La compañía pierde casi 3.000 usuarios de móvil al día

Telefónica: cuando los números rojos son lo menos importante

Los planes de choque todavía no han hecho efecto y la austeridad está pasando factura a las cuentas. Al igual que la crisis europea, la pregunta es si la tormenta en Telefónica ha tocado fondo.

Varios peatones caminan ante una tienda de Telefónica en España
Varios peatones caminan ante una tienda de Telefónica en España

Que una compañía como Telefónica tenga pérdidas resulta llamativo. No suele sucederle. De hecho, son las primeras desde aquel fatídico año de 2002 en que tuvo números rojos en el segundo trimestre, en el cuarto y en el acumulado del año.

Esta vez la sangre no llegará al río y, salvo imprevistos de calado, Telefónica cerrará el año con números negros. Además, el motivo de la llegada del déficit está perfectamente identificado (la provisión por el coste del ERE) y no supone una salida de caja inmediata, sino que se dilatará a lo largo de los años.

Pero eso no quiere decir que los resultados presentados este viernes por la operadora no generen motivos de preocupación entre los analistas. Al final, las pérdidas se convierten en lo de menos. Lo de más son las causas internas que han impedido compensarlas y que han provocado que, en términos comparables, Telefónica esté casi igual de estancada que la economía española.

Los motivos de esta preocupación no son desconocidos. En estos momentos, Telefónica es la única operadora española que no ha conseguido adaptarse al efecto de la crisis en territorio nacional y sigue sufriendo las consecuencias de servidumbres del pasado. La necesidad de apuntalar las cuentas de esta filial y de mantener su condición de máquina de hacer caja retrasó una y otra vez la rebaja de tarifas, y los movimientos en este sentido de junio (en telefonía móvil) y de septiembre (en banda ancha) parecen haber llegado tarde. La última andanada lanzada en móvil hace poco más de una semana es más radical que la anterior, pero ahora queda convencer a unos clientes escaldados de que esta vez puede ser la buena.

Mientras tanto, Jazztel lleva dos años a pleno rendimiento, Yoigo y los virtuales brillan con luz propia, Orange ha salido del bache y ha convertido el negocio español en el motor del grupo, y Vodafone sangra por los resultados financieros, pero ha dado la vuelta a sus cifras operativas y ha abierto una ventana a un futuro mejor. Y ahí está la marca de Telefónica, Movistar, con un goteo de pérdida de clientes a razón de 2.934 usuarios menos de móvil por cada día del tercer trimestre y 674 bajas en banda ancha cada 24 horas en el mismo periodo.

Pero tampoco estos datos son nuevos. La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones da puntual cuenta de la evolución en el negocio mes a mes, así que, pese a las distintas formas de contabilización, las cifras no suponen una sorpresa para nadie.

La incertidumbre viene cuando se mira al futuro. Al igual que sucede con la crisis europea y el estado de la maltrecha economía española, la pregunta es si se ha tocado fondo. Telefónica detecta un punto de inflexión en septiembre, cuando se ha ralentizado el ritmo de pérdida de usuarios de ADSL gracias al recorte de precios, según señala en su informe de resultados. Del móvil no hay noticias a la vista, así que habrá que esperar al resultado del cuatro trimestre para saber si el cambio de tarifas de la semana pasada ha funcionado.

Pero el cóctel todavía no está completo. Los resultados del grupo tienen más ingredientes y los hay de distintas zonas del mundo. Latinoamérica, por ejemplo, sigue dependiendo de Brasil, porque los ingresos en México y la pérdida de clientes en Venezuela demuestran que no hay región perfecta ni crecimiento indefinido. Y en Europa, la fuerte competencia ha pasado factura a Reino Unido, también Irlanda ha pinchado y Alemania se mantiene a duras penas, según lo visto en los ingresos del tercer trimestre. En este caso, sin embargo, sí hay una estrella en el cielo: los esfuerzos por aumentar la rentabilidad del negocio europeo van dejando su poso. La filial está a años luz de igualar las cifras españolas, pero va mejorando poco a poco.

Y de este cóctel, llega la resaca, en forma de cuenta de resultados del grupo. Eliminando todos los efectos extraordinarios o no comparables, el crecimiento orgánico entre enero y septiembre se queda en el 0,3%, el Ebitda cae un 4,6%, el margen de rentabilidad se resiente, el flujo de caja operativo se reduce, las inversiones se recortan y la ratio de deuda sobre Ebitda y compromisos sigue por encima de las 2,5 veces prometidas por la operadora. Lo dicho: al final, las pérdidas son lo de menos.