COLUMNA

Socialismo francés frente a finanzas

Los banqueros franceses, los operadores y los gestores de hedge funds deberían resistir la tentación de reservar un vuelo para salir de París en el caso de que François Hollande se convierta en presidente en mayo. El líder socialista francés ha identificado el "mundo de las finanzas" como su principal adversario. Aprovechar el sentimiento antibancos es una frecuente estrategia política. Pero no es probable que la ira de la justicia ciega socialista llegue a las finanzas francesas. De hecho, las serias reformas propuestas por Hollande no son particularmente aterradoras.

La medida más sorprendente que Hollande ha presentado es la separación de banca de inversión y minorista. Esto es probable que encuentre fuerte oposición por parte de los bancos franceses, pero no es el tipo de Armagedón financiero que les haría caer de rodillas. Después de todo, Reino Unido ya avanza planes para reforzar la banca minorista. El apoyo francés podría incluso inclinar la balanza hacia algo similar en toda la UE.

Lo mismo pasa con la propuesta de Hollande de gravar las rentas más altas al 45% -una tasa bastante punitiva comparada con otros países-.

Luego hay otras propuestas más populistas. Hollande dice que quiere prohibir las stock options salvo para las "empresas innovadoras". También quiere prohibir los derivados cuando no tengan ningún vínculo con lo que él llama la "economía real". Estas son el tipo de ideas vagas y absurdas que irán cayendo una vez que el nuevo Gobierno se enfrente con sus probables consecuencias: el rápido declive de los mercados financieros de París o las empresas trasladándose al extranjero para poder seguir compitiendo por directivos con talento. Las verdaderas inquietudes que surgen a raíz del proyecto de Hollande no son sobre lo que se propone hacer con las finanzas sino lo que amenaza hacer con la economía. Ideas como la creación de un banco de inversión pública, o grandes proyectos de inversión paneuropeos, suenan a viejo intervencionismo socialista no reformado. Hollande tiene aún que admitir una difícil realidad: solo porque los mercados vayan mal, no significa que el Gobierno sepa ir mejor.

Por Pierre Briançon