La OMT continúa sobrevolando el Viejo Continente
Expansión de los balances de los bancos centrales Ampliar foto
Expansión de los balances de los bancos centrales

Sorpresa: el BCE es el que más dinero ha prestado a los bancos

Las críticas a las medidas adoptadas por el BCE han sido una constante desde el estallido de la crisis. Mientras la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra se lanzaron en masa a la compra de deuda pública, el encargado de la política monetaria de la eurozona ha sido más conservador en la batería de iniciativas adoptadas para calmar el incendio vivido en el mercado de deuda.

La rebaja de tipos por parte del BCE ha sido más progresiva y suave que la de la Fed o el regulador británico. En concreto, estos últimos mantienen el precio del dinero en sus mínimos históricos desde finales de 2008 y comienzos de 2009, respectivamente. Durante el mandato de Jean-Claude Trichet el BCE permaneció aferrado al control de los precios y a pesar de rebajar los tipos en reiteradas ocasiones no ha sido hasta la llegada del Mario Draghi cuando el precio del dinero en la zona euro ha alcanzado sus cotas más bajas.

Sin embargo, no es en los tipos donde estriba la gran diferencia entre las políticas de los bancos centrales sino en la composición de su balance. Tal y como aparece recogido en un estudio elaborado por el Banco de España tanto la Fed como el Banco Inglaterra, desde 2009 hasta la actualidad, han intensificado la adquisición de deuda y han recortado el préstamo de dinero directo a la banca. El BCE, por su parte, se ha movido en otra dirección y, junto a las subastas semanales, quinquenales y trimestrales, ha puesto en marcha medidas no convencionales que han supuesto una fuerte inyección de liquidez a las entidades. Es en este apartado donde las LTRO celebradas en diciembre de 2011 y febrero de 2012 han jugado un papel destacado.

Así las cosas, y según lo publicado por el supervisor español, la Fed dispone hasta la fecha de 3 billones de dólares (2,27 billones de euros) en deuda; el Banco de Inglaterra, de 400.000 millones de libras (464.000 millones de euros) y el BCE, de 1,3 billones de euros en bonos de la eurozona.
En el lado de la liquidez, el supervisor europeo ha entregado 700.000 millones de euros mientras que los otros dos desde 2009 han reducido el traspaso de dinero a niveles próximos a cero.

En el plano de la deuda, el BCE, que desde mediados de 2011 se ha mantenido constante en su política de no adquisición de bonos (el denominado programa OMT), se ha limitado a advertir que utilizaría este mecanismo si era necesario. El hecho de saber que ningún país caerá y que en el momento que algún Estado presente problemas de financiación contará con el apoyo de Draghi ha sido razón suficiente para que en apenas un año la prima de riesgo de países como España e Italia se haya reducido a la mitad desde los máximos marcados el 24 de julio de 2012.

El objetivo de la megainyección de un billón de euros a las entidades de la zona euro era, por un lado, evitar el colapso en un momento en que el mercado interbancario estaba cerrado a cal y canto (los bancos desconfiaban unos de otros y no se prestaban dinero) y, por otro, ayudar a que el crédito fluyera a la economía real. Meses después se comprobó como ninguno de los dos propósitos se ha alcanzado. Los bancos todavía se muestran reticentes a la hora de prestarse dinero entre ellos y el grifo del crédito continúa restringido hasta tal punto que el regulador está estudiando nuevas alternativas. La relajación de las garantías para acceder al dinero del BCE es una de las últimas decisiones adoptadas al respecto.

17 países y dos velocidades

La dificultad de coordinar la política monetaria de los 17 países miembros es identificada como una de las razones que explican la tardanza del regulador a la hora de adoptar las decisiones. La existencia de dos Europa a velocidades diferentes, con Francia y Alemania tirando de la economía, y la periferia sufriendo las consecuencias de los desequilibrios, así como las presiones del Bundesbank y su rechazo a la mutualización de la deuda, han dificultado aún más la situación. La unión fiscal y bancaria, prevista para los próximos meses, se convierte en un requisito indispensable para terminar una vez por todas con el vínculo entre riesgo bancario y riesgo soberano.

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