Cinco detenidos y 76 heridos leves ante Industria

La marcha negra abandona la capital con dudas sobre su futuro

Con la cabeza alta por haber congregado a decenas de miles de personas en Madrid, los mineros se repliegan tras una manifestación que se ha mantenido pacífica pese a algunos disturbios y una carga policial.

La marcha negra ha llegado cansada al Ministerio de Industria, pero con el orgullo de haber reunido a decenas de miles de personas, 25.000 según los sindicatos, entre las 11 de la mañana en su inicio en la Plaza Colón y las dos de la tarde, a su término ante la sede del ministro José Manuel Soria.

Un centenar de manifestantes han lanzado bengalas y petardos a la policía antidisturbios que custodiaba el Ministerio, y que no ha tardado en responder con pelotas de goma. Los líderes de los sindicatos se han abalanzado a leer el manifiesto de clausura mientras continuaban los enfrentamientos, llamando a la calma y congratulando a los mineros de haber llevado a cabo una manifestación pacífica. El encontronazo ha acabado con 76 heridos leves y cinco detenidos, según informa EFE.

Aunque los afectados no han tenido tiempo de valorar aún las consecuencias de su hazaña, más de 400 kilómetros a pie en una marcha que se ha prolongado más de 20 días, la marcha negra se ha mostrado conmocionada ante el seguimiento que su causa ha tenido en Madrid. "Siempre nos recortan a los trabajadores. Conclusión: tendremos que marcharnos de España. Aquí se acabó", declaraba pesimista José Luis, minero leonés, antes de correr hacia el autobús que, como al resto de sus compañeros, lo ha llevado directamente de vuelta a casa. La manifestación de hoy ha sido mucho más ruidosa que la marcha nocturna de ayer, con numerosos petardos explotando a lo largo de la marcha que ha dejado lo últimos cánticos de la Santa Bárbara bendita, himno de los mineros, en las calles de la capital.

A los mineros y simpatizantes madrileños, se han juntado los familiares, amigos y compañeros de los más de 230 hombres de la marcha negra. Alrededor de 500 autobuses llegaron con hasta 25.000 refuerzos para apoyar la causa del carbón desde Asturias, Palencia, León, Teruel, Castilla-La Mancha y otras comarcas mineras. De las minas dependen 300.000 personas que, según los sindicatos sufrirían el deterioro de su región si cerrara su fuente de ingresos.

"Mi marido no es minero, pero me he sumado a la marcha para apoyar a familiares y amigos que estaban en la marcha negra", Sara (ha declinado dar su apellido), empleada pública que ha tenido un "disgustazo" tras el anuncio del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de suprimir la paga de Navidad a los funcionarios. Ha llegado a las ocho de la mañana a Madrid después de tres horas en autobús desde Palencia (solo de esta provincia han venido cinco autobuses). "Al ministro le pedimos que no recorte las ayudas del carbón, porque muchas familias dependen de eso para comer". En cuanto al apoyo de los madrileños, ha añadido: "Nos ha animado ver que había tanta gente, mucha más que la última que vinimos y con la marcha se agradece la solidaridad de la gente".

"Han invertido el dinero que nos mandó Europa para minería en empresas extranjeras para que ahora cierren, nos despidan y se vayan a su país. Esto nos afecta a todos: mineros, comerciantes, panaderos", Gema Rodríguez, estudiante de Derecho de Fabero, localidad unos 5.000 habitantes de la Comarca del Bierzo de donde han venido 13 autobuses. "Yo trabajo en la industria eólica. Hace unos años éramos 1.300 personas. Nos dieron 34 millones de euros y hoy quedan trabajando en la empresa 174. Mira los puestos de trabajo que se han destruido en Bierzo. Si ahora nos quitan la mina, ¿qué hacemos?", ha explicado Mónica Mauri, que dice haber venido en apoyo a sus amigos que han realizado la marcha a pie en las últimas semanas.

"Queremos mostrar nuestra solidaridad con los compañeros que trabajan. Nos van a dejar en la calle y nos van a recortar a todos", ha declarado Ángel Rejas, profesor dependiente de la Comunidad de Madrid. Según los empleados públicos madrileños, el anuncio de Rajoy de esta mañana no ha llevado a más gente a la calle. "Creo que solo hemos venido los que lo teníamos previsto. Yo estoy aquí porque no me parece bien que haya 23.500 millones para la banca, pero no los haya para la minería y toda la economía secundaria que crea", ha añadido el interino Ignacio Grocing, en paro desde que acabó el curso desde el 30 de junio.

La solidaridad llega también desde Portugal

"Creemos que la lucha de los mineros españoles es también nuestra lucha: protestamos por la continuidad de las minas. Tenemos los mismos problemas", contaba esta mañana el portugués Manuel Bravo, que llegó ayer por la noche a Madrid, junto con otros tres compañeros de la localidad minera de Aljustrel, al sur del país.

"La situación de los mineros en Portugal está muy mal. Nos quedan solo cuatro minas activas en todo el país. Hace una década, teníamos decenas. Las están cerrando todas. El Gobierno dice que va a abrir nuevas minas, pero no toma medidas concretas, así que no lo creemos. Dependemos de las ayudas del Estado y la situación de Portugal es muy difícil", ha añadido.

"Nos parece que los mineros están recibiendo un apoyo muy fuerte de los madrileños. Nosotros tuvimos una protesta por las condiciones de los mineros en 2010. Tras 44 días de huelga logramos nuestros objetivos: mejor salario para los mineros que trabajan en las zonas más profundas de la mina y mejores condiciones para la jubilación". En España, los mineros se pueden jubilar a partir de los 52 años; en Portugal, cotizan dos años por año trabajado en el fondo de la mina.

A. T.