EDITORIAL

El valor de Renfe en la liberalización

Los planes avanzados por el Gobierno para el sector del transporte van en una acertada línea de liberalización. Son muchas sus carencias en España, pero sí existe una tesis comúnmente compartida: hay que potenciar el tren, sobre todo en el área de mercancías, la intermodalidad y la competencia en pasajeros. Algo tan evidente como esto es una cantinela desde hace lustros, pero con muy escasa traslación a la actividad económica real. Es deseable que, de una vez, se hagan bien las cosas y la competencia entre en el sector con toda su eficacia. El transporte de cercanías, modernizado pero deficitario, también requiere cambios que se pueden orientar hacia las franquicias. Bien diseñadas, aunarían los conceptos de liberalización y, con todos los controles, atender a las demandas de las comunidades autónomas que quieren asumir su gestión. El AVE y el largo recorrido han sido la gran inversión española de los últimos 25 años, con más de 33.000 millones de euros, pero solo transportan al año 22 millones de pasajeros, lo que pone de manifiesto una enorme capacidad de crecimiento que la competencia puede aprovechar. Pero en todo este proceso hay algo fundamental: el valor de Renfe. Cualquier liberalización que se adopte debe hacer que Renfe aproveche la fortaleza largamente conseguida y pueda competir a nivel internacional con gigantes públicos como la francesa SNCF y la alemana Deutsche Bahn.