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Entrevista con Clemente González Soler »

“Alibérico quiere crear un motor industrial en Huesca”

Clemente González Soler, presidente de Alibérico.

Compra empresas en dificultades para reflotarlas; reinvierte sus beneficios, y carece de deuda bancaria. Además, el gigante español de la transformación del aluminio Alibérico lanzó en 2011 un plan de internacionalización que promete triplicar en tres años la actual cifra de ingresos, hasta los 800 millones. Su presidente y fundador, el ingeniero aeronáutico gallego Clemente González Soler dirigió Alcan en España. Ya por libre, ha colocado sus planchas Larson en fachadas de medio mundo y su aluminio está presente tanto en el el catering que se sirve en un avión como en la tapa de un yogur o el envoltorio de un bombón. Sobre su mesa, el proyecto de apertura de una fábrica en Australia este mismo verano, y adquirir la quebrada planta de Alcoa en Sabiñánigo (Huesca).

Pregunta. Quiere tener una fábrica de aluminio en España para ganar acceso directo a la materia prima. Han pujado por la de Alcoa en Sabiñánigo (Huesca) y compite con dos ofertas más, ¿espera el desenlace a corto plazo?

Respuesta. Una pata de negocio del grupo es la de hoja fina y envasado, para la que tenemos varias fábricas y donde somos compradores de hoja fina de aluminio para transformar. La administración concursal ha seleccionado nuestra oferta para adquirir la antigua planta de Inespal, luego de Alcoa y por último del fondo Bavaria, en Sabiñánigo. Incluso recomendó la propuesta de Alibérico por razones técnicas y financieras. Espero que el juez adjudique la planta entre finales de este mes y primeros de abril. Comprarla es fácil, lo difícil es hacerla rentable.

P. ¿Qué propone?

R. Tenemos 40 años de experiencia y sabemos reflotar empresas. Este caso es parecido al de Inespal Conversión, compañía que compramos a la Sepi en 2001. Esta última, en Linares, ha sido reflotada y junto al centro de producción hemos levantado dos plantas más.

Para Sabiñánigo queremos multiplicar la producción por tres, desde sus actuales 8.000 toneladas al año. Si nosotros compramos, vamos a crear un motor industrial de desarrollo y creación de empleo en Huesca.

P. ¿Por qué dejó de funcionar la planta de Sabiñánigo?

R. Debe producir 150 toneladas por persona y año, y está en unas 80. Al mismo tiempo se han disparado sus costes laborales, que están un 70% por encima del convenio del metal. Hay que recuperar productividad, ajustar los costes laborales a los del convenio provincial y ampliar la gama de productos. Eso se logra integrando la planta en una organización internacional que abra mercados a la producción. Ya hay clientes que han confirmado que duplicarán sus pedidos si la compra Alibérico.

P. Su grupo se mueve en una cifra de negocio de 250 millones y pretende superar los 800 millones en 2017. ¿Cómo lo hará?

R. Principalmente fuera de Europa, en zonas de influencia dólar, y a través de nuestras fábricas de composite de aluminio, bajo el paraguas de la filial Alucoil. Ahí donde somos tercer productor del mundo [tras Mitsubishi y 3A] y nuestro plan debería alzarnos al liderazgo mundial en tres años. Nuestras plantas están en España, EE UU, Brasil y Marruecos, y abriremos en agosto en Australia. Hoy destacamos por gama y calidad, pero también queremos hacerlo por cuota de mercado y pasar del cinco y pico actual al 10% global en paneles composite de aluminio.

P. ¿Dará entrada a nuevos socios?

R. No. El único accionista soy yo y en lugar de repartir dividendos reinvierto en mi empresa.

P. ¿Ha calculado lo que le costará ese liderazgo?

R. Es un tema más de despliegue comercial que de inversión en planta, donde ya hemos actuado. Nuestro trabajo ahora es convertirnos en la primera opción para los arquitectos y empresas de ingeniería. Puedo decirle que nuestros paneles Larson están ya en edificios singulares de todo el mundo. Además, hemos situado nuestros paneles Larcore en el sector del transporte e industria. Se trata del único panel del mundo que se fabrica en continuo, por lo que podemos hacer el suelo de un vagón de tren en una sola pieza. En nuestra planta de Miranda de Ebro (Burgos) producimos paneles tan grandes como puedan ser transportados y ya somos proveedores de varias navieras, de Talgo, Bombardier, Vossloh o Schindler.

P. Les queda producir en Asia...

R. Fallamos en una alianza que tuvimos con un socio local en India. Ahora estoy convencido del atractivo de Indonesia, por su crecimiento al 7%, sus 240 millones de habitantes, las comunicaciones y la estabilidad política y jurídica. Pero hoy nuestro reto es arrancar la planta de Melbourne (Australia), asentamiento desde el que atenderemos lo que allí llaman Australasia. Esa será la única fábrica de paneles de aluminio de Oceanía y el Pacífico Sur.

P. Abrieron el año pasado en Brasil. ¿Cómo es la experiencia?

R. Complicada. No le escondo que estoy preocupado por el entorno económico de Brasil. Se habla de una cierta burbuja, y creo que va más allá del sector inmobiliario. Ese país podría tener problemas en los próximos dos años pese a que no niego que sea una potencia, un mercado gigante desde el que pensamos proveer a toda Latinoamérica.

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