EDITORIAL

Consolidación fiscal, reformas y crecimiento

El mismo día que el Gobierno presentó en sociedad los Presupuestos del Estado para 2012, con el retraso autoimpuesto por los condicionantes electorales, los mercados financieros empujaron la Bolsa hasta los mínimos anuales y la prima de riesgo de la deuda a niveles desconocidos desde noviembre. Y ayer, cuando el Tesoro buscaba financiación por vez primera desde que se conocen las cuentas públicas, los mercados siguieron empujando a la Bolsa a nuevos mínimos anuales (pierde ya un 10% este año) y a la prima de riesgo cerca de los 400 puntos básicos, en una operación, eso sí, contra las Bolsas de toda Europa y los bonos de todos los periféricos.

Una lectura de causa-efecto puede ser demasiado simplista para justificar los movimientos de las ingentes cantidades de dinero que se mueven en el mercado. Pero este es, y no otro, el recibimiento que inversores, financiadores y acreedores de España han dado al austero Presupuesto de 2012. Es sorprendente, además, que se han manejado por los analistas interpretaciones de que el recorte es excesivo y dañará el crecimiento, como de que es demasiado timorato.

El propio presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, se ha alineado, cómo no, con esta segunda lectura: considera que el mensaje que los mercados han dirigido a España y a otros países con problemas de crecimiento y competitividad es que "hay que intensificar la consolidación presupuestaria y las reformas estructurales". Aunque es cierto que las hostilidades contra los títulos españoles e italianos se acrecentaron ayer tras la subasta del Tesoro español, que colocó por debajo de sus expectativas y con tipos más altos que en las últimas subastas, ayer volvieron también a las bambalinas de las plazas europeas los temores de un retraso en la recuperación de las economías continentales, intensificadas por datos norteamericanos, y magnificadas también por las palabras del banquero central europeo en el sentido de que era aún pronto para empezar a diseñar estrategias monetarias de salida de la crisis.

La recomposición de la confianza medida por la prima de riesgo de los títulos emitidos por el país es un proceso muy lento. España ha malgastado mucho tiempo desde que comenzó la crisis en salvas, y solo recientemente se ha metido de hoz y coz en las reformas estructurales importantes y en esfuerzos visibles de reducción de sus déficits. La confianza, la financiación y el crecimiento solo volverán cuando los financiadores hayan despejado todas sus dudas sobre las cuentas públicas y su ejecución en los próximos meses y sobre un sistema financiero al que siguen considerando poco clarificado y saneado, y sobre el que existe el temor de que termine echando en las espaldas del Estado otra avalancha de costes hasta ahora no reconocidos. El ministro de Economía, Luis De Guindos, lleva varias jornadas tratando de explicar en los influyentes medios extranjeros la verdadera dimensión de la deuda, así como la seguridad de que los ajustes que faltan en el sistema bancario serán resueltos este mismo año (con fusiones y subastas) y que serán los propios bancos quienes costearán las operaciones de saneamiento.

Solo una vez despejado el camino financiero del Estado y la banca, a lo que ayuda de manera intensa la garantía de liquidez del BCE, se podrán ver los efectos combinados del resto de las reformas estructurales, esas en las que tanto acento puso ayer Mario Draghi. Las altas tasas de desempleo y las pérdidas acumuladas de competitividad que agarrotan a países como España tienen que ser combatidas por medidas concretas de su Gobierno, "exprimiendo los ajustes salariales y manteniendo la máxima flexibilidad en sus mercados de trabajo", recordó.

Pero los esfuerzos deben continuar con cambios normativos adicionales en varios mercados de bienes, servicios y factores para incrementar el crecimiento potencial de la economía y hacerlo con la celeridad apremiante que exige una tasa de paro del 24% y del 50% entre los jóvenes. España tiene estructuras económicas estatales y sociales suficientemente sólidas como para encajar al sacrificio de gasto aprobado por el Gobierno sin entrar en la descomposición que acosa a otras economías. Pero la ciudadanía tiene que comenzar a ver frutos pronto, puesto que la crisis circula ya por el quinto año y con cada vez más empresas y más personas al límite de la resistencia.