EDITORIAL

La reforma financiera definitiva

Los acontecimientos financieros se han precipitado en España en las últimas semanas, pero de forma acelerada en las últimas jornadas. El hecho de que los mercados financieros, esa mano invisible pero poderosa que conduce buena parte de los destinos de los países europeos últimamente, hayan engullido la reforma financiera aprobada el 3 de febrero, y hayan amortizado el vigoroso efecto de la que parecía transformación y capitalización definitiva del sector, ha exigido una nueva reforma. Y esta sí, esta debe ser definitiva, porque la paciencia de los financiadores de la economía española empieza a acabarse y en caso de un nuevo fracaso bien podría no haber marcha atrás.

Tras observar la resistencia de la prima de riesgo a descender, constatar la dificultad de los bancos para financiarse en el exterior, y encajar la recomendación del FMI y del presidente del BCE de que era urgente sanear el sistema financiero, pero sobre todo cerrar el asunto Bankia, el Gobierno ha acelerado un paquete de decisiones que aprobará en el Consejo de Ministros del viernes. Los cuatro pilares en los que se fundamenta la nueva reforma, allanada en parte por los movimientos de esta semana en Bankia, deben despejar el horizonte para que España recomponga la confianza en los mercados exteriores y deben habilitar un grado de solvencia suficiente en el sistema financiero para que recupere la función para la que está aquí, que no es otra que intermediar ahorro e inversión.

Es la única forma de que el resto de las reformas que el Ejecutivo ha puesto en marcha no queden baldías por el bloqueo que la banca ejerce sobre la circulación financiera. En solo cuatro meses, el Gobierno ha encarrilado las finanzas públicas con decisiones impopulares, y con decisiones impopulares ha flexibilizado las relaciones laborales hasta los niveles que se pueden considerar comunitarios. Pero no darán tales cambios normativos fruto hasta que el sistema financiero transparente sus balances, mejore su solvencia y financie a la economía. Sin crédito, ni aquí ni en ninguna economía madura, puede esperarse crecimiento.

El segundo decreto Guindos reforzará severamente las provisiones sobre el crédito inmobiliario sano para evitar que engorde la partida de activos problemáticos; capitalizará con anticipos de las entidades el Fondo de Garantía de Depósitos para cubrir las pérdidas de las entidades nacionalizadas y subastadas o por subastar; regulará las sociedades inmobiliarias de liquidación (bancos malos) para que las entidades aíslen sus activos degradados (con sus provisiones), para asear así sus balances y no generar suspicacias en los financiadores; y rescatará Bankia, el gran nudo del sistema, con dinero público. Todo junto debería ser suficiente, definitivo. Pero será el arbitraje del mercado quien tenga la última palabra.