Los expertos prevén los primeros signos de cambio para la segunda mitad del año

¿Llega a tiempo para España la apuesta europea por el crecimiento?

El discurso europeo está cambiando, eso está claro. Y con Angela Merkel a la cabeza. Pero la duda ahora es si el nuevo fervor europeo por cuidar el crecimiento llega a tiempo para reconducir la crisis en los países más castigados.

Jose Manuel Barroso junto con Angela Merkel, Mario Monti y Mariano Rajoy en una cumbre europea informal en Bruselas
Jose Manuel Barroso junto con Angela Merkel, Mario Monti y Mariano Rajoy en una cumbre europea informal en Bruselas

En una sequía extrema de buenas noticias, cualquier gota de optimismo se recibe con alegría. Pero si ese soplo de aire fresco procede de la Europa comunitaria, entonces la alegría lleva aparejada una buena dosis de escepticismo.

No porque los expertos desconfíen del mensaje que ha comenzado a circular en los últimos días entre los principales representantes de las instituciones y países de la eurozona. La decisión de sepultar la austeridad como única receta frente a la crisis y el abrazo a las políticas de crecimiento han sido muy bien recibidos entre los analistas españoles. Y más cuando el cambio de tendencia tiene la bendición de la bestia negra de la alegría presupuestaria, la canciller alemana, Angela Merkel.

No. Quizá porque la tozudez de las cifras de recesión y paro de los países europeos con problemas hacía imposible el mantenimiento eterno de la ortodoxia a ultranza, esta vez el mercado se está creyendo el cambio de rumbo, por mucho que desde Bruselas se esté intentando frenar la expectativa generada. Pero cuando se trata de Europa, de lo que se duda es de la velocidad. Y España, con los dos pies metidos de lleno en una nueva recesión y una tasa de paro para la que no se prevé alivio en toda la legislatura, puede no tener mucho tiempo que perder. Pese a ello, esta vez hay consenso: el cambio de actitud es una muy buena noticia y tendrá beneficios para la economía nacional, aunque una buena parte sean más anímicos que materiales.

"Siempre se está a tiempo de sacar provecho", explica Miguel Paz, director de gestión de Unicorp Patrimonio. "En cuanto hay un poco de confianza, la prima se contrae. Y si no está entrando dinero en España, es porque no hay crecimiento, así que un cambio de rumbo en ese sentido siempre sería bienvenido", añade.

Pero el impulso real para la economía nacional dependerá mucho de por dónde vayan los tiros del nuevo plan que termine aprobando Bruselas. "Hay que ser muy prudentes y esperar a ver cuáles son las medidas y el calendario", advierte Estefanía Ponte, directora de análisis y estrategia de Cortal Consors. "Pero si finalmente sale adelante el refuerzo al Banco Europeo de Inversiones que anunciaba Merkel y se centra en la ayuda a las pymes, eso va a contribuir mucho al crecimiento y al empleo en España", explica.

A veces (solo a veces) tener un escenario tan negativo para una economía ayuda. Y eso le pasa a España. La revisión a la baja de las previsiones para el ejercicio en curso que han hecho la mayoría de los economistas y casas de análisis ha sido drástica, hasta el punto de que el consenso medio estima una caída de la economía del 1,7% y una tasa de paro del 24%. Con este panorama, cualquier dato que, aunque sea negativo, se sitúe algo por encima de lo previsto, puede crear una cadena de mejora del sentimiento que acabe arrastrando al alza la actividad.

"El merado está descontando lo peor. Si después del verano se empiezan a ver cifras mejores de lo previsto, se generará optimismo. Eso dará confianza a los inversores nacionales y a los extranjeros, de forma que se modifique la tendencia", destaca Paz.

Desde Cortal Consors también creen que en la segunda parte del año puede venir una cierta recuperación alentada por los efectos de las medidas de impulso al crecimiento que se tomen y por el mero cambio de actitud. "Para una economía en recesión como la española, el modelo de austeridad no le ayudaba", exponen. La primera cita de calado será la cumbre europea de junio, así que el mercado sabe que toca armarse de paciencia. Pero, por una vez, lo que se espera es una inyección de vitalidad y no un nuevo plan de ajuste. Y eso ayuda.