudir al club Buddy Guy’s Legends.

Al aire libre. Tras inviernos gélidos, el verano es una explosión. Es el momento de disfrutar de los espléndidos parques. El del Milenio, con escenarios, paseos, museos y esculturas, hace honor a la tradición de Chicago como la ciudad que más ha aportado al desarrollo de la arquitectura y el paisaje urbano moderno. Allí se encuentra The Crown Fountain, la obra del artista catalán Jaume Plensa. El lago y sus playas son otra opción.

La mejor pizza. Para reponer fuerzas nada mejor que la famosa pizza de Chicago, una delicia contundente. La original está en Pizzería Uno (Ohio Street, 29).