Bruselas propone penas de cárcel para quien manipule el euríbor

El Banco de Inglaterra niega haber presionado a Barclays para alterar el líbor

El subgobernador del Banco de Inglaterra negó categóricamente ayer haber presionado a Barclays, o haber recibido instrucciones del Gobierno de Brown para hacerlo, en relación al escándalo por la manipulación del líbor que envuelve a la City. Tucker admitió la necesidad de mejorar la supervisión mientras Bruselas insiste en establecer penas de cárcel para quien altere el euríbor.

La mancha de descrédito que emana de la City londinense, desde que estallara el escándalo de manipulación de los tipos de interés interbancarios por el que se investiga a una docena de entidades, amenaza en los últimos días con extenderse Támesis abajo, hacia la sede del Gobierno, pudiendo salpicar a sus antiguos inquilinos, y al Banco de Inglaterra. Barclays, condenada a pagar 360 millones de euros en sanciones por manipular el líbor y el euríbor, dejó caer que la administración de el ex primer ministro Gordon Brown les había inducido a alterar los tipos a través del subgobernador Paul Tucker. Este, relevo natural para suceder en el cargo al actual gobernador Mervyn King, compareció ayer ante el Parlamento británico para negar la mayor.

"Absolutamente no", defendió Tucker ante estas acusaciones. Su comparecencia, que se alargó durante horas, giró en torno a la llamada telefónica que mantuvo el 29 de octubre de 2008 con el entonces jefe de inversiones, y hasta hace una semana consejero delegado de Barclays, Bob Diamond. Este, al igual que su mano derecha, Jerry Missier, y, antes que él, el presidente de la entidad, Marcus Agiur, se vieron obligados a dimitir la pasada semana ante las fortísimas críticas recibidas y el castigo bursátil asociado a ellas.

Aunque fuentes de la entidad fueron más allá en un principio, Diamond se limitó a declarar la pasada semana que Tucker se había interesado en aquella llamada por el alto nivel de tipos reflejado por el banco, lo que pudo interpretarse con una "instrucción" para reducirlo artificialmente.

"No tomé notas de dicha conversación. Ojalá lo hubiera hecho", mantuvo Tucker, para destacar que "en ningún momento" indujo a nadie a cometer ningún delito o recibió órdenes del Gobierno para hacerlo, por lo que entiende que la postura de Barclays es una "mala interpretación" de sus palabras de entonces. En aquel momento, apenas un mes después de que la quiebra de Lehman Brothers encendiera la mecha de la crisis financiera internacional, Londres se vio obligado a nacionalizar dos de sus principales entidades: RBS y Lloyds. "El mundo se caía a pedazos. Barclays podía ser la siguiente en la lista", aseveró Tucker ayer para justificar que fue esta preocupación la que propició sus contactos con Diamond.

El subgobernador sostuvo ayer que no sospecha que la manipulación del líbor haya sido una práctica habitual en más entidades que las ya investigadas -que suman, eso sí, una docena de las grandes firmas, incluyendo a Royal Bank of Scotland, Lloyd's, UBS, Citi o Deutsche Bank-, pero que el sistema de supervisión debe ser revisado y que el líbor actual, de hecho, podría no ser fiable. El líbor no es solo el tipo de interés interbancario para las firmas de la City, sino que es la referencia para millones de operaciones financieras de todo el planeta.

La crisis del líbor ha hecho temblar los cimientos del centro financiero europeo por excelencia en un momento, además, en el que la eurozona trabaja en la creación de un sistema bancario único que eleve la regulación, supervisión y las sanciones previstas para el sector. En este sentido, el comisario europeo del ramo, Michel Barnier, declaró ayer que el caso de la City demuestra "que los comportamientos escandalosos siguen siendo posibles en los mercados financieros", informa Efe.

Barnier propuso reforzar la legislación para establecer delitos penales para este tipo de manipulaciones y castigarlas, si es necesario, con la cárcel.

Romper el Monopolio

Los laboristas plantean romper el monopolio de los cinco grandes bancos de Inglaterra -Barclays, HSBC, Santander UK y los parcialmente nacionalizados Lloyds y Royal Bank of Scotland- como solución preventiva a futuros abusos por parte de las grandes entidades. En este sentido, el líder de la oposición, Ed Miliband, propuso que se obligue a dichas entidades a vender unas mil oficinas para facilitar la aparición de, al menos, otras dos entidades bancarias que amplíen la competencia.