EDITORIAL

Un nuevo mapa financiero fuerte y estable

La reconstrucción del mapa financiero español ha dado pasos de gigante en poco más de dos años y medio. La intervención de Caja Castilla La Mancha (CCM) en marzo de 2009 fue el pistoletazo de salida a una reconversión de las cajas que ha servido, antes que nada, para poner de relieve la incomprensible ineficacia en la que sesteaba buena parte de la mitad del sector financiero español y además, con contadas excepciones, la inaudita carencia de controles con que se movía y una falta de profesionalidad solo comparable a la ausencia de prudencia y control del riesgo. Si al cóctel se le añadía una importante porción de intereses y clientelismo políticos, los resultados nefastos eran previsibles. De ahí que el proceso que ha dejado las casi 50 cajas de ahorros en menos de dos decenas, sin estar ni mucho menos completado, haya significado una verdadera respiración asistida para un sector que estaba siendo enterrado bajo el ladrillo y al que la crisis económica estaba a punto de dar la puntilla.

Pero es obvio que los movimientos, en términos de volumen de activos, no han hecho más que empezar. Porque las fusiones frías, las integraciones y las conversiones a bancos aprobadas por ahora entre las cajas, incluso la integración de Popular y Pastor en el área de los bancos, son un juego de niños comparado con lo que le queda a la carrera del sector hacia el futuro.

El puzle para cuadrar las fusiones está abocado a entrar en un proceso mucho más ambicioso, en que van a participar de manera determinante los cuatro grandes y que dará lugar a entidades mucho más poderosas. Santander, BBVA, La Caixa y Bankia, y también Popular y Sabadell, así como algunas de las cajas medianas están llamados a configurar un nuevo mapa estable en el sector, y para ello van a contar con un Gobierno del PP que ha abanderado, entre sus promesas electorales, el saneamiento de la banca como una de las prioridades para salir de la crisis económica.

De este modo, la segunda oleada de fusiones va a mover piezas de caza mayor. Un cuadro este al que colaboran las reuniones que Mariano Rajoy, como presidente virtual del Gobierno, está manteniendo con los principales representantes del sector.

El tiempo apremia, la Autoridad Bancaria Europea ha marcado junio de 2012 para tener listas las nuevas exigencias de capital y no hay ninguna razón para demorar el proceso. En primer lugar, porque la caída de la rentabilidad y las dificultades del negocio a causa de la crisis perfilan como salida el crecimiento en volumen para permanecer en el mercado en condiciones de sostenibilidad. Todo indica que el número de entidades se va a reducir drásticamente, porque el modelo de banca universal requiere economías de escala para las que hace falta tamaño. Y en este marco, si es necesario que alguna entidad se quede en el camino, solo será algo lógico en un mercado en competencia.

Los expertos calculan que al final del proceso quedarán en España entre siete y ocho grupos financieros y alguna entidad de menor tamaño que operará en nichos de mercado muy especializados. Para acelerar los pasos en el proceso de fusiones, los analistas y buena parte del sector financiero coinciden en la idoneidad de crear un banco malo como mejor fórmula para liberar a la banca del pesado lastre del ladrillo, aislar todos o parte de los activos que intoxican los balances y reactivar de una vez el crédito, sin lo que la economía seguirá anémica. Será una buena idea si se hace con las necesarias cautelas y asegurando el retorno debido a los intereses públicos.

La carrera es contra reloj, porque el crédito es la sangre del sistema financiero sin la cual no funciona la economía. El vuelco por el que el Estado se ha convertido en insospechado ganador de la guerra de los superdepósitos, obligado a ofrecer altas rentabilidades para colocar la deuda soberana, ha añadido grados de dificultad a la financiación del sector. Las entidades se están viendo obligadas a contraatacar, lo que añade nuevos problemas al negocio. Todo indica que los movimientos comenzarán en el momento en que se encaje la primera gran pieza. Del nuevo orden debe salir un mapa financiero fuerte y estable, pero sobre todo que sea capaz de inyectar energía a la alicaída economía en forma de crédito que la impulse. Solo de esta forma se podrá volver a crear empleo.