Plan de acción del BCE

Draghi fuerza a España e Italia a solicitar una intervención parcial

El Banco Central Europeo aprobó ayer un nuevo programa de compra de deuda pública mucho más ambicioso que el anterior, pero sometido también a condiciones mucho más estrictas. Los países que deseen beneficiarse, entre los que figuran España e Italia, deberán solicitar una intervención preventiva acompañada de un ajuste macroeconómico supervisado por la troika.

Draghi defiende la estrategia del BCE para hacer frente a la crisis del euro
Draghi defiende la estrategia del BCE para hacer frente a la crisis del euro

Se acabaron las misivas confidenciales en las que el BCE fijaba sus condiciones para relajar las primas de riesgo. A partir de ahora, los Gobiernos que deseen beneficiarse de esa ayuda deberán presentar una solicitud formal al fondo de rescate de la zona euro y someterse, como mínimo, a un programa de ajuste preventivo revisable cada tres meses por parte de la Comisión Europea, el BCE y, siempre que sea posible, el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Así lo anunció ayer en Fráncfort el presidente del emisor, Mario Draghi, quien dio por concluido el programa de compra de deuda (SMP, en sus siglas en inglés) puesto en marcha en mayo de 2010. El SMP será reemplazado por el OMT (Transacciones Monetarias Directas), también sin límite de desembolso y cuyo objetivo central será adquirir deuda soberana con plazos que venzan entre uno y tres años. Este programa estará destinado a estabilizar el mercado de deuda, donde la presión ha puesto al límite a países como España e Italia. Pero el presidente de la entidad, Mario Draghi, insistió en que "la adhesión de los Gobiernos a sus compromisos y la intervención de los mecanismos de rescate son condiciones necesarias".

Otra de las medidas con las que se especulaba, la de otro recorte de tipos, finalmente no se materializó. El precio del dinero permanece en el 0,75%. El propio presidente de la institución de Fráncfort ha admitido en varias ocasiones que las rebajas de tipos pierden efectividad cuando los mercados están distorsionados, que es lo que ocurre ahora.

En agosto de 2011, el BCE activó ese programa a favor de España e Italia tras exigir en secreto varias reformas y ajustes a los Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Silvio Berlusconi. La dudosa legitimidad del procedimiento hizo que la intervención fuese tan tímida como ineficaz. Y seis meses después los dos países, gobernados ya por Mariano Rajoy y Mario Monti, llamaban de nuevo a las puertas del BCE.

Tras varios meses de negociación en el Consejo Europeo y de trifulca interna en el seno del BCE, Mario Draghi tendió ayer por fin la llamada de socorro de Monti y Rajoy. Pero su respuesta deja a los dos gobernantes ante la amarga tesitura de pedir la ayuda a través de los fondos de rescate de la zona euro. "Se trata de una condición imprescindible", señaló Draghi durante una rueda de prensa posterior a la reunión mensual del consejo de gobierno del BCE. "Imprescindible, entre otras cosas", añadió, "para que nuestro programa de compra sea efectivo".

Fuentes del Ejecutivo español aseguraron ayer que el Gobierno está dispuesto a actuar con calma y "prudencia" antes de decidir si solicita ayuda financiera europea y estudiará "con detenimiento" el plan de compra de deuda presentado por el Banco Central Europeo y sus posibles consecuencias para España y para el euro antes de dar ningún paso. Añadieron que España está cumpliendo las exigencias fijadas en el procedimiento de déficit excesivo en el que está inmersa, por lo que no ve necesidad de "nuevas condiciones".

Voto en contra

La decisión del BCE ha salido adelante con el voto en contra del miembro más importante del consejo: el Bundesbank alemán. La oposición del Bundesbank a la compra de deuda es manifiesta y pública y ha abierto una crisis política en Berlín. De hecho, la oposición socialista acusó ayer mismo a la canciller Merkel de desacreditar al presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, y de poner en peligro la credibilidad del banco central. El Buba, como se conoce popularmente al banco central alemán, emitió un comunicado explicando la posición de Weidmann: "Considera que estas compras es algo muy próximo a financiar a los Gobiernos imprimiendo dinero".

Cuando Merkel regrese a Berlín se va a encontrar una rebelión en toda regla. En su comunicado, la autoridad central alemana, a quien se le otorgaba hasta ahora la batuta en el seno del BCE, alerta del "riesgo de que la política monetaria termine subyugada a la política fiscal. La intervención mediante compras de deuda no debe poner en peligro la capacidad de la política monetaria de salvaguardar la estabilidad de precios en el área monetaria". El control de la inflación es precisamente la obsesión principal del Buba.

El nuevo plan recibió ayer los parabienes de la Unión Europea. Pero dejó a España e Italia ante el dilema de pedir una intervención parcial que les coloca a solo un paso de la intervención completa llevada a cabo en Grecia, Irlanda y Portugal.

Entre las condiciones requeridas para ese rescate blando, si bien Draghi insistió en que no se pueden emplear esos términos para referirse al OMT, figuran el cumplimiento estricto del calendario de ajuste presupuestario (que a España le exige situar el déficit por debajo del 3% de su PIB en 2014) y la corrección de los desequilibrios económicos identificados por Bruselas. Además, la Comisión Europea podrá reclamar una auditoría de las finanzas públicas, información sobre ingresos y gastos y una revisión de la calidad de las estadísticas. El BCE, por su parte, tendría que recibir información semanal sobre la situación en el sector financiero y la Autoridad Bancaria Europea (ABE) podría exigir pruebas de resistencia a las entidades.

La mayoría de estas condiciones, sin embargo, ya están previstas en el memorándum que puso en marcha el rescate de la banca española. La intervención propuesta por Draghi, además, es menos invasiva que la de Portugal o Irlanda, tanto en el procedimiento de concesión como en su condicionalidad y duración (solo un año, con dos prórrogas semestrales). La ayuda ascendería solo a un máximo del 10% del producto interior bruto (PIB) y podría canalizarse mediante la compra o aval de las emisiones de deuda de España o Italia, que, a diferencia de los países rescatados por completo, en principio seguirían financiándose con normalidad en los mercados.

"El OMT nos ayudará a afrontar las severas distorsiones existentes en los mercados de bonos y que han sido originadas por los miedos infundados de una parte de los inversores sobre la irreversibilidad del euro", aseguró la autoridad monetaria central.

Eso sí, el camino hasta llegar a una cierta normalización es todavía muy largo. Conviene recordar que en lo que se refiere a la deuda a 10 años, la rentabilidad exigida a España permanece en el entorno del 6% y la de Italia, en el 5,25%. En contraste, Alemania se financia al 1,55% y Francia, a poco más del 2,2%. Holanda y Austria, las otras dos economías más grandes de la eurozona, se financian respectivamente al 1,9% y al 2%.

Respaldo del FMI

El anuncio del banco central ha contado con el respaldo inmediato del Fondo Monetario Internacional (FMI). La directora gerente de la institución, Christine Lagarde, destacó en un comunicado que el organismo multilateral "está listo para cooperar". En un comunicado, Lagarde consideró la esperada decisión del BCE como "un paso importante" hacia la estabilidad y el crecimiento en la zona euro. "La aplicación decisiva del nuevo programa de intervención ayudará a reparar la transmisión monetaria y los esfuerzos de los países por lograr una financiación a un coste razonable mientras realizan un ajuste macroeconómico sostenido", añadió la directora gerente.

Mientras desde La Moncloa se asegura que se estudiará "con calma" el plan Draghi, el primer ministro italiano, Mario Monti, intentaba ayer desmarcarse. "Italia continúa actuando de una forma disciplinada en el camino de las reformas y esto podría hacer innecesario requerir ese tipo de ayuda", afirmó el dirigente italiano en una rueda de prensa celebrada en Roma.

Monti también aprovechó para reclamar a los líderes políticos europeos un esfuerzo de cohesión. "Deberíamos hablar abiertamente en el Consejo Europeo sobre la posibilidad de establecer un código de conducta para las declaraciones públicas de aquellos que se consideran a sí mismos líderes europeos". Y dicho esto, aprovechó para puntualizar que la solidaridad de Italia con Grecia es mayor que la de Francia y Alemania, que tienen, aseguró, "medidas de protección para sus bancos que tendrá que afrontar Grecia".

Y la agenda política continúa a toda velocidad. Merkel se reunirá hoy con su homólogo austriaco, Werner Faymann, que se ha manifestado abiertamente en contra de que el BCE intervenga para aliviar a países como España o Italia. Todo con la vista puesta en la semana próxima, dado que el miércoles el Tribunal Constitucional de Alemania tendrá que pronunciarse sobre la legalidad del mecanismo europeo de rescate (MEDE).

Ese mismo día, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, dará detalles sobre el plan de la unión bancaria europea y el viernes comenzará una reunión informal de ministros de Finanzas y Economía de la UE que tendrá lugar en Chipre.

Las claves del plan

Un programa sin límites, con difusión por países de las compras realizadas

El BCE no tendrá límites a la hora de desembolsar dinero dentro del plan Outright Monetary Transactions (OMT), al contrario de lo que ocurrió con las dos rondas de inyección de liquidez de largo plazo que la autoridad monetaria realizó en diciembre y febrero pasados y que el banco central fijó en un máximo de un billón de euros. Eso sí, el banco esterilizará todas las compras. Eso quiere decir que hará subastas de depósitos para retirar del sistema la misma cantidad que emplee en comprar deuda, con el objetivo de atajar presiones inflacionarias.

El importe de las operaciones realizadas en el OMT será publicado semanalmente, como ya ocurría con el SMP, que tampoco tenía límite. La novedad es que mensualmente se conocerá el desglose por países.

El programa estará centrado en adquirir bonos soberanos de vencimientos entre uno y tres años y el BCE no tendrá estatus de acreedor preferente en caso de quiebra.

La autoridad monetaria amplía la gama de colaterales para dar financiación

La acción del banco central no consiste exclusivamente en bajar las primas de riesgo de España e Italia; también quiere que el flujo de liquidez se normalice en el Eurosistema. Pero eso es algo que, a pesar de las medidas expansivas, está lejos de ocurrir. Por ello, el BCE sigue actuando de financiador y, para facilitar la actividad de los bancos, ayer se aprobó una nueva expansión de los colaterales elegibles a la hora de pedir dinero en la ventanilla del banco central. Así, el BCE ha decidido eliminar sine díe el rating mínimo exigido para presentar como colaterales instrumentos de deuda emitidos y respaldados por países del área euro, incluidos aquellos que están bajo programas de intervención, como son los de Grecia, Portugal e Irlanda. Otra medida adoptada ha sido la de aceptar como colateral instrumentos de deuda emitidos en la eurozona en dólares, libras y yenes, algo que ya se hizo en octubre de 2008 y diciembre de 2010.

Rápidos ajustes en las rentabilidades de los plazos más cortos

El mercado se mueve más por expectativas que por hechos consumados. El solo anuncio del plan Draghi provocó ayer un fuerte ajuste en las rentabilidades exigidas en el mercado secundario a la deuda de corto plazo española.

La acción del BCE se centrará en bonos con vencimiento entre uno y tres años. Pues bien, las referencias actuales a esos plazos experimentaron importantes descensos. Así, el interés con el que se remunera la deuda a un año bajó del 2,73% al 2,6%. El título ha experimentado 15 sesiones seguidas a la baja. Es el nivel más bajo en deuda a un año desde mayo. El rendimiento de la deuda a dos años pasó del 3% al 2,87%, lo que supone situarse en mínimos desde abril. Otro tanto de lo mismo ocurrió con el plazo a tres años, que cayó del 3,881% al 3,598%. Pese a todo, estos niveles palidecen frente a las tasas negativas de Alemania a uno y dos años y el 0,123% a tres.

La prima de riesgo española debería estar por debajo de la francesa, según la OCDE

En términos históricos, la prima de riesgo española debería encontrarse por debajo de la francesa o la italiana, según un informe publicado ayer por la OCDE. El organismo sobre coyuntura económica establece su proyección en base a la relación entre tipos de interés y ratios de deuda de los últimos años. Y concluye que el diferencial entre los bonos españoles y alemanes debería ser cercano a cero mientras que Francia, Irlanda o Italia merecerían históricamente un diferencial mayor, dado que su deuda pública es superior a la española. El documento de la OCDE también constata que la consolidación presupuestaria está dañando el crecimiento y podría estar generando una peligrosa espiral. Los cálculos de la OCDE indican que Grecia y España están llevando a cabo el mayor ajuste presupuestario en la historia del club desde los años 1980 (de 15% y 12% del PIB respectivamente, en cuatro años).