Las elecciones griegas no calman al mercado

¿Qué se puede hacer para salvar a Europa?

La mayoría lograda en las urnas griegas por Nueva Democracia, europeistas a favor de cumplir con los planes de austeridad que impone el rescate, no ha logrado tranquilizar a los mercados. El bono español se pagaba esta mañana ya por encima del 7%, el punto de no retorno hacia un rescate-país. Mayor flexibilidad por parte de Alemania o un programa de apoyo del Banco Central Europeo podrían ayudar a apagar el fuego.

El euro se juega su futuro
El euro se juega su futuro

Amanece el lunes y el mundo no se ha acabado. Incluso el euro, de momento, sigue intacto. Los griegos, sobre cuyas elecciones se posaron ayer los ojos de toda Europa, terminaron votando más con el miedo -a su expulsión del euro, a la caída libre, al corralito con el que amenazaba Bruselas- que con la rabia -ante los sacrificios constantes, los severos programas de austeridad, los fallos de los dos partidos mayoritarios- lo que se tradujo en más apoyos a los conservadores de Nueva Democracia, que probablemente conformen Gobierno con los socialistas del Pasok, que a la coalición de izquierdas Syriza, que se quedó a las puertas del cielo.

La resistencia de este último partido a aceptar las exigencias que conlleva el último rescate del país -recortes, despido de empleados públicos, reformas estructurales- hacía pensar que su victoria podría derivar en un fuerte enfrentamiento con Berlín y terminar con la salida de Grecia del euro. Con las imprevisibles consecuencias que tendría expulsar a un socio de la eurozona. Nada de eso ha ocurrido. Los mercados, sin embargo, lejos de tranquilizarse han retomado su habitual embestida.

La escalada de la prima de riesgo española sigue tan imparable como la pasada semana, cuando se comprobó que la petición de un rescate comunitario para la banca no era garante de nada. El termómetro del riesgo país ronda esta mañana los 570 puntos, en un nuevo record que acompaña a la subida del bono español a 10 años por el que se pide en el mercado secundario un interés de más del 7%. La llamada barrera de no retorno, por encima de la cual ningún país ha resistido más que unas semanas sin ser rescatado. ¿No hay nada entonces que vaya a calmar a los mercados? ¿Está todo perdido? No. Aun existen alternativas que ayudarían a tranquilizar la situación:

- Compra de bonos: Un programa de compra masiva de deuda pública por parte del Banco Central Europeo -que ya se hizo con cantidades ingentes de bonos españoles e italianos en otros periodos de tensión- rebajaría el interés que se exige en los mercados, reduciendo la prima de riesgo y mejorando el acceso a financiación.

- Inyección de liquidez: Los tres programas de quantitative easing puestos en marcha por la Reserva Federal norteamericana, grandes inyecciones de liquidez al mercado, han dado buenos resultados al otro lado del continente, donde ha permitido relajar las tensiones y empujar las Bolsas al alza.

- Flexibilidad alemana: Un cambio de actitud por parte de la canciller alemana Ángela Merkel en su cruzada por la austeridad, que diera algo más de aire a los países en problemas para ir cumpliendo el exigente calendario de consolidación fiscal, podría permitir cumplir con los ajustes sin ahogar las economías.

- Crear eurobonos: Aunque este mecanismo es una solución para el medio o largo plazo, trabajar desde ya en la creación de eurobonos podría enviar un mensaje de solidaridad europea y allanar el camino hacia el fin de la crisis soberana. Esta herramienta supondría la emisión de deuda bajo una marca comunitaria, en lugar de los actuales bonos de cada país que los mercados discriminan. Alemania, beneficiada ahora mismo por el carácter "refugio" de sus títulos, se resiste a emitir conjuntamente con países como Grecia, Portugal o España.

- Modificar el rescate: La normativa actual de los fondos europeos obliga a que la petición de una ayuda europea, de hasta 100.000 millones, para recapitalizar la banca española tenga que hacerla el Gobierno. Esto implica una mácula de rescate para el conjunto de el país, que es quien carga con los intereses (que van a déficit) y las obligaciones del crédito. Mediante una simple votación, a la que Alemania se niega, podría modificarse el reglamento para que estos fondos puedan inyectar el dinero directamente a aquellas entidades en problemas que lo soliciten -como defienden España o Francia- con lo que sería la banca la responsable última del préstamo.

- Capacidad ejecutiva: Las cumbres europeas suelen levantar una enorme expectación en torno a las medidas definitivas que se prometen aprobar en cada una de ellas para acabar con la crisis. La lentitud de la burocracia comunitaria hace, sin embargo, que muchas de estas reuniones se salden con meros anuncios que muchas veces no llegan a llevarse a cabo, superados por la velocidad con la que sí cambia, a menudo a peor, la propia realidad. Muchos expertos coinciden, por ejemplo, en que una inmediata puesta en marcha del rescate a la banca española -y desde luego una comunicación directa de las condiciones y la cuantía que implica- hubiera relajado algo más las presiones que viene sufriendo el país.