España reclama a Draghi medidas a favor del crecimiento

El Eurogrupo y el BCE buscan nuevas fórmulas de estímulo

La canciller alemana Angela Merkel, junto al presidente del BCE, Mario Draghi, en una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE.
La canciller alemana Angela Merkel, junto al presidente del BCE, Mario Draghi, en una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE. EFE

El Eurogrupo (consejo de ministros de Economía de la zona euro) se reúne mañana en Dublín con unas previsiones de crecimiento sobre la mesa que continúan apuntando a la baja y unos datos de evolución de la actividad que confirman la creciente fragmentación de la Unión Monetaria.

A la cita asiste el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, así como el resto de gobernadores de los bancos centrales de la UE, hacia quienes se han vuelto todas las miradas en busca de una solución.

La mirada más angustiada, sin duda, será la del ministro español, Luis de Guindos, cuyo Gobierno no oculta ya la impaciencia ante un emisor que asiste impasible, desde hace meses, a las dificultades de financiación de las empresas españolas e italianas, que pagan por el crédito más del doble que sus rivales francesas o alemanas.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha llegado a hablar de una reforma del mandato del BCE para equipararlo con el de otras autoridades monetarias como la Reserva Federal, que tienen la creación de empleo entre sus objetivos. Pero fuentes del Eurogrupo recordaban ayer que “un cambio de mandato requiere un cambio de Tratado y, por tanto, la unanimidad de todos los socios. Y eso, nadie lo ha planteado”.

En todo caso, la reforma del Tratado podría tardar meses o años. Y la agónica situación de las pequeñas y medianas empresas en el sur de la zona euro no parece que pueda permitirse una negociación tan prolongada.

Por eso en Dublín, varios países, con España a la cabeza, reclamarán al BCE una intervención a favor de la economía real, que podría pasar por un programa de liquidez condicionado a la concesión de crédito a pequeñas y medianas empresas, similar al aplicado en el Reino Unido.

El BCE admite que la situación actual revela un fallo en la transmisión de su política monetaria, que fija unos tipos de interés comunes (0,75% en estos momentos) para toda la zona euro. Y desde hace meses, Fráncfort estudia fórmulas para aliviar la falta de crédito en algunos países. Pero el consejo de Gobierno que preside Draghi no logra ponerse de acuerdo, tanto por discrepancias sobre el diseño del plan como por diferencias ideológicas.

Entre éstas figuran, en primer lugar, las objeciones del Bundesbank (banco central de Alemania) a cualquier actuación que no sea pura política monetaria. Pero el BCE ya ha demostrado varias veces que puede esquivar al viejo búnker alemán, de cuyo dogmatismo se ha desmarcado hasta el gobierno de Angela Merkel.

En este caso, las mayores dificultades parecen prácticas, porque el programa equivale a una intervención quirúrgica en la que encajan mal los enormes tentáculos del BCE.

La solución, según fuentes financieras, debería canalizarse a través de los bancos centrales nacionales, más próximos a la economía real y en condiciones de cualificar el nivel de riesgo de las empresas cuyos préstamos podrían utilizar las entidades financieras como colateral.

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