La banca española se derrumba en Bolsa

La banca se encomienda al veto a los bajistas

El sector reclama una nueva suspensión de las posiciones cortas que frene la sangría en la Bolsa.

La banca española asiste atónita y desarbolada al derrumbe de sus cotizaciones en Bolsa, tendencia que se ha acelerado tras la nacionalización parcial de Bankia y el callejón sin salida político que vive Grecia y que puede llegar a desembocar incluso en su salida del euro.

Las sonoras caídas de las entidades financieras españolas en el parqué son, en realidad, lluvia sobre mojado, puesto que la debilidad en Bolsa de los bancos ya subió de grado el pasado mes de febrero, cuando se levantó la prohibición de las ventas a corto que regía sobre el sector desde agosto. Y desde entonces, las malas noticias y la pérdida de credibilidad del sector se han sucedido.

Fuentes bancarias reconocen que la recuperación de la prohibición de las ventas a corto sería la fórmula con la que contener el golpe, a la espera de una actuación más efectiva por parte del Banco Central Europeo (BCE) que frene la escalada de la prima de riesgo, obstáculo determinante tanto para la financiación del Estado como para la de la banca. "Los inversores tiran a balón parado, hay mucha gente que está ganando dinero con las posiciones cortas en banca", reconocen desde una entidad financiera española.

Desde el sector financiero recuerdan el descontento con el que se recibió en febrero pasado el levantamiento del veto a las ventas a corto. Ahora, la presión de los especuladores se suma al largo listado de inquietudes del sector financiero español, empezando por el reciente real decreto que obliga a realizar nuevas provisiones por 28.000 millones y siguiendo por los elevados niveles que alcanza día tras día, jornada tras jornada, la prima de riesgo.

Según los últimos registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que actualizan las posiciones cortas en los valores españoles cada quince días, las posiciones bajistas suponen el 5,76% del capital de Popular, el 1,99% del capital de Sabadell, el 6,46% del de Bankinter, el 0,366% del de Santander y el 0,84% del de BBVA. Con anterioridad a la prohibición levantada en febrero, la presencia de inversores bajistas -que obtienen plusvalías al apostar por la caída de la cotización- era casi testimonial en los dos grandes bancos españoles.

Desde la CNMV apuntan que el veto del pasado agosto -que llegó cuando la presión alcanzó a los grandes bancos franceses- se decidió de forma coordinada con el resto de reguladores de mercados europeos. En aquella ocasión, la suspensión de la toma de posiciones cortas en valores bancarios fue común en las Bolsas de Madrid, Milán, París y Bruselas. Y en el supervisor añaden que, de retomarse la iniciativa, se haría de nuevo de forma concertada para garantizar su efectividad, a pesar de que la CNMV española tenga la facultad de decidir sobre este aspecto de forma unitaleral. En este último capítulo de turbulencias, la banca española está en el foco de las ventas de los inversores, en mayor medida incluso que los bancos franceses, italianos o belgas, también castigados en el parqué.

El sector financiero español ya se movilizó en contra de las posiciones cortas al inicio de la presente crisis, poco después de la paradigmática quiebra de Lehman Brothers, en una iniciativa que desembocó en que la Comisión de Valores hiciera pública la presencia de inversores bajistas en el capital de las entidades financieras españolas. En virtud de esa norma, este tipo de inversores debe comunicar al regulador del mercado español las posiciones cortas que oscilen entre el 0,2% y el 0,5% de un valor y hacerlas públicas al conjunto del mercado cuando superan el 0,5%.