El coste de comercialización y la fiscalidad explican el desfase

¿Por qué la gasolina es tan cara en España?

El ministro de Industria, José Manuel Soria, se ha embarcado en una cruzada para tratar de averiguar las razones por las que los carburantes se están encareciendo con tanta rapidez en España. El precio del litro de gasolina de 95 octanos ya ha superado los 1,5 euros y el del gasóleo ya está por encima de los 1,4 euros. Con la subida del IVA, el coste se puede disparar hasta los 1,7 euros en las próximas semanas. Soria ha dirigido el dedo acusador a las petroleras, a las que critica por tener un margen más elevado que en el resto de los países de la UE y por aplicar con premura las subidas del crudo y con lentitud las bajadas. Soria ha encargado otro informe a la Comisión Nacional de la Competencia sobre este aspecto y ha apuntado que estudia liberalizar la instalación de estaciones de servicio en autovías, autopistas y centros comerciales para elevar la competencia y rebajar los precios. El ministro apuntó que de los tres componentes de las gasolinas (coste del combustible en origen, impuestos y margen comercial), el primero es "casi similar" en toda Europa, la fiscalidad es más baja que en la media comunitaria y la principal diferencia es el margen comercial. ¿Son ciertos todos esos argumentos?

El coste del combustible es similar en toda la zona euro y todos los países se ven afectados del mismo modo por las fluctuaciones del cambio entre el euro y el dólar. En julio de 2008, el barril de Brent, de referencia en Europa, tocó máximos históricos al llegar a 146,08 dólares. En euros, la cotización era de 93 dólares, con un cambio de 1,60 dólares por cada euro. En agosto de 2012, el precio ha llegado a 117 dólares, mientras que en euros la cotización es de 91 dólares, con un cambio de 1,20 dólares por euro. Sin embargo, el precio de la gasolina es muy diferente: en julio de 2008 era de 1,14 euros por litro y en agosto de 2012 es de 1,51; mientras que el del gasóleo era de 1,14 y ahora es de 1,4 euros.

Si se descompone el precio por partidas, las que más han crecido son la cotización internacional, con incrementos del 20%, y los impuestos, con un aumento similar, mientras que el margen bruto ha subido tan solo un 3% en el caso de la gasolina y del gasóleo.

En la cotización, además del coste de la compra de crudo, se incluyen los ligados a logística y comercialización del crudo o la remuneración a mayoristas y minoristas. Desde las petroleras justifican el incremento de este capítulo en estos cuatro ejercicios por el fuerte crecimiento de los costes laborales y de la inflación en España (muy por encima de la media europea), el coste de la mezcla de biocarburantes o la obligatoriedad de contar con existencias mínimas de seguridad. Este último punto les obliga a tener el equivalente a 92 días de ventas.

Lo que parece evidente es que la subida de costes, aparte de todos los argumentos de las petroleras, es mayor que en la zona euro. Esa tendencia se puede constatar en una aparente contradicción: las gasolineras de España venden una de las gasolinas de 95 octanos más baratas de la UE si se tiene en cuenta el precio de venta al público (tan solo Malta, Luxemburgo y Estonia lo tienen más bajo), mientras que en el precio antes de impuestos, el coste por litro en España es el mayor de la zona euro en el caso de la gasolina y el del gasóleo solo es superado por Grecia y Portugal.

La otra gran partida que ha impulsado al alza el precio de los carburantes es la fiscal. En esos cuatro ejercicios se ha producido un incremento de la tributación sin precedentes: en junio de 2009 se elevaron los impuestos especiales en 2,9 céntimos por litro; en 2010 el tipo general del IVA pasó del 16% al 18% y en los últimos meses la gran mayoría de autonomías ha aprobado el recargo máximo del céntimo sanitario. El 1 de septiembre entró en vigor otra subida del IVA, que provocará un nuevo encarecimiento de tres céntimos por litro. En resumen, que la gasolina está tan cara en España por el elevado coste de comercialización de los carburantes, superior al de la media de la zona euro, y por el incremento de la carga fiscal, situada ya en el 47% del precio para la gasolina y en el 42% para el gasóleo.