Juan Carlos I cede el testigo a su hijo

Felipe VI inicia "una nueva monarquía para un tiempo nuevo"

Se despide en las cuatro lenguas oficiales y defiende que "unidad no es uniformidad"

Reclama que los "ciudadanos sean el eje de la acción política"

Pide impulsar la innovación, la capacidad creativa y el emprendimiento

El Rey Felipe VI, durante su discurso en el acto de proclamación ante las Cortes Generales del Rey Felipe VI, en presencia de Doña Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía y cerca de mil invitados entre miembros de la Familia Real, parlamentarios, ministros, presidentes autonómicos y expresidentes del Gobierno.
El Rey Felipe VI, durante su discurso en el acto de proclamación ante las Cortes Generales del Rey Felipe VI, en presencia de Doña Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía y cerca de mil invitados entre miembros de la Familia Real, parlamentarios, ministros, presidentes autonómicos y expresidentes del Gobierno. EFE

"No tengan dudas de que sabré hacer honor al juramento que acabo de pronunciar y de que encontrarán en mi a jun Jefe del Estado leal y dispuesto a escuchar, a comprender, a advertir y a aconsejar; y también a defencer siempre los intereses generales".

Así se presentó ayer ante los españoles el Rey Felipe VI tras jurar fidelidad a la Constitución, en el Congreso de los Diputados, ante su madre la reina Sofía, su hermana la infanta Elena, los miembros del Parlamento, el Gobierno en pleno, los presidentes autonómicos, los ex presidentes del Ejecutivo y otras autoridades e invitados personales como los padres y abuela de la ya Reina Doña Letizia. Y se proclamó, en dos ocasiones, al frente de "una Monarquía renovada para un tiempo nuevo".

El nuevo monarca comenzó enumerando sus principios entre los que defendió en varias ocasiones el papel de la organización monárquica y su pervivencia futura. De hecho aseguró su "convicción personal de que la Monarquía Parlamentaria puede y debe seguir prestando un servicio fundamental a España".

De este modo quiso destacar su papel vertebrador de la sociedad al indicar que la neutralidad política de la Corona y su "vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad del sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser caude para la cohesión entre los españoles".

Tras las irregularidades que han salpicado a su hermana, la infanta Cristina --que fue una de las grandes ausentes del acto de hoy-- Felipe VI apeló a ejemplaridad de la Corona que, según dijo, "debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello, velar por la dignidad de su institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente". Y continuó: "hoy más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren nuestra vida pública".

Cinco ovaciones

El discurso del nuevo monarca fue interrumpido hasta cinco veces por los aplausos de las autoridades e invitados asistentes al hemiciclo. La primera de estas veces se produjo al inicio de su intervención, al agradecer "con gran emoción y respeto" el "reinado excepcional" de su padre, el Rey Juan Carlos que "nos convocó a un gran proyecto de concordia nacional que ha dado lugar a los mejores años de nuestra historia contemporanea".

Seguidamente, la segunda ovación fue para la mención a su madre, la Reina Sofía de la que ensalzó "su dedicación y lealtad al Rey Juan Carlos, su dignidad y sentido de la responsabilidad" y su entrega a España. Así confió en que "podamos seguir contando muchos años con su apoyo, su esperiencia y su cariño". La madre del Rey respondió a este agradecimiento emocionada lanzándole un cariñoso beso al aire.

La tercera ocasión en la que se interrumpió su discurso fue en la referencia que hizo a sus hijas. Para ello agradeció a sus padres y maestros su "educación desde niño" de "fidelidad a la Constitución" y anunciar que "en esos mismos valores de libertad, de responsabilidad, de solidaridad, y de tolerancia, la Reina y yo educamos a nuestras hijas, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía".

Finalmente, la intervención del monarca tuvo otras dos ovaciones espontáneas cuando Felipe VI recordó "con un inmenso respeto" a "todos aquellos que, victimas de la violencia terrorista, perdieron su vida o sufrieron por defender nuestra libertad". Y, finalmente, en una de las varias defensas que hizo de la pluralidad y unidad de España y al "diálogo entre españoles", que así lo han reclamado "escritores tan señeros como Antonio Machado, Espriu, Aresti o Castelao.

Dicho todo esto, también habló de forma implícita de cual puede ser el alcance de su intervención en la actualidad política al concretar que deberá "atenerse al ejercicio de las funciones que constitucionalmente le han sido encomendadas y, por ello, ser símbolo de la unidad y permanencia del Estado, asumir su más alta representación y arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones".

Crisis y falta de dignidad

Si bien el monarca volvió a insistir en que las personas de su generación y él el primero, asprian a "revitalizar nuestras instituciones" y a "una España en la que se puedan alcanzar acuerdos entre las fuerzas políticas sobre las materias y en los momentos en que así lo aconseje el interés general".

También ensalzó en varias ocasiones a la sociedad española en general y transmitió su "cercanía y solidaridad a todos aquellos ciudadanos a los que el rigor de la crisis económica ha golpeado duramente hasta verse heridos en su dignidad como personas". En este punto lanzó un mensaje de esperanza, en especial a lo más jóvenes, "de que la solución de sus problemas y en particular la obtención de un empleo, sea una prioridad para la sociedad y para el Estado.

El guiño esperado a las lenguas históricas de la Constitución no llegó hasta el final, cuando Don Felipe VI cerró su intervención con un: "muchas gracias, moltes gracies, eskerrik asko y moitas grazas". A lo que siguió una cerrada ovación del hemiciclo que, sin embargo, no fue tan aplaudida por los presidentes de Cataluña, Artur Mas, y el País Vasco, Iñigo Urkullo que tras un tímido aplauso apenas perceptible dejaron inmediatamente de ovacionar al nuevo Rey.