El nivel del euro condiciona la base de la recuperación en España
El presidente del BCE, Mario Draghi.
El presidente del BCE, Mario Draghi. EFE

La recuperación de la economía española, en manos de Draghi y Bernanke

La Reserva Federal estadounidense ha vuelto a demostrar esta semana su poderosa influencia sobre la evolución del dólar. El mes de octubre había sido caótico para la mayor economía del mundo, con quince días de cierre en el gobierno federal y un acuerdo in extremis y no definitivo para elevar el techo de deuda. Y la torpeza política, con un inevitable impacto en la economía, había provocado una nueva depreciación del dólar frente al euro, que llegó a alcanzar máximos en los dos últimos años, en los 1,38 dólares.

El mensaje lanzado este pasado miércoles por la Fed ha puesto freno a la apreciación del euro, al sugerir que el plan de retirada de estímulos –compras mensuales de deuda por 85.000 millones de dólares– comenzaría antes de lo que habían previsto los analistas, que habían retrasado su fecha de puesta en marcha a la vista del freno provocado sobre la economía por las disputas políticas en Washington.

El euro se aleja así de sus máximos pero, aun así, no deja de estar sobrevalorado frente al dólar. Y esto supone un obstáculo justo en el momento en que la zona euro empieza a apuntalar su recuperación económica, para lo que las exportaciones juegan un papel fundamental, en especial en economías como la española. “Las exportaciones de la zona euro crecen porque lo han hecho fuera de la zona euro. Antes de la crisis, el 70% de las exportaciones de este área se quedaban en la propia zona euro y ahora ese porcentaje ronda el 50%”, explica David Cano, de AFI.

En el caso de España, en julio de 2008 el 57% de las exportaciones iban dirigidas a países de la zona euro, y cinco años después ese porcentaje ha caído al 46,4%. Las empresas españolas se han visto abocadas a potenciar la internacionalización de su negocio ante el hundimiento del mercado doméstico. El tipo de cambio del euro se convierte por tanto en un elemento decisivo para el principal impulso que ahora tira de la economía española, las exportaciones y el turismo. Aunque por el momento no resulte una amenaza dramática.

“Un euro en niveles de 1,40-1,50 dólares de forma sostenible sí sería un problema. Y de cara al próximo año, lo normal será que la divisa comunitaria se deprecie”, apunta Marian Fernández, directora de estrategia de Inversis. Las esperanzas en esa depreciación, que sería un auténtico alivio para las exportaciones españolas y comunitarias, se basan en la retirada paulatina de las compras de deuda por parte de la Fed, que ha alimentado con sus estímulos la debilidad del dólar frente al euro. Así, frente a la inactividad de un BCE poco inquieto por la fortaleza de su divisa en un entorno de crisis, la Reserva Federal no ha dudado en intervenir en favor del crecimiento económico, aunque haya sido a costa de inundar los mercados de una liquidez que ha debilitado al billete verde.

El fin de esos estímulos será el punto de inflexión para el juego de fuerzas de las divisas. En este contexto, en Royal Bank of Scotland auguran que el euro se depreciará desde los niveles actuales –de 1,348 dólares el viernes– hasta los 1,317 al cierre del actual trimestre y a los 1,20 dólares a finales del año próximo. Un nivel más próximo al punto de equilibrio que debería tener el euro frente al dólar en opinión de los expertos. AFI lo sitúa en los 1,23 dólares por euro e Inversis en un rango de entre 1,25 y 1,35 dólares.

Aun así, y pese a la innegable influencia que tendrá la Fed en la evolución del dólar –y por extensión en su cambio con el euro–, los expertos también advierten de fuerzas que alimentarán la fortaleza del euro en los próximos meses, para desvelo de las exportadoras europeas y españolas. Hasta ahora, la fuente de subidas para el euro había estado sostenida en gran parte por la actitud de la Reserva Federal, sin reparos a la hora de alimentar un dólar débil con sus compras de activos denominados en esa divisa.

Es decir, la apreciación del euro estaba impulsada por un efecto contraste, por eliminación frente a la pasividad del BCE, con la paradoja de que la zona euro tenía una divisa relativamente fuerte mientras vivía con crudeza una crisis de deuda soberana que ponía en jaque precisamente la supervivencia de la moneda. Así, el euro llegó a marcar los 1,48 dólares en mayo de 2011, cuando empezaba a arreciar el azote vendedor en la periferia europea.

Sin embargo, esta vez, y a diferencia de ocasiones anteriores, la apreciación de la divisa comunitaria viene también avalada por un entorno de recuperación económica en la zona euro y por la reactivación de la inversión estadounidense en la región, un factor que inevitablemente anima a la divisa. En el último año, los inversores de EE UU han realizado compras de acciones europeas por 180.000 millones de dólares, mientras que han deshecho posiciones en acciones estadounidenses en 56.000 millones de dólares en los últimos tres meses, de los que una parte muy importante ha ido a parar a Europa, según explica Pedro Servet, responsable de divisas de Citi en España. Operaciones corporativas como la entrada de Bill Gates en el capital de FCC_o la compra por parte de la estadounidense Crown Holdings de la murciana Mivisa por 1.200 millones de euros son muestra de ello. “Estamos viendo flujos de entrada de capital en euros que ni siquiera se cubren contra el riesgo de tipo de cambio”, añade Servet. Una observación de la que toman nota en el tejido exportador español.

“La apreciación del euro es un freno a la recuperación económica y puede convertirse en un problema porque no es sostenible seguir bajando más aún los costes de producción”, advierte Robert Tornabell, profesor de ESADE. Y el experto alude a las dificultades que ya encuentran multinacionales exportadoras como Alstom o Nissan en sus plantas en Cataluña. “Los actuales niveles del euro son un handicap que resta competitividad justo cuando la economía está diversificando más su mercado”, añade Ángel Laborda, director de conyuntura de Funcas, que apunta que la apreciación de la divisa europea afecta de forma muy distinta a la actividad exportadora según el país del que se trate.

“Alemania exporta productos con mucho margen y poca competencia internacional. La tecnología alemana o los coches Mercedes cuentan con un valor añadido que resiste el alza del euro”, añade. Y, como ha quedado de manifiesto durante la crisis, si Alemania resiste, el resto de países de la zona euro debe resignarse a aceptar su suerte.

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