Hollande exigió a Merkel una solución inmediata para zanjar de manera definitiva la crisis

Berlín y París se enfrentan por el calendario de la intervención del BCE en España

Las negociaciones sobre los planes de asistencia financiera a España y Grecia provocaron ayer, durante la cumbre europea celebrada en Bruselas, un duro enfrentamiento entre el presidente francés y la canciller alemana. François Hollande exigió a Angela Merkel una solución inmediata en ambos casos para zanjar de manera definitiva la crisis de la deuda soberana en la zona euro.

En teoría, los protagonistas de la cumbre europea que se celebra ayer y hoy en Bruselas se llaman Mariano Rajoy y Antonis Samaras. Pero el presidente del Gobierno español y el primer ministro griego prefirieron quedarse en el segundo plano de una trifulca entre Berlín y París que afecta directamente a España y Grecia.

Angela Merkel y François Hollande discreparon abiertamente sobre la senda a seguir en lo que parece ser la recta final de la crisis de la deuda, senda que pasa por la intervención del Banco Central Europeo a favor de España y por una prolongación del plan de ajuste en Grecia.

"Hemos venido aquí para resolver los problemas que afectan a la zona euro", aseguró Hollande tajante a su llegada a la sede del Consejo Europeo. Y enumeró sus tres prioridades: "la unión bancaria, Grecia y España".

Y Hollande, aunque solo es su segunda cumbre europea, se puso de inmediato a ejercer de comadrona de unos acuerdos que, en algunos casos, podrían llegar hoy (como el calendario para impulsar de nuevo la unión bancaria y el mecanismo de supervisión financiera). Y que, en otros, como los rescates de Grecia y la intervención del BCE en España, podrían materializarse en las próximos días o semanas.

El presidente francés trató los tres temas en sendas reuniones bilaterales con Merkel y con el primer ministro italiano, Mario Monti, según confirmaron fuentes francesas. Y el punto más candente de esos encuentros y de toda la cumbre fue el calendario sobre la puesta en marcha del llamado plan Draghi, que permite al BCE comprar deuda pública tan pronto como un país presente una solicitud de ayuda al MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad).

París defiende que ese mecanismo se active para relajar de manera contundente y definitiva la prima de riesgo española, que ayer continuó bajando en previsión de una probable intervención del BCE. Merkel ya no descarta esa opción. Pero se reserva, para desesperación de Madrid y París, la posibilidad de exigir a cambio nuevos ajustes y reformas al Gobierno de Mariano Rajoy. Hollande, en cambio, apoya la tesis de que España ya cumple las condiciones para beneficiarse del apoyo del BCE.

La delegación encabezada por Rajoy optó ayer por mantenerse al margen de los rifirrafes franco-alemanes. Fuentes de Moncloa justificaron su silencio en que la agenda oficial de la cumbre no incluye ningún punto referido a España. Y restaron importancia al hecho de que Rajoy no participara en ninguna de las reuniones bilaterales entre los líderes europeos. "El presidente del Gobierno ya se entrevistó con Merkel ayer [por el miércoles] en Bucarest", recordaron esas fuentes.

La impasibilidad de Rajoy y sus acompañantes ni siquiera se perturbó al comprobar que por todos los pasillos y salas del Consejo Europeo no se hablaba de otra cosa que del rescate de España. "Cada uno es libre de tratar los temas que deseen", señalaban con aplomo. Un silencio sin fisuras que, a juzgar por las experiencias anteriores (rescates de Grecia, Irlanda y Portugal y rescate de la banca española) dejaba claro que el rescate de la deuda española ha entrado en sus últimos preparativos.

"La Comisión está lista para actuar tan pronto como España lo solicite", señaló el presidente de la CE, Jose Manuel Barroso. Y fuentes comunitarias aseguraron que, por parte de Bruselas, las condiciones del segundo rescate para España se encuentran ya prácticamente cerradas.

Pero falta, como tantas veces, la última palabra de Berlín. Y sin ella, Rajoy no parece dispuesto a dar un paso que sometería a España a un control adicional y peligrosamente irreversible, porque el BCE ha advertido que detendrá su intervención tan pronto como un país incumpla las condiciones del rescate.

Merkel además se niega a utilizar un arma tan potente como el BCE sin arrancar alguna nueva concesión. A Italia, por un lado, cuyo primer ministro, Mario Monti, también intentó ayer pasar desapercibido ante la insistente presión para que se sume a Rajoy en la petición de un rescate de la deuda.

Pero Merkel también quiere aprovechar para imponer al conjunto de la zona euro otra vuelta de tuerca en la disciplina presupuestaria a través de un nuevo Tratado de la UE.

Francia, que acaba de ratificar el Tratado que incluye la llamada regla de oro (que establece un déficit público del 0,5% del PIB como máximo) se niega en redondo a reabrir esa negociación. "Ahora no toca", zanjó Hollande.

La unión bancaria se retrasa

La primera jornada de la cumbre europea se encaminaba ayer hacia una renegociación del calendario para la unión bancaria, cuyo primer paso, la creación de un supervisor financiero único para la zona euro, debía darse antes de finales de año. La canciller alemana, Angela Merkel, pidió ayer algo más de tiempo para garantizar que una decisión tan delicada (la transferencia de la supervisión bancaria nacional al Banco Central Europeo) se apruebe con todas las garantías legales y políticas. El resto de socios parecía ayer dispuesto a aceptar la petición de la canciller, pero a cambio de que Alemania se comprometa a dejar claro que la creación del supervisor único se tramitará en 2013 y que es irreversible el avance hacia la unión bancaria (que incluye también un fondo común de garantía de depósitos y otro de resolución de entidades en dificultades).

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, parecía ayer dispuesto a aceptar el compromiso en ciernes. Fuentes de Moncloa aseguraron que lo importante era dejar el camino claramente balizado. Para España, la creación del supervisor es una prioridad porque permitiría la recapitalización directa de las entidades financieras desde el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad).