Robert Sebbag. Vicepresidente mundial de acceso a los medicamentos de Sanofi

"La industria farmacéutica debe cambiar su modelo y adaptarlo al sur"

Este médico cree que los laboratorios deberán estar más presentes en los países en desarrollo con una nueva estrategia empresarial de precios más baratos, porque de ahí provendrá su crecimiento futuro

Como médico y miembro de la dirección de Cruz Roja, el doctor Robert Sebbag, vicepresidente mundial de acceso a medicamentos de Sanofi, ha viajado por muchos rincones perdidos del mundo estudiando enfermedades olvidadas, como el paludismo o el dengue. Estuvo en España hace unos días para hablar de la estrategia de la multinacional en esos países.

¿Cuáles son las enfermedades olvidadas para los países ricos?

"Las patologías infecciosas no tienen fronteras por la inmigración"

Chagas, enfermedad del sueño, leishmaniasis, parasitosis o paludismo, unas patologías que pueden volver a Europa con los inmigrantes. Gracias al sida hay una toma de conciencia política sobre la realidad del continente africano. Si queremos solucionar los problemas, la industria farmacéutica debe ser un socio obligatorio, incluso con sus errores. El tiempo de la queja se acabó, porque si no vamos a tener un fracaso inaceptable.

¿Cuáles son esos errores de los laboratorios?

Las farmacéuticas no han entendido la realidad del sur. Las compañías saben ahora que el crecimiento va a venir de los países en desarrollo. Pero para trabajar en estas zonas, la industria tiene que cambiar su modelo económico y adaptarlo al sur. El nuevo desafío serán las enfermedades crónicas en los países pobres.

¿A la industria le interesan estas patologías?

Sí, el crecimiento va a venir del sur y, si quieres estar allí, debes tener en cuenta este tipo de enfermedades.

Aunque estas enfermedades no son prioritarias para los laboratorios ni los países estarán dispuestos a pagar un precio alto.

Para estas patologías no se tienen patentes y además establecemos un precio diferenciado, a coste. Por ejemplo, para el paludismo el precio del tratamiento es de menos de un dólar.

Pero las farmacéuticas buscan la rentabilidad…

Hay que cambiar, para fabricar por volumen y mantener el empleo. El 20% de la planta de Marruecos se dedica a paludismo. En todo lo relacionado con la tuberculosis fabricamos en África del Sur. Para la leishmaniasis se produce en Brasil. Todo con el fin de reducir costes y mantener un precio bajo. No hacemos mucho beneficio pero aparecemos para los Gobiernos como un socio en la salud pública, no solo como un vendedor de medicamentos. No podemos reducir a cero el beneficio porque hay que pagar la innovación, pero hay que entender cómo funciona el mercado del sur: bajos márgenes y altos volúmenes.

¿El problema del acceso a los medicamentos de esos países se solucionará solo si cuentan con un sistema de salud?

Es necesaria una Seguridad Social, eso seguro. Pero también instrumentos como los microseguros. En el África más pobre, con pocos dólares se pueden cubrir el 90% de las patologías. Ese seguro puede costar 20 millones de dólares por año por cada millón de personas. ¿Cuánto hemos pagado a los bancos con la crisis económica? Pero para desarrollar estas políticas, hacen falta médicos y más personal. Acepto todas las críticas, pero cada uno tiene que poner su responsabilidad sobre la mesa. ¿Qué prioridad da cada país a la salud? ¿Qué se necesita en cada país? Hay dinero para guerras y mercenarios durante años, pero no para la salud. No es políticamente correcto hablar así, pero hay responsabilidad también de los países. ¿Por qué no tiene problemas de salud Costa Rica? Porque no tiene Ejército.

Los recortes en los países ricos, ¿cómo afectan a Sanofi?

El problema viene por la innovación en nuevas moléculas, sobre cómo mantener la rentabilidad de la empresa con los productos existentes. El Gobierno español, el francés o el alemán no van a matar a la industria farmacéutica, que es muy innovadora. Se debe ver la I+D que hay detrás y el empleo cualificado. No pueden matar una industria tan fuerte. No hay dinero, pero la salud es muy importante. Hay que ver las prioridades.

"No veo pronto una vacuna contra el sida"

Sebbag, nacido hace 60 años en Argelia, estudió Medicina en Francia. Como estudiante ya recorrió América Latina, conociendo las enfermedades olvidadas, y cuando terminó su carrera, el Gobierno francés le envió a Vietnam al poco de acabar la guerra en ese país. "Fui de los primeros médicos en llegar después del conflicto".

Pronto surgió en él una conciencia más social de la medicina. Pertenece al bureau internacional de Cruz Roja y fue uno de los fundadores de la ONG Acción contra el Hambre. También participó en los años ochenta, desde su departamento en un hospital parisino, en las investigaciones para detectar el sida. De hecho, cree que esta enfermedad infecciosa ha cambiado la forma de enfrentarse a la salud pública. "Los políticos tomaron conciencia", asegura.

Sobre una vacuna para el sida es pesimista. "No podemos ser optimistas porque hay gente que espera. No pienso que vayamos a tener una vacuna sobre el sida en siete u ocho años, siendo muy optimista". Lo dice todo un responsable de Sanofi-Aventis, la multinacional con un potente negocio en vacunas. Cree además que será más factible una vacuna terapéutica (después de infectarse, para reducir el uso de fármacos) que una preventiva. Igual que en el caso del cáncer.

Esta compañía franco-alemana ya probó en Tailandia una vacuna contra el sida, pero el resultado solo ofreció un 32% de efectividad. Ahora trabajan en el laboratorio por mejorarla. "Hemos empezado a entender un poco el proceso", reconoce. Y advierte de la importancia de los programas de salud pública respecto a las enfermedades olvidadas también en Europa: "Este tipo de patologías no tienen fronteras, por la inmigración y por el cambio climático".