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La formación profesional dual »

La FP, de futuro perdido a prometedor

La formación profesional que combina clases en el instituto y prácticas en la empresa reduce los costes y riesgos de selección de las compañías y mejora las probabilidades de contratación de los jóvenes

En los años cincuenta era común que cuando un niño iba mal en la escuela, sus profesores le advirtieran que si no mejoraba su rendimiento, no tendría más remedio que ir a FP: futuro perdido, una broma de mal gusto cuyo trasfondo subsiste.

Mientras que en países como Reino Unido, Francia, Alemania y Suiza la formación profesional (verdadero significado de las siglas FP) ha disfrutado siempre de un elevado prestigio social, aquí ha sido subestimada por considerársela el destino de los menos aplicados o los que por motivos económicos no pueden permitirse unos estudios universitarios.

Pero ahora que la mitad de la población juvenil en edad de trabajar está desempleada, la FP parece haber sido redescubierta como un sistema cuyo relanzamiento es esencial para facilitar la incorporación de los jóvenes en el mercado laboral.

En noviembre del año pasado, el Gobierno aprobó un decreto que establece las bases para la implantación progresiva en España de la formación dual, una nueva modalidad de FP que permite a los estudiantes alternar su tiempo entre clases teóricas en el centro educativo y prácticas laborales en una empresa.

La norma establece que la formación, inspirada en el modelo alemán, puede llevarse a cabo de dos maneras: en el ámbito laboral, a través de un contrato para el aprendizaje y la formación, dirigido a jóvenes de entre 16 y 30 años que no han terminado sus estudios o están en el paro, o en el ámbito educativo, a través de convenios de colaboración entre los centros y las empresas. Esta última modalidad está dirigida a estudiantes de cualquiera de las familias de los ciclos formativos de grado medio o superior.

En la primera modalidad, el contrato tendrá una duración mínima de un año y máxima de tres, el joven recibirá un salario fijado en convenio colectivo y el tiempo que pasará en el taller no podrá ser superior al 75% de la jornada durante el primer año o al 85% durante el segundo y tercero. Además, estará asegurado contra desempleo y accidentes laborales. En la segunda modalidad, el alumno podrá estar becado por la empresa,la Administración pública o un tercero (fondos europeos, fundaciones, etc.) y estará protegido por el seguro escolar.

La fórmula aprender haciendo no es del todo nueva en España, donde ya la reforma educativa de los años noventa introdujo el módulo de Formación en los Centros de Trabajo (FCT). Esta consiste en un periodo de prácticas obligatorias que el alumno debe realizar al final de sus estudios durante 10 o 20 semanas dependiendo del título.

Pero la FP dual va más allá porque en ella el periodo de prácticas es mayor: entre uno y tres años, durante los cuales el alumno pasa más de la mitad de su horario lectivo enla compañía. Además, la empresa deberá coordinar con la escuela el programa de formación y asignar un tutor al aprendiz.

 “La FCT fue en su día un gran avance porque permitió que los alumnos se acercasen a la realidad empresarial, pero consta de pocas semanas y no son más que unas prácticas. El sistema dual, en cambio, es un proceso formativo total en el que la empresa se tiene que implicar en serio”, afirma Walther von Plettenberg, director gerente de la Cámara de Comercio Alemana para España.

Javier Carrasco, secretario estatal de organización del sindicato de profesores ANPE, coincide en que la norma constituye un buen punto de partida para reducir el fracaso escolar y aumentar la inserción laboral de los jóvenes. “Los programas de FCT no siempre se han cumplido porque no todas las empresas se lo han tomado en serio ni han asignado al profesional idóneo para tutelar las prácticas de los alumnos. Con la FP dual, esos defectos se pueden corregir”, añade.

La norma contempla reducciones en las cuotas ala Seguridad Social para las firmas que participen en el programa, las cuales se mantendrán tres años más si al finalizar la formación el contrato pasa a indefinido. En ese sentido, el sistema de España se diferencia del modelo de Alemania, donde las compañías no reciben ninguna bonificación. “Aquí, como es algo nuevo, viene muy bien. No obstante, la bonificación debe ser solo un incentivo. De ninguna manera debe ser la motivación principal para contratar”, advierte el director dela Cámara alemana.

Desde la publicación del decreto, 13 comunidades autónomas han introducido esta modalidad dentro de su oferta académica: Asturias, Balearias, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura, Galicia, Madrid, Murcia, Navarra, País Vasco yLa Rioja, a las que dentro de poco se les sumarán Aragón y Comunidad Valencia.

Experiencias

BASF, por ejemplo, ha lanzado un programa en Cataluña. Los jóvenes recibirán clases en el Instituto Comte de Rius de Tarragona y realizarán prácticas en la fábrica que el grupo tiene en esa localidad y en la sede central de Ludwigshafen, Alemania. “Hasta hoy hemos recibido 339 candidaturas que pasarán por un proceso de selección en nuestro departamento de recursos humanos y la dirección del instituto”, comenta Erwin Rauhe, consejero delegado de BASF Española.

El plazo de recepción de CV finalizará el 30 de este mes. Los alumnos que superen con éxito el programa optarán a puestos vacantes como operador de planta química de BASF en Alemania.

Otro caso es el de Siemens, que, en convenio con la Consejeríade Educación dela Comunidad de Madrid, ha puesto en marcha un programa de FP en Mecatrónica Industrial, en el que se han matriculado 16 alumnos. Sin embargo, el grupo lleva desarrollando programas de este tipo en España desde 1982. Por estos cursos han pasado más de 300 estudiantes, algunos de los cuales ocupan ya puestos relevantes dentro de la compañía.

Al menos 39 filiales de grandes corporaciones alemanas –entre las que destacan BMW, GlaxoSmithKline, Mercedes-Benz, Bayer, Lufthansa y Thyssenkrupp– disponen de ofertas similares en Madrid y Barcelona en convenio conla Asociación Hispano Alemana de Enseñanzas Técnicas (ASET). “El modelo dual contribuirá a que el nivel formativo de los jóvenes se incremente cualitativamente y aumenten sus posibilidades de contratación”, asegura Rauhe.

Las ventajas

Los defensores del sistema destacan que las empresas que participan en la formación dual pueden imprimir al contenido curricular su particular enfoque de las habilidades o conocimientos que un joven debería adquirir para formar parte de su plantilla, lo que a su vez hace posible que al final del proceso se vean motivadas a contratarlo de manera indefinida.

 “La FP conlleva una reducción de costes en la selección de personal. Cuando finaliza la formación, la empresa ya sabe si quiere contar o no con esa persona. En Alemania, en el 90% de los casos, las compañías se quedan con los técnicos que han formado, es decir, se garantizan un personal especializado”, precisa Plettenberg.

El sistema reduce los riesgos de selección porque al final de las prácticas el aprendiz no está obligado a seguir ni la empresa a contratarlo. Si a los dos o tres años el joven ve que le gusta la organización, postulará a quedarse en ella. Pero si por lo que sea no se siente a gusto, podrá dejarla y no quedará mal. No le habrán echado, simplemente habrá terminado su formación y optado por hacer otra cosa. Y lo mismo para la empresa: si no está convencida de que el muchacho se ha adaptado a ella, podrá prescindir de él al término del curso.

“Muchas veces el joven que empieza a formarse a los 16 o 17 años todavía no sabe lo que quiere hacer con su vida. Yo, por ejemplo, hice mi FP en banca, pero cuando la terminé me di cuenta de que trabajar en un banco no era lo que quería, así que postulé ala universidad. Pero necesité esos dos años para aclararme. La FP dual aumenta la probabilidad de que el joven acierte con su empleo”, explica Plettenberg.

Por último, el joven recibe desde el primer día un sueldo que, aunque modesto, le viene bien para los gastos propios de su edad. En Alemania el salario se acuerda en los convenios sectoriales o de empresa y varía mucho según el oficio. Un alumno que aspira a obtener el título de peluquero puede ganar unos 320 euros al mes el primer año y hasta 500 en el tercero, mientras que un alumno que se forma como empleado de banca puede percibir unos 600 euros mensuales en el primer año y hasta 800 en el tercero.

La región donde se imparte la formación también influye mucho. En una zona del este de Alemania, por ejemplo, un aprendiz de hostelería puede cobrar un 30% o 40% menos que en Hamburgo. Aun así, el salario no suele ser un tema de discusión. “Un joven en formación no es un trabajador con un salario bajo. Es un joven que se quiere formar, con lo cual recibe una remuneración discreta, pero socialmente aceptada”, aclara Plettenberg.

A manera de referencia, en la Comunidad de Madrid, las empresas que han suscrito convenios de colaboración con los centros participantes becarán a los alumnos con 450 euros mensuales durante el curso 2012-2013.

Las dudas

La principal duda que asalta a los expertos es si un modelo dual como el alemán es replicable en un país donde el grueso del tejido empresarial está compuesto por compañías con menos de 10 trabajadores. “Un problema que tenemos los centros es la dificultad para encontrar compañías donde los alumnos puedan hacer sus prácticas. En sanidad no hay problema porque existen muchas clínicas, pero en otros sectores, como comercio, por ejemplo, es muy complicado”, dice Antonio Redero, secretario de Enseñanza Pública y FP del sindicato FETE-UGT.

Plettenberg argumenta que en España hay unas 3,2 millones de compañías, de las cuales microempresas (hasta nueve trabajadores) son 1,3. Pero entre pequeñas, medianas y grandes suman 150.000 empresas que, en teoría, podrían participar en el programa. “En Alemania, las pymes y microempresas también forman. El taller o la peluquería de dos empleados pueden perfectamente tener un aprendiz de mecánico o peluquero. El ser muy pequeño no tiene por qué suponer una desventaja para el alumno que, de esta forma, aprenderá del maestro o tutor, que es el panadero jefe o el mecánico jefe”, sostiene.

Pero la experiencia del País Vasco es demoledora al respecto. En 2007, el Gobierno autonómico lanzó el programa Ikasi eta Lan (estudiar y trabajar) que subvencionaba a fondo perdido a las empresas con 7.250 euros por alumno para los tres años de capacitación. Sin embargo, la iniciativa duró solo tres cursos por la gran dificultad para encontrar empresas que ofrecieran plazas de formación.

Redero se pregunta también qué pasará en comunidades como Extremadura, donde los sectores predominantes son la agricultura y ganadería. “En casos como ese habrá que facilitar que los jóvenes puedan hacer sus prácticas en otras localidades donde la red empresarial es más grande. De lo contrario, el acceso a la FP dual se va a limitar a una minoría en Madrid”, advierte. En Alemania, por ejemplo, el Estado complementa el salario de los jóvenes que hacen su FP en zonas alejadas de su lugar de origen, para que llegue a unos 800 euros mensuales.

Otro temor es que las empresas se aprovechen del sistema para sustituir personal asentado y bien remunerado con mano de obra joven, cualificada y barata, por lo que Carrascal advierte que las autoridades deberán controlar que los contratos sean lo más precisos posibles en cuanto a las responsabilidades de los aprendices y asegurarse de que se cumplan al pie de la letra.

El Gobierno sostiene que la FP dual ayudará a reducir el paro de los trabajadores sin formación, que alcanza el 57%, y de los que solo tienen educación primaria (38%) o no han completado la secundaria (15%). Sin embargo, Redero advierte que es un error pensar que por sí mismala FP va a conseguir todo eso. “Para aumentar las posibilidades de conseguir empleo de nuestros jóvenes, primero hay que crearlo porque por muy formados que estén, si no hay trabajo tendrán que seguir yendo a buscarlo fuera, con lo cual no habremos conseguido nada”.

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