La postura de los líderes europeos

Angela Merkel. Austeridad sin eurobonos

La disciplina fiscal sigue siendo el pilar maestro del discurso de la canciller alemana, Angela Merkel, que el viernes remachó a sus socios comunitarios que es momento de "que cada uno vigile sus cuentas y nadie viva por encima de sus capacidades".

Los eurobonos no son una opción para la canciller, que duda de la constitucionalidad de que los países miembros emitan deuda bajo una marca conjunta. "No hay que optar por la fórmula que parece más rápida, sino por la mejor", ha defendido.

La supervisión bancaria debe desligarse de las instituciones nacionales, dice Merkel, para reforzar al BCE.

François Hollande. Inversión para salir de la crisis y crecer

La austeridad asfixiará a los países de la zona euro si no va acompañada de programas de inversión que les permitan volver a crecer, argumenta el presidente de Francia, François Hollande, quien apuesta por reactivar el Banco Europeo de Inversiones (BEI).

Recapitalizar la banca con fondos europeos debería, según Hollande, hacerse directamente, sin necesidad de que las ayudas se inyecten primero a los Estados, como está previsto que pase con España.

La solidaridad europea debe servir para que los fuertes apoyen a los débiles en la salida de la crisis, con la creación de eurobonos, por ejemplo.

Mario Monti. Buscar defensas ante el mercado

Fortalecer a los países ante el castigo de los mercados es, según el primer ministro italiano, Mario Monti, una de las prioridades que debe afrontar la eurozona si desea impedir el descalabro de nuevos estados, como el suyo.

El equilibrio presupuestario, subraya Monti, no debe estar reñido con políticas que incentiven el crecimiento y la creación de empleo.

Una unión bancaria es para el primer ministro italiano otra de las asignaturas pendientes que debe afrontar la UE.

Mario Draghi. Liquidez para la banca solvente

La barra libre de liquidez que el Banco Central Europeo, bajo las órdenes de Mario Draghi, ha ofrecido a las entidades financieras debería circunscribirse, según manifestó el viernes el italiano, a la banca solvente.

El BCE tendría que incrementar su poder en un nuevo escenario de unidad bancaria, en el que la regulación y supervisión financiera dependan cada vez más de Fráncfort y la Autoridad Bancaria Europea y menos de las instituciones locales.

Mayor unidad política deberá acompañar, sostiene Draghi, al incremento de poder que experimenten los organismos supranacionales.