Grecia. El ejemplo del anémico que sobrevive entre sangrías y transfusiones

Desde que el incendio de la crisis soberana europea prendiera en Atenas, en la primavera de 2010, Grecia se mantiene en un doloroso -y contagioso- bucle que va del castigo de los mercados al rescate, pasando por el plan de ajuste y la huelga general. El órdago que supuso la convocatoria de un referéndum para ver si la ciudadanía acataba un segundo plan de rescate, desafío que le costó el cargo al ex primer ministro Yorgos Papandreu, da una idea del esfuerzo político y social que implica ceñirse el cinturón que agujerean la UE y el FMI a cambio del salvavidas. En palabras del Nobel de Economía Paul Krugman, se le estarían aplicando purgas de sangre a un enfermo de anemia. Así, para obtener los 8.000 millones de euros pendientes del primer tramo de ayudas (110.00 millones) que necesitaba para respirar, Grecia ha tenido que prometer un nuevo paquete de recortes. Un plan que saneará sus cuentas pero dificultará la recuperación económica de un país que ya ha pasado por ajustes fiscales, recortes del gasto social, despido de funcionarios y privatización de empresas públicas, y aún así se aboca a su quinto año en recesión, con una deuda del 200% del PIB. El testigo lo tiene ahora el tecnócrata Lucas Papademos, que busca aprobar mañana un ahorro presupuestario de otros 5.000 millones para los próximos meses. Y mientras la UE ultima su segundo rescate.