EDITORIAL

Los pilotos e Iberia, un acuerdo necesario

A menos de un mes de la Navidad, el conflicto que enfrenta al colectivo de pilotos de Iberia con la compañía amenaza con perturbar, una vez más, un periodo vacacional en el que los conflictos laborales dentro del sector aéreo empiezan a parecer tristemente crónicos. En la memoria de todos los españoles están frescos todavía -en el caso de los directamente afectados, con toda seguridad y de una forma sangrante- el plante de los controladores, las quiebras de Air Madrid y Air Comet o los distintos ultimátums lanzados por el sindicato de controladores USCA. A la vista del enquistamiento de la negociación entre el sindicato de pilotos Sepla e Iberia a raíz de la creación de la nueva filial Iberia Express y de la discusión del convenio colectivo de estos profesionales, el próximo diciembre puede pasar a engrosar la larga e intolerable lista de agravios y desplantes que en los últimos cinco años han padecido en España los usuarios del sector aéreo.

Los pilotos tendrán hoy la oportunidad de responder a la invitación de Iberia para sentarse a reanudar la negociación, tras haber rechazado la semana pasada la propuesta de incluir en las conversaciones la figura de un mediador. Mientras el Sepla acusa a la compañía de buscar "el desmantelamiento de Iberia" con la creación de la filial de medio radio y costes bajos Iberia Express y exige la presencia en la mesa negociadora de Willie Walsh -consejero delegado de IAG, el grupo que forman Iberia y British Airways-, la empresa recuerda que la puesta en marcha de una nueva filial es una decisión de pura estrategia de negocio y que, como tal, no puede estar de ningún modo incluida en el diálogo con la plantilla. Ya en el ámbito de discusión del convenio, Iberia aboga por suprimir la garantía de mantenimiento de empleo que figura en el acuerdo marco actual. Pese a no adelantar todavía un calendario, los pilotos han anunciado que si no hay acuerdo, habrá huelga.

Pese al innegable y legítimo derecho del Sepla a defender, al igual que cualquier otro sindicato, los derechos laborales del colectivo al que representa, ello no puede interferir en la estrategia de crecimiento, expansión o diversificación de la compañía a la que pertenece. Sea cual sea el resultado final de las negociaciones entre pilotos y aerolínea, el despegue de Iberia Express constituye una apuesta absolutamente vital para el futuro de Iberia y, por su propia naturaleza, no puede ni debe estar supeditada a la negociación colectiva con los profesionales de la matriz. La nueva aerolínea, que presumiblemente comenzará a operar en la primera mitad de 2012, echa a andar con una estructura directiva y una plantilla propias e independientes. Ello generará dos grupos de empleados con condiciones laborales distintas, una exigencia acorde con la necesidad de ajustar unos costes que permitan a la nueva filial irrumpir en el mercado a precios competitivos. A la agresiva ofensiva que en los últimos años han protagonizado las compañías aéreas low cost en el sector del transporte aéreo se han sumado los efectos de la crisis. Ello ha convertido el ajuste de costes no solo en una estrategia, sino en una necesidad.

Más allá de la legitimidad de Iberia para diseñar su estrategia de negocio y del derecho de todo colectivo a negociar sus condiciones laborales, se hace imprescindible recordar que en el conflicto del Sepla con la aerolínea existe una tercera parte que no figura en la mesa de negociación, pero que resulta directa y especialmente afectada por sus resultados: los clientes. Los usuarios del transporte aéreo no pueden estar permanentemente sujetos a la estrategia negociadora de un colectivo profesional que amenaza constantemente con utilizar la huelga -más aún en fechas tan señaladas- como arma para reinvidicar sus derechos. Si es obvio que a Iberia no le conviene que se ponga a prueba la paciencia de los clientes, no es menos cierto que ello tampoco beneficiará a los pilotos. Porque su futuro profesional depende directamente de la fidelidad y la satisfacción de los viajeros.