TRIBUNA

Pagar céntimos a euro

Parece bastante lógica la premisa de que es absurdo pagar más por algo que se puede conseguir a un precio menor. Una tesis que cobra fuerza si se enmarca en la crisis económica más grave a la que la economía se ha enfrentado en mucho tiempo.

Sin embargo, hay gente que cierra los ojos ante esta evidencia y pretende que los consumidores españoles paguen más por algo -la electricidad- que puede obtenerse a un precio bastante más competitivo.

Las compañías asociadas en Unesa son líderes en energías renovables y contribuyen a que España cumpla los requisitos medioambientales acordados en Bruselas. Desde Unesa apoyamos además estas energías, porque nadie discute que ayudan a disminuir la dependencia energética de España y a mejorar la sostenibilidad ambiental. Sin embargo, no debe perderse de vista su competitividad económica.

El error más común es meter a todas estas energías dentro de un mismo saco, sin tener en cuenta que existen importantes diferencias entre ellas. No puede compararse el grado de eficiencia y madurez de energías como la eólica, cuyo precio se aproxima ya al del MWh medio del mercado y que, según los datos de 2011, recibe unas primas medias de 41,3 euros por MWh, mientras que otras como la termosolar, todavía en grado de investigación y desarrollo, reciben unas primas de 240 euros por MWh (cantidades a las que hay que añadir unos 50 euros por MWh, es decir, el precio de la electricidad en el mercado).

Por otro lado, y teniendo en cuenta la importancia de la reducción de las emisiones de gases contaminantes, conviene recordar que, mientras que la producción eólica presenta emisiones nulas de CO2, la termosolar sí libera gases de efecto invernadero, ya que precisa de una energía térmica, como es el gas natural, que se utiliza en este caso con bajo rendimiento energético como combustible de apoyo.

Si continuamos incorporando masivamente energías inmaduras, como si ya fueran viables comercialmente, volveremos a caer en el error de crear otra burbuja como la fotovoltaica. Aprender de los errores es sano y, en momentos como los actuales, necesario. España no solo no está en condiciones de instalar nuevas plantas -que ahora no son necesarias con una demanda de energía decreciente-, sino que si se concluyen las plantas previstas en el prerregistro se habrán puesto en marcha 2.500 MW en el año 2013 (frente a un objetivo inicial de 500 MW). La consecuencia sería un coste adicional por primas del orden de 2.000 millones de euros anuales durante los próximos 20 años.

Es interesante investigar en tecnologías incipientes, pero siendo conscientes de que trata de tecnologías en desarrollo y, por tanto, con un largo camino por recorrer en su curva de aprendizaje. Una tecnología experimental no precisa de la repetición recurrente de proyectos poco eficientes, sino de un número de proyectos bastante limitado con los que aprender para el futuro.

A esto tenemos que añadir que la apuesta por energías inmaduras como la termosolar solo puede conducir al aumento desorbitado del mayor problema que tiene hoy día nuestro sistema eléctrico: el déficit de tarifa. No se deben confundir conceptos ni culpar del déficit a las empresas eléctricas quienes, en realidad, se limitan -en contra de su voluntad- a prestar el dinero para que cobren los que realmente dan lugar a dicho déficit.

En el ejercicio 2011, el régimen especial, que produjo un tercio de la electricidad consumida, ingresó, en cifras absolutas, más que todo el régimen ordinario (las grandes centrales hidroeléctricas, nucleares, ciclo combinado de gas natural y carbón), que generó los dos tercios restantes.

Hacen falta empresas robustas y fiables, que den seguridad a los mercados, inviertan y creen empleo, no solo en su fase de construcción, sino de modo constante, durante la explotación, y con costes de producción competitivos. Lo demás es demagogia.

Pascual Sala Atienza. Secretario general de unesa