TRIBUNA

Illinois, un punto de inflexión en las primarias

Nada más saber el resultado de la última encuesta en Illinois, hace cinco días, Romney cambió su plan electoral: cuatro días de ininterrumpida campaña en Illinois, invertir siete veces más publicidad que Santorum, especialmente en anuncios negativos sobre el candidato conservador, y conseguir el apoyo público del mayor número posible de líderes del partido.

¿Qué llevó a Romney a comportarse así? A priori, parecería que no debe preocuparse: tiene 516 delegados; Santorum, 236; Gingrich, 141, y Paul, 66. Acaba de ganar todos los delegados de Puerto Rico y, si no ganó en Misuri es porque el partido tuvo que suspender el caucus allí, debido al enfrentamiento -que llegó a ser físico en varios condados- entre los partidarios de los candidatos, impidiendo que en muchos sitios se pudiera votar.

El caucus de Misuri (52 delegados) se repetirá el 21 de abril. Puerto Rico fue una buena señal para Romney: consiguió más del 50% de los votos, en un estado (asociado) latino. En América, si hubiera elecciones hoy, 20 de marzo, solo entre republicanos, ganaría Romney (35,1%), seguido por Santorum (29,3%), Gingrich (14,3%) y Paul (11,1%).

Illinois es un estado que favorece a los candidatos moderados. Es tierra de Obama y los demócratas ganan a menudo las elecciones. El votante republicano de Illinois es sofisticado, cosmopolita, culto, vive en grandes ciudades como Chicago, tiene ingresos altos y es un conservador moderado. Analizando, por variables sociodemográficas, el perfil del votante de Romney, la conclusión es que Illinois es un terreno favorable para que él gane, como dicen las encuestas, que le otorgan el 37,7%, frente a Santorum, 31,3%, a Gingrich, 11,3% y a Paul, 7,3%. Romney ganaría por 6,4 puntos.

Y, sin embargo, cuando vio su encuesta interna, cambió su planificación electoral, para volcarse enteramente en Illinois. ¿Por qué?

La encuesta privada de su campaña le daba la victoria sobre Santorum en Illinois por cuatro puntos, lo cual estaba dentro del margen de error de la encuesta. Y este dato debió provocar a Romney sudor frío. Si la diferencia estadística entre Romney y Santorum coincide con el margen de error de su encuesta, el resultado final bien podría ser un empate técnico entre los dos. Es decir, como sucedió en otros grandes estados con muchos delegados (Míchigan y Ohio), Romney ganaría por los pelos. Si así fuera, las consecuencias serían profundas. Hace tiempo que a Romney le han quitado el manto de la inevitabilidad de la victoria.

Carta a la que Romney quiso siempre jugar, apoyado por el aparato del partido. Es la misma estrategia de Hillary Clinton en las primarias demócratas de 2008, que acabó ganando Obama. Más aún, si Romney no gana por un cierto margen en Illinois -donde el retrato robot del electorado republicano debiera serle afín-, ¿qué pasará cuando los ultraconservadores voten en Texas?

Una ancha victoria de Romney en Illinois transmitiría el mensaje de que, en el estado del que proviene el presidente Obama, hay un candidato republicano capaz de hacerle frente. Ya que, si hubiera elecciones presidenciales hoy, Obama derrotaría a Romney por 4,6 puntos: Obama, con 48,4%; Romney, con 43,8%. Y, de enfrentarse Obama y Santorum, la diferencia, hoy, a favor de Obama sería de 8,6 puntos: Obama ganaría con el 50,5% y Santorum obtendría el 41,9%.

El último dato real, de verdad, digan lo que digan los republicanos y las encuestas de la cadena Fox News (que tiene en nómina a Gingrich, Sarah Palin, Mike Huckabee y muchos más como ellos) es que el índice de aprobación de la gestión del presidente es del 47,1% versus el 46,9% de desaprobación. Los americanos le aprueban por un simbólico margen del +0,2, pero le aprueban. El Congreso, en manos republicanas desde las elecciones de noviembre de 2010, tiene hoy un índice de desaprobación del 82,5%.

En el partido republicano se habla ya, abiertamente, de que ningún candidato conseguirá los necesarios 1.141 delegados para cuando se celebren las últimas elecciones primarias, en Utah (40 delegados), y que el candidato habrá de ser elegido a puerta cerrada en la convención de Tampa, mediante ocultas negociaciones entre candidatos, cosa que no sucedía desde 1976, entre el presidente Gerald Ford y su contrincante republicano Ronald Reagan. Romney ha hecho bien en poner todos sus esfuerzos en Illinois: si no gana hoy allí por un cierto margen a Santorum, Illinois podría ser el punto de inflexión para Mitt Romney.

Jorge Díaz-Cardiel. Socio Director de ADVICE Consultants. Autor de 'Obama y el liderazgo pragmático' y 'La reinvención de Obama'