EDITORIAL

Un Gobierno económico en la zona euro

El acuerdo alcanzado la madrugada del martes en Bruselas para desbloquear el segundo rescate de Grecia supone una inyección reanimadora para Atenas, pero también implica una dosis de cierta tranquilidad -al menos de carácter temporal- para sus socios europeos. La aprobación del paquete de 130.000 millones de euros a cambio de una fuerte cesión de soberanía fiscal por parte del país no resuelve definitivamente la cuestión griega, pero sí proporciona más tiempo. Una incierta tregua cuya duración y solidez depende en buena parte de los mercados y de cómo perciban esta nueva vuelta de tuerca sobre el Ejecutivo heleno, pero cuya gestión -provechosa o no- está directamente vinculada a la voluntad política de Europa. En ese sentido, y dado que no parece que una solución definitiva al problema que supone Grecia esté hoy mucho más cerca que ayer, la atención de los líderes europeos debería concentrarse al menos en resolver otra importante asignatura pendiente: la ampliación y flexibilización de los fondos europeos de rescate. En principio está previsto que el tema sea tratado en el seno de la próxima cumbre europea, en la que se intentará dotar a la iniciativa de impulso político suficiente para terminar de ultimarla en los meses previos al verano. Se trata de un proyecto ambicioso, urgente y necesario, cuyo fin es proteger la zona euro a través de una red de seguridad financiera lista para actuar ante posibles situaciones de emergencia. El modelo no está pensado tanto para coyunturas agónicas como la que está viviendo Atenas -que supone un caso extremo- como para problemas de liquidez o posibles ataques especulativos que puedan desestabilizar las economías poco robustas, como es el caso de España o Italia.

Bruselas parece haber comprendido que el tiempo corre en su contra. A nadie se le escapa que el futuro de Grecia es sumamente incierto, pero lo ocurrido en el país desde que se desató la crisis debe servir para sacar lecciones, tanto en negativo como en positivo. Las primeras resultan más que evidentes y no corresponden solo al funesto papel ejercido por las autoridades griegas, sino también a la desesperante indecisión e ineficiencia con que los socios europeos han gestionado esta crisis. Como ejemplo de las segundas destaca el acuerdo aprobado ayer por los ministros de Economía de la UE con el objetivo de autorizar un control previo sobre los presupuestos nacionales de los Estados miembros. El hecho de que esa importante cesión de soberanía fiscal se haya producido el día en que Atenas ha accedido a tolerar la presencia permanente de funcionarios comunitarios para supervisar su gestión económica no es casualidad. Puede que la solución que precisa Grecia siga generando incertidumbre, pero lo que sí parece estar hoy un poco más cerca que ayer es el proyecto de un Gobierno económico para la zona euro.