Los entresijos del 'rescate Draghi'

La experiencia de las cinco intervenciones previas

Las condiciones han ido suavizándose desde el primer rescate griego

Desde que la crisis de la deuda soberana europea estallara, en la primavera de 2010, los socios del euro han aprobado cinco programas de rescate con el fin de salvar de la quiebra a algunos de los países más afectados y de garantizar la estabilidad de sus sistemas financieros. Los supuestos salvavidas, invariablemente acompañados de duras condiciones de reestructuración económica, no siempre han supuesto, sin embargo, una cataplasma frente a la crisis. Caso paradigmático es el de Grecia que terminó necesitando un segundo rescate, evidenciando los errores del primero. Esta es una de las principales razones, junto al superior tamaño de los países en riesgo, por el cual se ha diseñado un nuevo modelo de rescate, denominado blando, para el caso de que España o Italia necesiten solicitarlo. Así fueron los anteriores:

Grecia

Acuciada por el riesgo de caer en suspensión de pagos, Grecia terminó solicitando la intervención europea el 23 de abril de 2010. La UE y el FMI aportaron 110.000 millones, de los que 100.000 se destinaron a refinanciar la deuda del país y el resto a fortalecer su sistema financiero. Aunque el crédito debía devolverse en 2014, la incapacidad de las autoridades europeas para poner fin a la crisis soberana, los recortes impuestos a una nación que se hundía y el tipo de interés fijado, del 6%, obligó a ampliar el plazo hasta 2017. La escalada de la prima de riesgo helena, no obstante, siguió en aumento y en verano de 2011, apenas un año después del primero, Atenas tuvo que pedir un nuevo rescate. Esta vez, el fondo de rescate europeo (FEEF) concedió 130.000 millones (48.000 de ellos para la banca). Además, se estableció una quita del 53,5% para los acreedores privados y se flexibilizaron las condiciones ampliando a 15 años el plazo de devolución del crédito con un periodo de carencia de 10 años.

Desde la primavera de 2010 se ha prestado asistencia a cuatro países y al sistema financiero español

Irlanda

El estallido de la burbuja inmobiliaria irlandesa, y la implicación de las entidades financieras en ella, desembocaron en la petición de rescate por parte de Irlanda, el 21 de noviembre de 2010. La UE y el FMI concedieron un préstamo de 85.000 millones, de los que 35.000 se destinarían a sanear al sector financiero, creando un banco malo como el que prepara ahora para España. Esta factura terminó elevándose a 50.000 millones. El país ha logrado volver al mercado este verano, aunque el éxito del banco malo está aún en el aire: algunas de sus viviendas están siendo derribadas y la consecución de beneficios está siendo compleja.

Portugal

Inmerso en una crisis económica y política -incapaz de aprobar el cuarto programa de austeridad diseñado para calmar a los mercados-, el Ejecutivo de José Sócrates terminó pidiendo el rescate de Portugal el 6 de abril de 2011. El FEEF se utilizó para conceder un préstamo de 78.000 millones de euros, con un interés algo superior al 3%, establecido en función de las emisiones del fondo, y un plazo de devolución de entre 9 y 11 años, que mejoraba sustancialmente las condiciones de rescates anteriores. La segunda intervención de Grecia, meses después, terminó beneficiando a Portugal e Irlanda que vieron flexibilizadas aún más sus condiciones.

La banca española

Tras meses de incertidumbre sobre si España pediría un rescate para el país (opción que se baraja ahora), el pasado 9 de junio el Gobierno solicitó al Eurogrupo un rescate de hasta 100.000 millones destinado a sanear el sistema financiero y a constituir un banco malo que ayude a digerir la carga de ladrillo que acumulan las entidades. Como contrapartida, Bruselas impuso nuevas exigencias al sector bancario y una férrea vigilancia sobre las medidas de austeridad del país.