Analiza cómo incentivar el crédito a pymes

El BCE combate la tentación de la liquidez sin límite

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi.
El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. EFE

El paso al frente dado por el Banco de Japón con el inicio de una política con la que va a duplicar la base monetaria del país en un plazo de al menos dos años es el último capítulo en la larga serie de medidas excepcionales puestas en marcha por los bancos centrales desde el inicio de la crisis. La decisión del Banco de Japón tiene una dimensión histórica para la institución y es muestra además de las serias dificultades de los países desarrollados para hacer crecer sus economías, con el agravante de que en el caso de la nipona esa parálisis dura ya más de dos décadas.

Japón se va a colocar ahora en cabeza en cuanto a la intensidad de los estímulos aportados por los bancos centrales a sus respectivas economías. Y es más, ha avivado el debate sobre el papel que pueden jugar las instituciones monetarias en la resolución de la crisis, apuntando directamente al Banco Central Europeo (BCE).

El BCE resiste como el único de los grandes bancos centrales que no ha sacado toda su artillería para reactivar la economía, aunque haya recurrido a fórmulas imaginativas con las que evitar salirse del objetivo supremo de su mandato: la estabilidad de los precios.

Recurrió a la compra de deuda soberana en el mercado secundario en mayo de 2010 para contener el incendio que devoraba a la deuda soberana de Grecia, Portugal e Irlanda y que amenazaba con extenderse a España e Italia. Lanzó dos inyecciones de liquidez para la banca a un plazo de tres años por más de un billón de euros –diciembre de 2011 y febrero de 2012– que blindaron a medio plazo la financiación de la banca europea, más allá de las subastas semanales con las que abastecer al sector desde que se secara el mercado interbancario, al inicio de la crisis. Y diseñó en agosto de 2012 un plan de compra de deuda soberana para países en apuros, a cambio de la petición previa de rescate a sus socios europeos y bajo la condición estricta del equilibrio presupuestario.

Pero a estas alturas del camino, y después de haber rebajado los tipos al mínimo 0,75% actual, el BCE sigue sin resolver el que es ahora uno de los problemas más acuciantes en la zona euro y, en especial, en economías como España e Italia: la denominada fragmentación del mercado financiero. En definitiva, las desiguales condiciones en las que empresas, en especial las pymes, y particulares se financian en la zona euro.

El mercado espera de Mario Draghi, presidente del BCE, una bajada de tipos de interés en los próximos meses pero no contempla sin embargo que la institución se salga del guión y reviente las costuras. Ni a pesar de las constantes presiones políticas –a favor de renovadas medidas no convencionales desde la periferia europea, que encuentran siempre el obstáculo de Alemania– ni del ejemplo de otros bancos centrales, que a menudo obligan al resto de vecinos a mover ficha. Si acaso, se puede esperar alguna medida dirigida a lograr que la mejora lograda en la financiación y capitalización de los bancos se traslade de una vez a la economía real, rompiendo así la citada fragmentación.

Draghi advirtió el viernes a propósito de la reanimación del crédito que no puede hacer mucho más de lo que ya está haciendo, aunque reconoció que reflexiona sobre las posibles vías de actuación. La solución al problema del crédito debe venir de la participación de los gobiernos y los bancos nacionales, aunque el BCE acabe por echar una mano. Una de las posibilidades es que la institución emule el plan que ya activó el Banco de Inglaterra y amplíe para la banca las garantías por las que aceptar el crédito a pymes como colateral con el que obtener liquidez.

Draghi no comprará deuda sin contrapartidas, pero sí puede cambiar los colaterales que pide a cambio de conceder liquidez”, señala Santiago Carbó, catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor Business School e investigador de Funcas, que recuerda que, de hacerlo con el crédito de la banca a las pymes, se introduciría también un nuevo elemento de riesgo en el balance de la institución con el peligro de impago de estos créditos.

Draghi ya ha advertido que una medida de este tipo en la zona euro tendría menor impacto que el visto en Reino Unido –con modestos resultados en cualquier caso– a causa de la mayor dependencia que tienen del crédito bancario las empresas a la hora de financiarse. Barclays señala que tendría “claramente más efectividad” un programa de apoyo a las pymes sostenido por el Banco Europeo de Inversiones con el respaldo técnico del BCE y de los bancos centrales nacionales en la asunción del riesgo de crédito.

“En el mandato del BCE sí hay margen de maniobra para cambiar el tipo de colateral que se acepta. Lo que decida, será por propia iniciativa del BCE, el Eurogrupo no puede darle instrucciones”, señala Federico Steinberg, investigador de economía internacional del Real Instituto Elcano, a pesar de las distintas fuerzas que tiran de la institución en sentidos opuestos. Después de todo, y a diferencia del resto de grandes bancos centrales, el BCE afronta la dificultad añadida de tener que regular no para un único país sino para 17.

Y con el firme propósito de controlar al máximo la liquidez que aporta al sistema –ha drenado siempre el importe de todas las compras de deuda hechas hasta ahora–. Así, en contraste de nuevo con otros bancos centrales y lejos de seguir aumentando, “el balance del BCE descenderá en la medida en que no se llegarán a activar las compras de deuda a cambio de petición de rescate”, auguran desde AFI. El mero diseño de esas compras, sin necesidad de activarlas, habrá servido entonces para apaciguar la deuda soberana europea, aunque aún quede la asignatura pendiente del estímulo del crédito necesario para salir de la recesión.

Fed: Conexión directa con la creación de empleo

La rebaja de tipos de interés para estimular la economía es el principal recurso del que disponen los bancos centrales en tiempos de crisis. La Reserva Federal lo agotó en diciembre de 2008, poco después de la quiebra de Lehman Brothers, cuando decidió un recorte del precio del dinero a una banda en mínimos históricos de entre el 0% y el 0,25%, donde siguen desde entonces. Y consumida esa fórmula, ha recurrido a incansables inyecciones de liquidez, a las que no piensa renunciar hasta que la tasa de desempleo en Estados Unidos descienda al 6,5%, según el pronunciamiento que realizó en diciembre del pasado año. Según el último dato del mes de marzo, el paro está ahora en la mayor economía del mundo en el 7,6%, frente al 7,7% de diciembre. El objetivo de la Fed está solo un poco más cerca, al tiempo que se suceden los indicadores macroeconómicos que apuntan a la consolidación de la recuperación de los estímulos monetarios. El momento de su retirada se acerca y, en opinión de Federico Steinberg, experto del Real Instituto Elcano, “podría llegar antes de lo pensado”. Su prolongación está siendo en cualquier caso el sostén de la recuperación bursátil de Wall Street, que ya recuperó los niveles perdidos con el estallido de la crisis y bate estos días nuevos récords históricos. Si la economía y los mercados serán capaces de avanzar sin el apoyo de Bernanke es la gran duda que queda para el paisaje posterior a la crisis.

Banco de Japón: ofensiva histórica para salir de la parálisis

En su recién estrenado cargo como gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, ha elevado el listón de lo hecho hasta ahora por los bancos centrales, aunque su plan sea todavía inferior en términos absolutos al programa de la Fed. Al término del programa de compras de deuda previsto –por un mínimo de dos años o un plazo superior si en ese tiempo no se ha logrado un objetivo de inflación del 2%– el total adquirido superará el 15% del PIB de Japón, frente al 5% que supondría la prolongación hasta 2014 del programa de compras de la Fed. Y el balance del Banco de Japón se habrá disparado entonces al 50% del PIB.

A finales de 2012, el tamaño del balance del Banco de Japón alcanzaba el 35% de la riqueza del país; el de la Fed y el BCE, el 20%. Si bien el de la Reserva Federal podría aumentar aún en cinco puntos, mientras que el del BCE, sin la activación de las compras del programa OMT, tenderá a menguar, según prevé AFI.

La apuesta del Banco de Japón por la inyección de liquidez ha revolucionado el mercado de divisas –el yen se ha depreciado más del 10% frente al euro en lo que va de año– y el de deuda. De hecho, el anuncio de las compras de deuda –a un ritmo de casi 400.000 millones de euros al año– llevó el primer día la rentabilidad del bono nipón a diez años a mínimos a una década. Y la caída está alimentando las compras de deuda soberana europea, también para alivio del BCE.

Banco de Inglaterra: plan de crédito a pymes con resultado modesto

El Banco de Inglaterra cambiará a su máximo responsable en el mes de julio. El actual gobernador Mervyn King será sustituido por el canadiense Mark Carney, en una decisión sin precedentes por la que se recurre a un extranjero para asumir la responsabilidad de la política monetaria de Reino Unido. La elección de Carney, a su vez gobernador del Banco de Canadá –que ha sabido mantener a sus bancos a resguardo de la crisis gracias a políticas preventivas contra las burbujas de crédito–, responde también al escándalo que envolvió al Banco de Inglaterra con el descubrimiento de la manipulación del líbor por parte de entidades financieras británicas.

En favor de la institución británica está la activación del programa conocido como “Funding for Lending” por el que se incentivó la financiación de las pymes y que ahora sirve de referencia para el BCE. El programa permite a los bancos británicos acceder a financiación con una amplia gama de colaterales. “A cambio obtienen letras del Tesoro que pueden descontar en el propio banco central o vender en el mercado para obtener liquidez. El coste del préstamo está en función de la evolución del crédito en cada entidad: reducido si los préstamos totales del banco crecen y más elevado si se reducen durante un período de tiempo determinado”, explican desde AFI, donde añaden que “el éxito de esta facilidad en la reactivación del crédito está siendo por el momento moderado”.

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