EDITORIAL

Cuidar el turismo es un trabajo prioritario

Como todos los años, la gran cita turística de Fitur reúne en Madrid a los principales representantes y profesionales de la industria nacional e internacional del turismo. Hasta el próximo domingo por la noche, la Feria Internacional del Turismo concentrará en Ifema a representaciones de 167 países, con más de 9.500 empresas instaladas en 65.000 metros cuadrados. Los datos aportados por la organización confirman un año más el prestigio y la buena salud de que goza el evento, una de las ferias más importantes del sector en todo el mundo. Las empresas que han confirmado este año su asistencia han aumentado un 4% -las foráneas lo han hecho en un 20%-, mientras que las representaciones institucionales han descendido un 7%, lo que se explica por el drástico ajuste de gasto que se ha producido en un buen número de Administraciones locales y regionales.

Más allá de la magnitud de la cita empresarial y sus beneficios directos e indirectos -la ocupación hotelera en Madrid durante estos días está asegurada en un 100%-, la buena noticia, a priori, de esta edición de Fitur viene dada por la propia industria turística española, cuyo buen comportamiento el ejercicio pasado la mantiene como uno de los escasos motores en funcionamiento de nuestra economía. El balance de 2011 se ha saldado con un crecimiento superior al 8%, una cifra más que apreciable en plena crisis y una verdadera excepción dentro de un panorama átono y gris. Más de 57 millones de visitantes llegaron a España el año pasado, para consolidar a la industria del turismo por encima del 10% del PIB. Cambios de tendencia como la recuperación del mercado británico y la buena afluencia de otros visitantes de valor adquisitivo por encima de la media, es el caso de italianos y nórdicos, han sido determinantes para engordar los resultados de un 2011 que se ha despedido como cuarto récord histórico de la industria.

Ha habido también, evidentemente, factores coyunturales de origen geopolítico que han mejorado el balance y cuyo efecto no hay que subestimar de cara al futuro. La industria española ha tenido la oportunidad y el acierto de aprovechar en su favor la primavera árabe y ha sabido atraer a un turismo internacional que busca buenos precios, pero también seguridad. A ello se ha unido la lluvia de visitantes que en acontecimientos puntuales, como la celebración de la JMJ, que con la visita del Papa dejó en Madrid importantes ingresos, así como nuevas tendencias de negocio, como la explosión del turismo de cruceros en Cataluña. Si bien algunos de esos acontecimientos suponen nuevas oportunidades a explorar por las empresas del sector, otros no son más que tendencias que por su propia naturaleza no van a mantenerse indefinidamente en el tiempo. Como recordaba el pasado martes el presidente del comité organizativo de Fitur y presidente de IAG e Iberia, Antonio Vázquez, es hora de "trabajar, preservar y cuidar" el turismo como activo dotado de una resistencia inusual ante los embates de la crisis. En ese esfuerzo deben ocupar un lugar prioritario las asignaturas pendientes del sector, tantas veces señaladas como igualmente aparcadas.

La mejora de las instalaciones, la supervisión inteligente de la política de precios y la elevación cualitativa de la oferta son los tres grandes ejes de una reconversión que debería ser abordada de forma ordenada y eficiente, pero también sin dilación. En esa tarea el sector puede contar con oportunidades derivadas de las reformas legislativas que se van anunciando en esta nueva legislatura. Es el caso de la inminente reforma laboral que prepara el Gobierno. De llevarse a cabo esta con el alcance suficiente constituirá una herramienta de inestimable valor para una industria sujeta a la demanda estacional y, por tanto, especialmente expuesta a las rigideces del mercado laboral. Al margen de ello, no hay duda de que corresponde al sector llevar la voz cantante de un proceso que tiene que abordarse con grandes dosis de visión de futuro y ambición. La creciente competencia de los mercados low cost supone para esta industria una amenaza mucho más seria que una crisis económica que hasta el momento ha conseguido sortear.