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Harley, el rugido ‘made in USA’

Con 20 años, William Harley diseñó en 1901 un motor que podía ajustarse a una bicicleta Las motocicletas de la marca participaron de la expedición para capturar al caudillo mexicano Pancho Villa

Los primeros representantes comerciales estuvieron en Nueva Inglaterra, en el noreste de Estados Unidos.

En 1916, el oficial del Ejército de Estados Unidos John Black Jack Pershing lideraba una expedición en el sur del país para acabar con las redadas del caudillo mexicano Pancho Villa, que dominaba el norte de la nación latinoamericana. En ese inhóspito territorio, el militar pensó que sus hombres necesitaban un vehículo que les diera rapidez y flexibilidad para hacer frente a los esquivos mexicanos. En marzo de ese año, una fábrica de motocicletas de Milwaukee (Wisconsin), recientemente inaugurada por William Harley y los tres hermanos Davidson, recibió una orden del Ejército para enviar 12 vehículos a la frontera de manera inmediata.

El resultado de la expedición es conocido. Las Harley-Davidson que utilizaron los soldados no fueron suficientes para capturar a Pancho Villa. El sonado fracaso, sin embargo, no impidió a Pershing convertirse poco después en general de los Ejércitos y comandar las tropas estadounidenses en Europa durante la Primera Guerra Mundial. Para el fabricante de motocicletas, el episodio también estuvo lejos de significar la ruina. Por el contrario, fue el inicio de un largo camino de colaboración con las Fuerzas Armadas de su país y un hito en la historia de una empresa que ha mantenido su liderazgo por más de 110 años.

Todo comenzó en 1901, cuando Harley, de 20 años, terminó de dibujar un motor que podía ajustarse a una bicicleta. En una caseta de madera cuya superficie no superaba los cuatro metros cuadrados, el joven y su amigo Arthur Davidson se arremangaron y pusieron manos a la obra. En 1903 habían fabricado las tres primeras motocicletas Harley-Davidson. Cuatro años más tarde, el negocio estaba en marcha. Los hermanos de Arthur se habían sumado como socios, la empresa contaba con seis empleados permanentes y empezó a reclutar representantes comerciales.

La FX Super Glide de 1971.

En 1912 comenzó la construcción de una nueva fábrica en la avenida Juneau de Milwaukee, donde la compañía mantiene su sede hasta la actualidad. Faltaban dos años para el estallido de la Primera Guerra Mundial. El conflicto fue una gran oportunidad para Harley-Davidson. Unas 17.000 motocicletas de la marca llegaron a Europa durante esos años. En 1918, un día después de la firma del armisticio, una fotografía congeló la imagen del primer estadounidense en entrar en territorio alemán. El cabo Roy Holtz conducía una Harley cerca de la frontera belga.

En los años veinte, Harley-Davidson era el mayor fabricante de motocicletas del mundo. Pero la depresión que siguió al crac de Wall Street de 1929 fue un duro golpe para la industria. La Segunda Guerra Mundial significó un nuevo impulso. Entre 1941 y 1945 quedó prácticamente suspendida la producción con fines civiles. Unas 90.000 unidades llegaron a manos de los aliados. En la empresa están convencidos de que los soldados que por primera vez sintieron el rugir de una Harley no olvidaron la experiencia y ayudaron al prestigio de la marca en los años que siguieron.

La empresa tuvo vocación internacional desde sus inicios. La primera exportación se hizo en 1913. El destino fue Japón, un país que varias décadas más tarde se convirtió en un dolor de cabeza. La competencia de las motocicletas fabricadas en el país asiático era una amenaza seria a principio de los años ochenta. Con el argumento de que los japoneses vendían los vehículos por debajo del valor de mercado, la empresa de Milwaukee consiguió que, en 1983, el Gobierno estadounidense estableciera unos aranceles destinados a durar cinco años. En Harley-Davidson se enorgullecen de haber solicitado el fin de las barreras un año antes de que venciera el plazo. La compañía se sentía lo suficientemente fuerte como para competir sin ningún tipo de protección.

Su fortaleza no ha menguado. Una de cada tres motos de gran cilindrada en el mundo es hoy una Harley-Davidson, según datos de la propia compañía. Los 250.000 aficionados que celebraron el centenario de la empresa, en 2003, demostraron que, quienes compran una Harley, se sienten fans antes que clientes. La marca se ha vuelto tan potente como el rugido de sus motocicletas.

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