El banco central dispone de 8.000 millones sobrantes para hacerlo

¿Y si el BCE pudiera auxiliar a España sin poner en riesgo su balance?

El BCE se ha plantado en seco y ha renunciado a comprar deuda de los países contaminados a pesar de que tiene 8.000 millones libres para ello: es lo que le han repagado las naciones con problemas.

Mario Draghi, presidente del BCE
Mario Draghi, presidente del BCE

Al final, todo queda en una cuestión de credibilidad. El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, no dudó en defender con ese argumento en la última reunión del consejo de gobierno del supervisor la negativa del BCE a comprar deuda soberana de los países con problemas y a usar esa arma para poner fin al incendio que sufren las primas de riesgo de España e Italia. Y no es el único. "Mantener la confianza es una enorme responsabilidad", aseguraba hace unos días Jörg Asmussen, el representante alemán en el directorio del banco central.

La credibilidad del BCE, según ellos, reposa en que la institución cumpla su mandato, que no es otro que la estabilidad de precios en la eurozona. El problema es que eso deja fuera la intervención en el mercado secundario de deuda, algo que practican constantemente el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal estadounidense.

Pero lo deja fuera ahora, porque el BCE ha contribuido mucho en el pasado a rebajar las primas de riesgo de los países con problemas. Empezó en 2010, con la compra de deuda de los primeros países europeos en apuros, y lo intensificó a partir del verano pasado, cuando España e Italia necesitaron su ayuda para frenar la escalada de sus primas.

Eso sí, a diferencia de los bancos centrales de Inglaterra y Estados Unidos, el BCE esteriliza todo el dinero que inyecta. Por cada euro que mete en el sistema (al comprar deuda), drena otro de liquidez (con operaciones específicas de reabsorción). El objetivo es que se mantenga el equilibrio monetario. Esa obsesión (unida indisolublemente a las presiones del ala dura europea, capitaneada por Alemania) le llevó a plantarse cuando se aplacaron los ecos del ataque a la deuda soberana que vivieron España e Italia a finales de 2011 y principios de este año. Con 220.000 millones de euros de deuda de países con problemas en su balance, el BCE decidió parar.

Desde ese momento han pasado 18 semanas y Draghi se muestra inclemente: no va a comprar más deuda ni a "poner en riesgo" el balance de la entidad, según ha asegurado esta semana. Las últimas operaciones de esterilización no fueron sencillas y el supervisor considera que seguir comprando deuda supone rebasar su límite.

Pero el BCE podría auxiliar a los países con problemas sin violentar sus principios. Tiene 8.000 millones para ello. Esa es la cantidad que los países con problemas le han devuelto al banco central de los bonos que les ha estado comprando. La institución que dirige Draghi actuó en todos los plazos, porque su objetivo era reducir la prima de riesgo en toda la curva de tipos, no solo en el bono a 10 años, así que algunas de las deudas con las que se hizo han ido venciendo. Y han sido puntualmente pagadas.

Eso significa que la exposición del BCE a la deuda soberana ya no es de 219.300 millones, como era cuando alcanzó su nivel máximo, en febrero, sino que está en 211.300 millones, según muestra en su último balance publicado. La diferencia son 8.000 millones que los países con problemas han devuelto al BCE y que el supervisor podría volver a usar sin quebrantar sus principios.

"Es una cantidad bastante apreciable y podría bajar el riesgo con compras al menos por unas semanas", considera Tomás García-Purriños, analista de Economía y Estrategia de Cortal Consors. Por mucho que pueda parecer poco en comparación con el total, los mercados secundarios de deuda de Italia y España están secos porque nadie invierte en ellos, así que poco dinero puede mover mucho la prima de riesgo.

De hecho, fuentes financieras aseguran que una cantidad muy escasa bien utilizada puede espantar de una vez a los especuladores que apuestan a la baja. Una caída ahora de la prima de riesgo de cierta consideración les acarrearía tales pérdidas que les disuadiría de seguir con el juego, al menos por una temporada.

Además, el BCE puede concretar las compras ya. Europa ha dado el visto bueno a que los fondos de rescate adquieran deuda de los países con problemas, pero, por mucho que se estén intentando acelerar los trámites, su intervención no será inmediata y la del banco central sí puede serlo.

Lo que está claro es que el objetivo del BCE no es ese. Que tenga dinero y no lo use significa que su meta en estos momentos no es tanto mantener intacto su balance (y sus riesgos, por tanto) como aplicar un correctivo moral sobre los Gobiernos de los países con problemas y forzar a Europa a tomar decisiones. Es la famosa disciplina de mercado, que empuja a los Ejecutivos a sacar reformas de debajo de las piedras, en la traducción alemana, y que el BCE lleva más allá para presionar no solo a los países díscolos, sino a todo el Viejo Continente.

"Esto es un juego de tronos entre los países, Bruselas y el BCE. El banco central está jugando a cumplir su papel para forzar a los Gobiernos a que actúen y a Bruselas a avanzar en la unión bancaria y fiscal", señala García-Purriños. Si el BCE decide comprar bonos, los implicados podrían retrasar el proceso. Y nada más lejos de las intenciones del banco central por mucho que, en estos momentos, le sobre dinero.

Sin embargo, su papel es cada vez más clave. España ha agachado la cabeza, ha firmado un rescate bancario que deja su economía intervenida y ha presentado un plan de ajuste histórico. Pero la prima de riesgo ha seguido campando por sus fueros. Los recortes por sí solos no parecen contentar a un mercado insaciable que siempre pide más y que tiene a España y a Italia muy cerca del abismo. La austeridad está disparando al corazón del crecimiento y sin una mejora económica no hay deuda que pueda pagarse. La pelota, una vez más, está en el tejado del BCE.