La UE, del revés

La prima de riesgo empieza a despedirse

Luz a final del túnel
Luz a final del túnel

Respiren. Se acerca el momento de despedirse, al menos durante una temporada, de la famosa y temida prima de riesgo. Quizá hoy y en los próximos días la prima repunte, es probable, como consecuencia del tropiezo de la llamada unión bancaria en la cumbre europea de la pasada semana y la confirmación de que cada país, incluida España, tendrá que asumir la factura de los destrozos financieros producidos bajo supervisión nacional.

Pero, salvo que se produzcan otros contratiempos, es probable que se trate de una tendencia de corto recorrido porque ni los inversores ni las descalificadas agencias de rating se habían creído nunca la posibilidad de que el supervisor financiero único pudiera estar en marcha en enero de 2013. Y mucho menos, que el contribuyente alemán u holandés, que entre 2008 y 2010 sufragó el rescate de sus bancos con millones de euros y sin ayuda europea, fuera ahora a hacerse cargo de la reestructuración de Bankia o Catalunya Caixa.

Los mercados, más bien, parecen dispuestos a conceder un voto de confianza a las reformas puestas en marcha por la zona euro a corto y medio plazo, aunque solo sea porque están respaldadas por un Banco Central Europeo que se declara dispuesto a actuar.

No es que los tipos de interés vayan a volver a la placidez que el sector privado y el Tesoro del Estado disfrutaron durante la primera década del euro (cuando la prima de riesgo española llegó a situarse momentáneamente ¡por debajo de la alemana!). Pero sí resulta factible que en las próximas semanas se alejen rápidamente de la peligrosa orilla del rescate completo o la bancarrota. Y aunque la recesión y sus peores consecuencias están lejos de remitir, la crisis de la deuda soberana podría estar a punto de hibernar por un tiempo.

La puntilla definitiva podría llegar cuando Madrid y Berlín cierren las negociaciones para una intervención del BCE en el mercado de deuda española previa petición oficial del Gobierno de Rajoy al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Las dos partes apuran el tiempo. La canciller Angela Merkel porque quiere exigir ajustes que compensen, al menos en parte, la previsible desviación en el objetivo de déficit anunciado por España para este año (6,3%). Rajoy, porque cuanto más abajo se encuentre la prima de riesgo en el momento de la petición, más beneficiosa puede resultar la irrupción del BCE.

Ambos juegan con unos mercados que, por primera vez en dos años y medio, no se atreven a tomar la iniciativa frente al poder político. Pero ni Merkel ni, sobre todo, Rajoy, pueden exponerse a una sacudida que termine con la calma actual.

La cumbre europea del pasado jueves y viernes en Bruselas levantó acta del nuevo clima que reina en la zona euro. Y aunque ninguna autoridad se atreve a despedirse definitivamente de la prima de riesgo, la mayoría proclama ya en voz alta que la Unión Monetaria ha dejado atrás las peores turbulencias.

"Hay signos positivos, sobre todo, en relación con la estabilidad de la zona euro", señaló el viernes al término de la cumbre el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy. Y añadió como prueba más evidente de esa mejoría "la caída espectacular en todos los países de la zona euro del diferencial de los tipos de interés [con el bono alemán]".

¿Qué ha cambiado para que cunda de repente el optimismo a pesar de los 18 millones de parados en la zona euro y unas previsiones de crecimiento para 2013 que no anticipan una recuperación?

El primer factor, por supuesto, es político: Merkel, quiere apaciguar las aguas con vistas a su difícil reválida electoral en septiembre de 2013. Por eso ha firmado la paz con Grecia, país al que había llegado a amenazar con una hecatombe como la expulsión de la eurozona. Una vez cancelada la puerta de salida del euro, los 17 socios también se han comprometido a afianzar la irreversibilidad del proyecto con nuevos saltos en la integración y la cesión de soberanía.

El más próximo es la transferencia al BCE de los poderes nacionales de supervisión bancaria, que a la larga puede contribuir a quebrar el vínculo entre riesgo financiero y riesgo soberano.

Las conclusiones de la última cumbre solo señalan que durante 2013 "se trabajará" en el marco operativo de la nueva supervisión y no fijan una fecha para la entrada en vigor de los poderes del BCE. Más abierta dejan aún la posible recapitalización directa de bancos con cargo al MEDE. Aun así queda claro que el plan sigue en marcha. Y aunque sufra retrasos, es probable que durante esta década la unión bancaria (que también requiere fondos de garantía y liquidación comunes) comience a ser una realidad.

Pero más allá de Grecia y la unión bancaria, el punto de inflexión lo marcó a finales de julio el BCE. Su presidente, Mario Draghi, profirió en Londres el famoso conjuro que aterrorizó a los más aguerridos apostantes a la baja. "Haremos lo que haga falta para preservar el euro; y créanme, será suficiente". La suerte estaba echada. Y por primera vez en mucho tiempo caía del lado del euro. Solo falta que no se dé la vuelta por culpa de Rajoy o de Merkel.